sábado. 02.03.2024
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Cartel del festival.

Pablo D. Santonja | @DatoSantonja

Entramos en la ceremonia de apertura del Another Way Film Festival, en la Cineteca del Matadero. El leitmotiv de este año es el cambio, climático, como anuncia la imagen de promoción del festival con una impresionante imagen de una mujer siendo deslumbrada por un sol rojo, mientras su helado se derrite.

Buen arranque para el documental que abre la sesión: Deep Rising. Un documental que narra a dos tiempos las ventajas y desventajas de la minería en el fondo marítimo. Todo gira al "nuevo oro", una forma nueva de extraer minerales del fondo oceánico, ricos en sílice, cobalto, hierro, níquel… ¿Saben por dónde voy? Exacto, baterías.

La premisa gira en torno a la necesidad de buscar una nueva forma de producir energía, de buscar algo que llaman "Green metal" de la misma forma que a las galletas se les llama "digestive", para que el consumidor del mismo se sienta mejor consigo mismo. La realidad es que el proceso de extracción de estos minerales pasa por rastrillar todo el fondo marino por debajo de los 30/40km, llevándose con ello toda vida que pueda haber por el camino.

Nada nuevo, si tenemos en cuenta las cantidades de minas a lo largo de todo el mundo que arrasan grandes superficies de vegetación.

La sinopsis del documental viene a decir que "el destino de la última zona virgen del planeta, las profundidades oceánicas, está en peligro, ya que una organización secreta está a punto de permitir la extracción masiva de metales del fondo marino para hacer frente a la crisis energética mundial". Pero de organización secreta nada. No entiendo el misticismo cuando desde el minuto se ve que esa "organización secreta" que nos venden tiene nombres y apellidos y pertenece a una multinacional que tiene poder y contactos a lo largo de todo el globo, hasta poder llegar a intervenir en reuniones de la ONU.

El documental se debate entre los avances de esta compañía contra las quejas infructuosas de los detractores de esta práctica, que pasan por la cinta mostrándose enérgicamente en contra pero sin hacer mucho contra las grandes corporaciones.

Al final, el mensaje es el mismo: "tenemos que hacer algo contra las grandes corporaciones", recordándome a ese capítulo de Black Mirror, "15 mil millones de méritos", donde al final el instigador que protesta contra las injusticias de la sociedad termina convirtiéndose en una herramienta más del entramado empresarial.

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Ni la apabullante voz de Jason Momoa como narrador del relato me aleja del pensamiento de mucho ruido y pocas nueces. Pues al final, se ve como a lo largo de los años, esta empresa consigue iniciar los procesos mineros en el océano. Impacta el momento en que el CEO dice abiertamente "Si, vamos a matar a muchos seres vivos, pero será beneficioso para un progreso más limpio", prometiendo que cuando saquen lo que necesitan, parará la producción. Ja.

Al final, el documental de Matthieu Rytz se convierte en una sucesión de datos e información que en vez de denunciar una situación, juega en sentido contrario y lanza un mensaje claro: la destrucción del planeta es imparable, y los grandes complejos políticos que deberían proteger al planeta y sus habitantes están comprados por las grandes corporaciones. Mientras que la opinión pública te acusa a ti, mal ciudadano, por no separar el vidrio del cartón. Nada nuevo bajo el sol.

Deep Rising se traduce en una maravillosa consecución de preciosas imágenes sobre el fondo marítimo, que no aporta ninguna solución.

Millones de felicidades a @Anotherwayff por su forma de hacer festivales, con una mirada crítica que genera debate en las salas de cine.

'Deep Rising': bellas imágenes para un futuro incierto