Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Con un cuadro de Pieter Brueghel, ‘Proverbios holandeses’, y 22 refranes, el escritor Antonio Monterrubio nos invita a la reflexión en su nuevo ensayo ‘Al revés te lo digo’. Un trabajo de crítica social y cultural, de análisis de la realidad “más allá de la apariencia” que toma como punto de partida el refranero español y le busca las vueltas para reivindicar la necesidad de “poner patas arriba lo que se nos presenta como indiscutible y denunciar su artificialidad”, nos dice el autor.
Al revés te lo digo para que me entiendas; La letra con sangre entra; El que la hace la paga; De aquellos polvos estos lodos… dan título a los capítulos de este libro, cada uno de ellos encabezado por una frase del Elogio de la locura de Erasmo en conexión con ese proverbio.
“El cuadro, los refranes que dan título a los capítulos y las frases de Erasmo que los encabezan se presentan como chispa para reflexionar sobre los temas que apuntan”.
Una chispa que también se sirve del absurdo, la sátira, la ironía, del “antiguo espíritu carnavalesco” para “burlarse de la banalidad cotidiana” como “reivindicación del derecho a la alegría y la felicidad, a la dignidad del ser humano”.
Más vale pájaro en mano que ciento volando; Ir por lana y salir trasquilado; Mucho ruido y pocas nueces; o el refrán Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, que Monterrubio le da la vuelta como un calcetín contemplándolo del derecho y del revés:
‘Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija’ aparenta ser un consejo de sentido común ante las inclemencias del tiempo y las vicisitudes de la vida. Pero constituye una descripción sumamente realista de una sociedad donde el clientelismo, el nepotismo y la corrupción brillan en todo su esplendor”.
Como con este ejemplo, el escritor zamorano va desgranando cada uno de los capítulos del ensayo que esta semana será presentado en la librería Semuret en Zamora.
‘Al revés te lo digo’ es una acerada crítica a la sociedad actual, del consumo y el espectáculo, en la que siguen reproduciéndose ejemplos del Pan y circo de Juvenal (o en la versión más castiza libertad y cañas que preconiza el ayusismo). “Lo que me propongo es mostrar el envés de esa fachada de oropel”, afirma el autor. Y tratándose de refranes, ¿por qué no escoger uno que mejor describa a la humanidad en este siglo XXI? Monterrubio lo tiene claro:
“Un refrán que podría resumir la perplejidad y desorientación de la sociedad actual es ‘Más vale malo conocido que bueno por conocer’. Crea en el sujeto un estado de (des)ánimo que no augura nada bueno. Induce a abrazarse al statu quo como a un clavo ardiendo, por más que lleve al individuo a la infelicidad y a la comunidad a la servidumbre. La idea está también en la base de la intolerancia, el miedo y el odio al otro”.
Es “la lógica de la dominación” sobre la que Monterrubio nos invita a apostatar sin ambages. “La desinformación intencional, la socialización de la ignorancia, la apuesta por el desconocimiento o, peor aún, el pseudoconocimiento, contribuyen al vaciado de las mentes”, comenta. ¿Les suena? Por eso hay que “desaprender el mal”, como ya dijera hace siglos el filósofo Antístenes.
Pero este ensayo no solo nos pone ante el espejo de nuestras propias contradicciones, también pretende arrojar un halo de luz, de catarsis. ¿Hay algún hueco para la rebeldía? En opinión de Monterrubio, lo hay.
“El libro reivindica la esperanza, no como un lujo, sino como una necesidad en tiempos de desesperanza. La esperanza es en sí portadora de sentido, un faro cuya luz no debe extinguirse. Esto exige, como primer paso, la denuncia de las tinieblas. El optimismo cuesta, pero vivir también cuesta: requiere energía y voluntad. Frente a la noche y la niebla, defiendo la actualidad de la utopía, la convicción de que, aun en el caso de que otro mundo no fuera posible, nada nos autoriza a renunciar a él. El espíritu rebelde del titán Prometeo debe seguir vivo en la humanidad”.
Enfoque profundamente humanista en la era del gigante tecnológico donde, en muchas ocasiones, la desinformación campa a sus anchas y “los falsarios triunfan”.
“Vivimos en lo que Berardi llama un entramado neurototalitario. Biopoder, psicopolítica y tecnototalitarismo llevan la tecnología de la dominación a los más altos grados de sofisticación. Pero sigue siendo verdad que "el mal debe más a los tontos y a los perezosos que a los intrínsecamente malos”.
Y de ahí que “la tarea fundamental, para un ciudadano consciente, debería ser desaprender el mal” y practicar “un sano escepticismo”, asegura el autor.
“La conciencia moral no es hereditaria ni congénita, es adquirida. Se construye, es un trabajo, un proceso, un camino que se hace al andar. Y requiere osadía, resistir la fuerza de la corriente y el canto de las sirenas”.
En suma, pensar no es mala cosa y tirar de nuestro refranero como punto de partida de una sana crítica social y cultural puede ser un ejercicio muy interesante. Hacerlo, además, como se invita en este ensayo, fijando la mirada en ese cuadro de proverbios flamencos de Brueghel, resulta revelador.
Sobre el mismo, describe Monterrubio: “Arquitectura y paisaje son testigos de las conductas insensatas de la humanidad. A través de variaciones sobre la necedad, la debilidad, la intemperancia, la bajeza y la locura, se analiza el absurdo constitutivo del mundo”. Y eso hizo el pintor en 1559.
Hagamos un alto en el camino con ‘Al revés te lo digo’. Y ¡ojo! al refranero, porque Quien mal anda mal acaba [Capítulo 19].

