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jueves 19/5/22
ENTREVISTA AL ESCRITOR MANUEL RICO

"Cuando me reencontré con mis diarios, vi que ahí respiraba todo un tiempo"

manuel rico diarios completos

DIARIOS COMPLETOS de Manuel Rico

El escritor Manuel Rico acaba de publicar en un solo volumen y en el sello Punto de Vista Editores, todos sus diarios divididos en dos etapas. La primera, que abarca desde 1985 a 1991; y la segunda en la primera década del siglo XXI (2000-2008). Entre medias, hay un paréntesis de 10 años que él mismo califica como de “sequía diarística” pero cuya pluma dedicó a otros menesteres literarios…

Él mismo nos cuenta más cosas en esta entrevista…


Nuevatribuna | Manuel, como tú, ha habido otros escritores que han relatado sus vivencias. Dime, ¿qué le lleva a un escritor a escribir un diario? Y ¿qué fue lo que personalmente te impulso a hacerlo?

Manuel Rico | Por lo general un diario nace como una suerte de revisión de las experiencias vividas cada día, con la intención de salvarlas del olvido. Fijar momentos, lecturas, vivencias cotidianas o no tan cotidianas…. En mi caso y en lo que en este libro se recoge, ha habido dos motivaciones preferentes. En los diarios de los 80, que conforman el primer bloque, la razón fundamental fue ejercitarme en el dominio de la prosa porque había iniciado mi primera novela y hasta aquellos días de marzo de 1985 había escrito, sobre todo, poesía. Recapitulando sobre cuanto me ocurría iba ganando en experiencia y, sobre todo, en técnica. Son los diarios de un escritor que empieza y en unos años decisivos para España: los de la consolidación democrática tras el 23 F y los del nacimiento de un nuevo mundo literario.

Un diario nace como una suerte de revisión de las experiencias vividas cada día, con la intención de salvarlas del olvido

NT | ¿Y el segundo bloque?

M.R. | Si el primero se cierra en 1991, el segundo se abre en el verano de 2000. En medio, un paréntesis en que, metido en trabajos diversos, en un par de novelas y en mi ensayo sobre la poesía de Vázquez Montalbán, apenas tuve tiempo para dar continuidad al diario. Cuando recuperé el hábito, lo hice con la plena conciencia de haber accedido, al menos en parte, al sueño de adolescencia: formar parte del paisaje literario, aunque fuera modestamente. Por eso, los diarios de la primera década del siglo XXI nacieron de otro modo. Empecé a escribirlos para recuperar el hábito olvidado y dar constancia del cambio de siglo y de milenio. En esa década se producen grandes cambios, desde el 11 S hasta el comienzo de la crisis económica en 2008 pasando por el 11-M, la guerra de Irak, el Prestige, etc.. Mi mirada en ese tiempo es la de alguien mucho más consciente de lo que tiene entre manos: es la de un escritor que lee a sus coetáneos, que vive reveses y decepciones, a veces con nombre y apellidos, que está atento a la realidad social y política y que reflexiona sobre su intimidad, sobre su relación con la naturaleza, con los suyos, con el valor de un refugio en el valle del Lozoya…

diarios

NT | Cuentas en el prólogo cómo fue el momento en el que te reencuentras con esos primeros escritos de tu juventud y cómo tomas la decisión de publicarlos, pero tardas 20 años en hacerlo. ¿Por qué ahora? Y, ¿a qué obedece tu decisión personal de hacerlos públicos?

M.R. |  Bueno, la idea de publicarlos viene de 1999, al revisar las notas que ahora conforman el primer bloque del libro, aunque no cobra entidad hasta 2017 ó 2018. Una primera entrega de los correspondientes a los 80, que ahora he corregido y anotado, apareció hace tres años. Ahora se completa con los diarios de principios de siglo. ¿Por qué he tardado 20 años en publicarlos? El primer bloque siempre pensé que era una especie de “taller de aprendizaje”, escrito para consumo interno, para mi propia cocina. Lo que ocurre es que cuando me reencontré con ellos con motivo de una mudanza, vi que ahí respiraba todo un tiempo. El mío y el de quienes habían vivido la Transición. Era el tiempo de la “movida” vivido en escenarios lejanos de la movida… Creí que compartir esa experiencia, fijada en el diario, era bueno para los lectores de ahora, jóvenes y menos jóvenes. En el fondo, conforman una suerte de narrativa autobiográfica, escrita en tiempo real, por la que asoman muchas vivencias colectivas. Por supuesto, vistas con la lente de mi experiencia individual.

NT | ¿Qué sentiste, pasados estos años, al releerlos? ¿Qué fue lo que más te sorprendió en ese ‘redescubrimiento’ de ti mismo y tu entorno?

