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Entrevista de Torres-Remírez | @jostorresremrez
El terror es un género que los cineastas españoles se les da muy bien. Tenemos muy buenos ejemplos sobre ellos, pero cada año se generan más películas de terror que pasan a la historia. Algunas tienen más acierto que otras, pero todas cumplen con su objetivo: dar miedo.
Este verano Manuel Sanabria estrena “La Coleccionista” y Nuevatribuna.es ha pasado a interrogarle sobre la cinta (sin spoilers):
Torres-Remírez | ¿Qué te atrajo inicialmente del concepto central del filme: la idea de una mujer que regala objetos aparentemente inocentes con consecuencias sobrenaturales?
No es solo una película entretenida que se disfruta durante hora y media, que no es poco, además es también una bonita historia que hace que uno se plantee cosas de su propio pasado
Manuel Sanabria | Lo que más me atrajo no es tanto una mujer que regala objetos, sino unos objetos que te llevan a enfrentarte con tus deudas del pasado. Todos hemos cometido errores, y muchos de esos errores nos persiguen durante toda la vida. Tratamos de olvidarlos, u ocultarlos, pero algunos de ellos siguen ahí, y esta película habla, muy en el subtexto, de todo ello.
¿Podrías explicar cómo surgió tu inspiración para el personaje de Fátima y el entorno del pueblo ficticio Reino del Duero?
Quería que la película, de algún modo, fuese un compendio de varios elementos del cine de terror: la bruja, los espíritus, los crucifijos, los gritos en mitad de la noche… y por ello elegí una mujer misteriosa, “una bruja del s.XXI”, para centralizar y detonar todos esos mundos. Y luego la película juega constantemente con el límite entre lo real y lo fantástico, lo vivido y lo soñado, y ese concepto me gustó trasladarlo también a lo geográfico, ambientando la película en un pueblo en mitad de la nada, situado en la frontera entre dos territorios.
¿Cuál fue el mayor reto al equilibrar el terror psicológico con los elementos sobrenaturales dentro de la atmósfera de la película?
Seguramente el mezclar dos historias con dos tonos algo distintos, sin que el resultado resultase un “Frankenstein” extraño. Por un lado, está la historia de la familia que llega con su hija al pueblo, que es un terror más clásico y psicológico, y por otro está la historia del nómada solitario, que bebe del terror más “juguetón”, más ochentero, y con algo más de humor negro.
¿Cómo describirías la atmósfera visual de la cinta y el papel de Carlos Pérez Gascó como director de fotografía?
Buscamos durante semanas ese pueblo pequeño pero bonito, en “mitad de la nada”. Un pueblo en el que parece que no ha pasado el tiempo
El papel de Gascó es fundamental. Nos marcamos como objetivo una película oscura, no solo porque más del 60% del metraje transcurre de noche, sino porque además transcurre en mitad de la montaña, o en una casa en la que las luces no funcionan. Pero además queríamos una fotografía muy influenciada por el cine de terror americano, y que captase y transmitiese esa atmosfera dura, agreste y fría que tiene el pueblo en el que viven nuestros protagonistas.
¿Qué elementos añadiste para “entretener, emocionar, sobrecoger y sobre todo provocar miedo” como señalaste en una entrevista?
Pues sobre todo buscar una mezcla de una historia entretenida, cuyo ritmo va increscendo, presentando sus cartas poco a poco, pero sin dar un respiro al espectador. Y para mí era fundamental que todo avanzase hacia un final en el que, no sólo todo cobrase sentido, sino que además, mediante un giro final, se lograse emocionar al espectador. Soy un gran amante del terror, pero sobre todo me gustan aquellas en las que el cierre de la historia son la guinda perfecta a todo el miedo que has pasado, como “El sexto sentido”, o “El orfanato”.
Mencionaste que la película “no es Pesadilla en Elm Street, ni Expediente Warren, ni El sexto sentido, ni Tesis, pero tiene un poquito de todas ellas”. ¿Cómo lograste equilibrar estas influencias en tu propuesta propia?
Cogiendo influencias de todas ellas… pero sin pasarme, porque si no hubiese sido una mezcla demasiado extraña. Y posiblemente esa mezcla de películas de terror tan dispares no es algo que se vea directamente en la pantalla, sino más bien es una mezcla que a lo largo de las décadas ha ido moldeando mi imaginario como guionista y director.
¿Qué desafíos suponía tratar objetos mundanos como desencadenantes de sucesos paranormales en la narrativa del terror?
Creo que es algo muy interesante, porque lo que busqué son elementos que todos tenemos en nuestras casas, como un espejo o un diario, y al final lo que nos provoca miedo, a mí al menos, es aquello que nos es cercano. No me da miedo un zombie, porque nunca he visto uno, pero sí me lo da un ruido inesperado en mi casa en mitad de la noche.
El reparto reúne a grandes actores como Maggie Civantos, Daniel Grao, Belén López, Paco Tous y otros. ¿Cómo trabajaste con ellos para potenciar el misterio y la tensión sin revelar demasiado?
Trabajar con actrices y actores de ese nivel hace todo mucho más fácil, y además tuve la suerte de que confiaron en mí desde el principio. Llegaron al proyecto con muchas ganas, ya que el guion les encantó y además muchos de ellos nunca habían hecho terror, lo cual les motivaba aún más. Y tanto ellos como yo teníamos muy claro que más allá de los sustos y de las escenas de terror, lo realmente importante eran los personajes, su complejidad, los problemas que arrastraban… y los que estaban a punto de detonar.
¿Qué te llevó a escoger un pueblo fronterizo y su ambientación como escenario idóneo para el relato? Puede hablar del lugar del rodaje, ya que en Nueva Tribuna apoyamos el “turismo cinéfilo”
Buscamos durante semanas ese pueblo pequeño pero bonito, en “mitad de la nada”. Un pueblo en el que parece que no ha pasado el tiempo, con calles empedradas, sin antenas, con farolas de luz cálida, y tras mucha búsqueda dimos con Apellaniz, en la provincia de Álava. Un pequeño pueblo a media hora de Vitoria, que era perfecto para esta película, y que nos acogió fenomenal.
Finalmente, ¿qué sensaciones quisieras que el público experimente al salir del cine después de ver La coleccionista?
Que haya disfrutado “sufriendo”, que se haya entretenido mucho, y que además una parte de la historia de la película se le quede dando vueltas en su cabeza. Porque “La coleccionista” deja piezas por resolver que cada espectador debe encajar. No es solo una película entretenida que se disfruta durante hora y media, que no es poco, además es también una bonita historia que hace que uno se plantee cosas de su propio pasado, y se pregunte si tal vez no merecemos todos un regalo de “La Coleccionista”.



