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Entrevista de Aleix Sales | @Aleix_Sales
Una de las caras imprescindibles de la cinematografía italiana de la última década nos recibe a propósito del estreno de Baja de paternidad, en la que se ha puesto a las órdenes de su pareja sentimental, Alissa Jung. Logrando separar vida personal y profesional, Luca Marinelli interpreta a un padre ausente que recibe la visita de su hija adolescente, de madre alemana. Todas las barreras comunicativas y sentimentales están servidas en un film del que el actor nos habla a continuación.
Aleix Sales | ¿Cómo ha sido la experiencia de tener a Alissa como directora en esta película?
Luca Marinelli | Ha sido una experiencia maravillosa porque Alissa es una directora fantástica, no hay persona en la que tenga más confianza que ella. Ha sido también difícil porque no había sitio en el que me podía esconder, ya que me conoce muy, muy bien. Le agradeceré mucho este trabajo porque ha hecho una labor extraordinaria como directora y artista.
Normalmente en las películas padre-hija los actores se conocen con anterioridad para construir la relación y crear una cierta complicidad. Pero claro, aquí los personajes no se conocen. ¿Cómo trabajasteis los personajes con Juli (Grabenhenrich), tu hija en la ficción?
Nos conocimos antes y tuvimos un mes para hacer pruebas juntos. Esto ha sido fundamental para conocernos más. Cuando empezó el rodaje, con Juli jugábamos a ser desconocidos. No obstante, era esencial estar juntos, conocernos y mirarnos, porque a veces hay gestos o actitudes físicas naturales que te hacen parecer más familia como, por ejemplo, la forma de caminar.
Yo me preparé sacando las emociones del guión y de mi propia experiencia, haciendo una mezcla, reformulándolo y devolviéndolo a la película
En cuanto a la comunicación, tu personaje tiene una lengua materna (el italiano), y el de Juli tiene otra (el alemán). Los dos os comunicáis en inglés. ¿Cómo fue construir la diferencia idiomática entre los dos?
Durante los ensayos, Alissa nos pidió aprender cada parte de nuestros diálogos en nuestro idioma y, después, hacerla en inglés. El proceso era tener claro lo que querías decir en tu idioma. Alissa lo escribió en inglés, pero ella nos lo sugirió para darle cuerpo y que, a la hora de interpretarlo, llegara y fuera más real.
¿Tú cómo preparaste este personaje tan emocionalmente complicado?
Yo me preparé sacando las emociones del guión y de mi propia experiencia, haciendo una mezcla, reformulándolo y devolviéndolo a la película. Como he dicho antes, los ensayos fueron muy importantes para comprender muchas cosas. Después, estar en la localización también me ayudó porque es un sitio de veraneo, donde hay unas 5.000 personas. En invierno, apenas llegan a 200, hay mucha diferencia. Los locales son personas maravillosas y tienen siempre el espíritu veraniego muy presente, y me ayudó a comprender el carácter de una persona que vive allí todo el año. Allí, en invierno uno puede quedarse muy aislado o escondido.
Hubo también momentos en los que me divertí mucho, porque tuve que aprender a hacer un poquito de surf y skate.
¿Tú no lo practicabas antes?
No, había hecho muy poquito, pero no a nivel experto. Ahora soy principiante (ríe).
¿Tú no te animarías a dirigir una película?
No lo sé, creo que sí. Para dirigir una película tienes que tener un conocimiento muy técnico, y aún tengo que aprender. Un día, a lo mejor, si puedo, ¿por qué no?
Hace ya seis años que se estrenó Martin Eden (Pietro Marcello, 2019), una película que te dio muchas alegrías. ¿Hay un antes y un después de esta película en tu carrera?
No sé si en mi carrera, pero sí en mi vida. Encontrar a Pietro y todo su mundo fue maravilloso, porque es un artista de verdad. He tenido la fortuna de trabajar con mucha gente que, para mí, son maestros, como Pietro. Eso es un regalo.



