MEMORIA DEL PALADAR

Cucharas de dignidad y libertad

Cuchara de dignidad y libertad palestinas.
La cuchara, de Flandes a Palestina, como símbolo universal de libertad y dignidad.

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Me inquieren con frecuencia por qué llevo siempre una cuchara en la cinta del sombrero y siempre repregunto si tienen cinco minutos para escuchar el dictamen, porque si se trata de un tiempo de tolerancia TikTokero me basta con decir que porque me place y porque me da la realísima gana, y a tomar por culo, madre, que me voy a la guerra.

Sombrero con cuchara.

El utensilio culinario así dispuesto en el chapeo o chambergo aparece con mucha frecuencia en la pintura flamenca, escuela artística que desarrolló su máximo esplendor en los territorios bajo dominio inestable de la Corona española durante los siglos XVI y XVII, y que actualmente incluiría Bélgica, Luxemburgo y parte de los Países Bajos, así como zonas limítrofes de Francia y Alemania. 

La danza campesina, de Pieter Bruegel el Viejo.

Como puede contemplarse, entre otras muchas obras, en las archifamosas La danza campesina y La boda campesina, de Pieter Bruegel el Viejo, que aquí se exponen, el detalle hace referencia e identifica a los hombres que, ajenos a la situación del campesinado que dependía de los señores feudales y laboraban en condiciones de semi esclavitud, podían moverse con relativa libertad entre fronteras ejerciendo oficios como el de pintor o de músico, sin hallarse sujetos ni a la tierra, ni a gremios o corporaciones.

Tales artistas solían ser remunerados en especie, proveyéndoles de los materiales necesarios para su tarea, brindándoles alojamiento, y ofreciéndoles la comida y bebida necesaria para su sustento. Eso sí, mientras que esta última se les allegaba en jarras, a la hora de la manduca debían ser ellos mismos los que aportaran el utensilio para engullirla o zamparla y este no era otro que una simple cuchara de madera o metal, como es el caso en las pinturas de referencia.

La boda campesina, de Pieter Bruegel el Viejo.

Así pues, la cuchara pasó a convertirse en un símbolo de dignidad y libertad que el sujeto en cuestión exhibía con orgullo en la cinta o en el ojal de su sombrero, para gritarles a los demás, en lenguaje no verbal, que él no era un siervo de la gleba sujeto a la tierra y al señor feudal de la misma.

Algo similar ocurriría mucho tiempo después en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, intendencia española creada por el rey Carlos III en 1784, al amparo de un fuero propio de 1767.

Los prestigiosos juristas Pablo de Olavide y Pedro Rodríguez de Campomanes fueron los encargados de redactar para estos asentamientos un novedoso Fuero con el que pretendía crear una nueva organización social desligadas y libres tantas deficiencias heredadas del antiguo régimen que para los ilustrados lastraban la vida de los campos. Con ese propósito, regularon de manera novedosísima la vida económica y social de los nuevos colonos, que en buena medida provenían de las actuales Alemania, Suiza y Flandes, pero también de Galicia, Valencia y Cataluña.

En Sierra Morena se crearon Aldeaquemada, Arquillos, Carboneros, La Carolina, Guarromán, Miranda del Rey, Magaña, Montizón, Navas de Tolosa, El Rumbar y Santa Elena, mientras que en la Baja Andalucía fueron levantándose La Carlota, La Luisiana, Fuente Palmera y San Sebastián de Ballesteros.  En estas Nuevas Poblaciones se instauró un sistema más o menos democrático de elección de alcaldes el día de Nochebuena, quienes, una vez elegidos, estaban obligados a ofrecer un banquete a sus votantes. Aunque todo esto sucedía en el siglo XVIII, como en la antigua Flandes en las centurias precedentes, los comensales debían llevar el utensilio necesario y así el plebiscito se realizaba a cuchara alzada, que, una vez contabilizados los votos, servía para llenar convenientemente la andorga.

Levantar la cuchara en público pasó a ser una nueva forma de afirmación popular de libertad y dignidad

Como quiera que estos estatutos fueron abolidos entre 1810 y 1811 bajo el reinado de José I Bonaparte, levantar la cuchara en público pasó a ser una nueva forma de afirmación popular de libertad y dignidad, que, a su manera, hoy sigue reivindicando la Muy Ilustre y Noble Orden de Caballeros de la Cuchara de Palo, con sede en Guarromán, provincia de Jaén.

Cucharas de dignidad y libertad palestinas.

Por último y mucho más reciente y dramáticamente, la cuchara alzada ha pasado a formar parte de la simbología de libertad y dignidad del pueblo palestino, a partir de la fuga, en septiembre de 2021, de seis presos custodiados en la cárcel de alta seguridad israelí de Gilboa. Según informó en su momento el diario The Jerusalem Post, los milicianos palestinos tenían una cuchara oculta tras un póster y con ella excavaron el túnel que les llevó fuera de prisión.

Empezó entonces a circular el hashtag de “la cuchara milagrosa”, pero en las redes se especulaba con la posibilidad de que todo fuera una leyenda. Las dudas se disiparon cuando el abogado de uno de los posteriormente detenidos declaró a la Agence France-Presse que la fuga había empezado a planearse con la ayuda de cucharas, platos e incluso el asa de una tetera.

Dice nuestro refranero que “Solo la cuchara sabe lo que hay dentro de la olla”. Pues en lo que a mi respecta, o, por darle un toque woke, as far as I'm concerned, lo dicho y repetido: lo que hay dentro de la olla es libertad y dignidad.