El planeta de los simios: apoteosis de ‘Gorillaz’ en el festival ‘Pulse of Gaia’
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Marta Olivas |
A las 22:15, con puntualidad inglesa –no esperábamos menos– un “Hello” gigantesco se proyectaba en las pantallas del festival Pulse of Gaia acompasado con “M1 A1”, arranque ya mítico de muchos de sus conciertos. Tomaba entonces al escenario para dominarlo durante más de una hora y media esa megabanda –nacida como una no-banda– llamada Gorillaz. El público que llenaba el recinto de la Universidad Autónoma de Madrid, plagado de seguidores veteranos y algunos advenedizos dispuestos a pasarlo en grande, se preparaba para un despliegue sonoro, de auténtico virtuosismo musical capitaneado por uno de esos últimos genios del pop: Damon Albarn. “The Last Living Souls”, sentaba las bases del tono de buena parte de la noche y del espíritu de la banda: envolvente y juguetón… pero también crítico, desencantado e irónico.
Recordaremos la noche del sábado como aquella en la que quizá fuimos “the last living souls” gracias a esos primates que lo dieron todo
Aunque apareció su último single en colaboración con Sparks “The Happy Dictator”, adelanto de su próximo disco, The Mountain –cuyo lanzamiento está previsto para marzo de 2026–, los temas clásicos jalonarían todo el recital. Así, los momentos álgidos de la noche los consiguieron los hits de su repertorio en un setlist que prácticamente obvió Humanz –solo pudimos escuchar “Andromeda”–, The Now Now y Cracker Island, como si prácticamente nada nada hubiese ocurrido desde 2011. Quién sabe si esta selección se entendiese como un regalo a esos fans que habían acudido en masa con la reglamentaria camiseta del Demon Days tras haber dejado al chiquillo con los abuelos. Sonaron como nunca “Tomorrow Comes Today”; “Rhinestone Eyes”, “Dirty Harry” –con un Bootie Brown enorme que levantó al público–, pero la locura se desató con el cool shoe shine de “19-2000”, “Kids with Guns” y, sobre todo –y aquí se nos cae una lagrimilla– con “On Melancholy Hill”, uno de los temas más queridos de los románticos irredentos, seguramente por tratarse de uno de los más íntimos de su trayectoria.
Como no podía ser de otra forma tratándose de un grupo “virtual”, buena parte de la energía del concierto recayó sobre los visuales, que recogían los videoclips diseñados por Jaime Hewlett. Sin embargo, destacó en este sentido por encima de todas “White Light” que generó una atmósfera hipnótica y envolvente al ritmo desenfrenado de su “Alcohol, alcohol, alcohol”. La mayor comunión entre escenario y espectadores, que se mantuvo de principio a fin se alcanzó, claro, con “Feel Good Inc.” gracias a un De La Soul totalmente entregado a hacer honor al título de la canción y con “Clint Eastwood”, que sonó de nuevo en el formato remix de Sweetie Irie. La inesperada aparición de Trueno para interpretar la inédita “The Manifesto” –que también formará parte de The Mountain– fue una de las sorpresas más agradables de la velada, pues nos hace pensar que, más allá de lo que pudiera parecer tras los veinticinco años de vida de estos simios, “The future is coming on, is coming on, is coming on”.
El público madrileño disfrutó de este “único bolo de Gorillaz fuera de las islas británicas” como si fuese el último y Albarn volvió a demostrar por qué es uno de los master and commander de la música actual –literalmente, pues se pasó toda la noche controlando el cotarro con chaqueta de general, megáfono y gafas negras–. Alguien capaz de convocar energías, ritmos, compañeros –maravillosos coros– e instrumentos muy distintos, deslumbrando en cada tema con la despreocupada profesionalidad del que se las sabe todas. Para todos aquellos que aman la banda e incluso para aquellos que quizá la descubrieron ayer fue un concierto memorable y, si bien algunos nos quedamos algo decepcionados por no asistir a ninguna reivindicación pro-Palestina como la que se vio en Londres, recordaremos la noche del sábado como aquella en la que quizá fuimos “the last living souls” gracias a esos primates que lo dieron todo.
Larga vida a Dian Fossey y Larga vida a Gorillaz.