M.R. |  En lo que se refiere a los ochenta, vi que ahí se dibujaba, hasta el último detalle, la experiencia de un escritor en ciernes que se debate entre el compromiso político y la vocación literaria en un entorno que era el envés de lo que fuera la vida en el tardofranquismo, en lo años setenta. Literatura y drogas en los barrios periféricos, huelgas y terrorismo, asonadas militares que llevaron al 23 F y primeros pasos de las instituciones democráticas, nuevas músicas, nuevas revistas, el crecimiento de mi hija y el nacimiento de su hermano años después. Me sorprendió gratamente encontrarme con la vida en movimiento y recuperar sensaciones y obsesiones que había olvidado, me enfrenté en vivo a las contradicciones que viven en el acto de escribir un poema, en los desalientos ante los parones que se producen al escribir narrativa, los rechazos editoriales y las decepciones… Allí estaban desde mis viajes en autobús para ver la evolución de los barrios hasta mis huidas a la sierra norte…

Me sorprendió gratamente encontrarme con la vida en movimiento y recuperar sensaciones y obsesiones que había olvidado

NT | Presentas estos diarios como testimonio de dos décadas. Una primera etapa con la década de los ’80 y ’90 con un Madrid en ebullición. ¿Qué lugares marcaron los diarios de esa época? Cuéntanos.

M.R. |  Bueno, lo que en ellos asoma ha tenido un lugar como telón de fondo: la ciudad de Madrid. No Malasaña, o los lugares que tanto se han descrito en las “crónicas de la movida”, sino un Madrid de barrios de extrarradio, donde convivían la asociación de vecinos con el cineclub o el partido político legal y de izquierdas. Años de Tierno Galván primero, de Barranco y Leguina después… En los noventa vendría el relevo o “alternancia”. Era un Madrid en mutación. Pero también aparecen mis veranos en Cabo de Palos y La Manga, Sanlúcar de Barrameda, tierra de la infancia de mi mujer, mis viajes a lugares desconocidos de nuestra geografía, los retiros, casi siempre breves, en Gargantilla…

NT | Tras la “sequía” de la que hablas en la década de los ‘90, estrenas siglo y retomas tus diarios. Háblanos de esos años. ¿Qué acontecimientos te marcaron?

M.R. |  Algo he comentado al principio: con el año 2000 y, sobre todo, a partir de 2001, con el atentado a las Torres Gemelas y las sucesivas guerras de Afganistán e Irak, y con el relevo político que había llevado a Aznar a la presidencia del gobierno y, con ello, a la integración de España en “el trío de las Azores”, las relaciones internacionales estuvieron condicionadas por la lucha contra el terrorismo, con Bush hijo como punta de lanza. El 11-M, la movilización del “No a la guerra”, todo eso condicionó la década. También la llegada de los móviles, de Internet y el correo electrónico, el euro, la burbuja inmobiliaria y su estallido tras el hundimiento de Lehmann Brothers… Ese era el telón de fondo. En ese tiempo mis diarios hablan de literatura, de la dificultad de lograr un buen poema, de los vínculos del oficio con la memoria histórica, con la visión crítica, no sé si demasiado dura, de las obras de algunos coetáneos… En fin, el cambio de siglo como un espacio en transformación, en el que entra en declive la llamada “generación del Kronen”, tan pujante en los noventa, y en el que la poesía pasa del dominio de lo figurativo a la diversidad.

*A: JOSE CARLOS CORDOVILLA *F: 18-02-2019*P: MANUEL RICO *L: PAMPLONA *T: PRESENTACION PLATAFORMA NAVARRA DEL LIBRO

NT | ¿Hay algún diario, alguna fecha concreta que guardes con especial cariño o nostalgia?

M.R. |  Las experiencias y momentos más personales, más familiares si quieres. Por ejemplo, las vividas en el campo, en los veranos, cuando mis hijos descubrían el mundo en el valle: las bicicletas, los tirachinas, la pandilla. Algún paseo por el barrio de mi infancia y las evocaciones de tiempo del enamoramiento vinculado a grandes luchas sociales, un poco en la línea del poema “Te quiero” de Benedetti. Y, por supuesto, la experiencia del encuentro con el primer ejemplar de cada libro publicado. Una experiencia siempre nueva e imborrable.

NT | ¿En alguna ocasión estos mismos diarios han sido fuente de inspiración en tu creación literaria de poesía y narrativa? O quizá simplemente como un ejercicio de disciplina, de poner en orden tu tarea diaria como escritor…

M.R. |  Yo creo que en ninguna. Los diarios han crecido y circulado por un camino paralelo al de mis libros de poesía o al de mis novelas o ensayos. Lo que ocurre es que, teniendo en cuenta que mi literatura se fundamenta, en lo esencial, en lo vivido, en la memoria personal y colectiva, y no pocos ambientes, paisajes y vivencias proceden de la realidad, no es difícil encontrar vasos comunicantes, o advertir que asuntos como mis reflexiones sobre lo que ha sido de nosotros, jóvenes de la Transición, en ese tiempo, o sobre cuanto viven los personajes de una novela de cuarentones que fueron rebeldes, al fin acomodados y con hijos adolescentes en los años noventa, como Verano, o las evocaciones de la vida de barrio de Los días de Eisenhower, estén presentes de algún modo, e inevitablemente, en muchos pasajes del libro.

Manuel Rico coordina el blog de crítica literaria Letras21

Manuel Rico. Diarios completos. Punto de Vista Editores. Madrid, 2022 | COMPRA ONLINE

 

"Cuando me reencontré con mis diarios, vi que ahí respiraba todo un tiempo"