lunes. 15.07.2024
Foto: Víctor Moreno
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Resulta sorprendentemente complicado describir las sensaciones y emociones que despierta la música de un genio como Philip Glass. Este compositor estadounidense, maestro del minimalismo sonoro, propone un viaje sensorial en el que la hipnosis y la fascinación juegan un papel fundamental. Esto se debe en gran parte a las estructuras musicales repetitivas y cíclicas que producen un impacto singular en el espectador y que conectan directamente con Asia, ya que no hay que olvidar que tanto Philip Glass como Arvo Pärt (por citar solo dos maestros del género) han tenido un contacto muy estrecho con el budismo y su espiritualidad. Su música se inspira en este pensamiento, con melodías que evocan los mantras budistas e hinduistas, diseñadas para inducir la meditación, la catarsis y, especialmente, estados de conciencia alterado. Esta mezcla de fascinación y misticismo estuvo muy presente en el concierto que la Philip Glass Ensemble ofreció en una sesión más del Festival Noches del Botánico, una propuesta que, como nos recordaron los organizadores, ejemplifica la pluralidad musical que buscan.

Glassworks es una obra maestra muy representativa de su estilo, con un uso muy especial de las flautas, saxofones y sintetizadores, situándose en la frontera entre la música clásica, el pop y la experimentación más profunda

Foto: Víctor Moreno
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Antes de continuar con esta breve reseña, es importante aclarar que Philip Glass no estuvo presente en el concierto. El veterano compositor de 87 años, autor de bandas sonoras muy famosas como Kundun o Las horas, ya no suele viajar y sus apariciones públicas son contadas. Actualmente, su legado se mantiene vivo gracias a la Philip Glass Ensemble, formación que él mismo fundó en 1968 y que, en palabras del propio autor, “es la más auténtica representación de mi música, un repertorio único que transmitir a las nuevas generaciones”. Esta formación, actualmente dirigida por el teclista y compositor Michael Riesman, demostró en el Botánico un virtuosismo y dedicación excepcionales.

Me gustaría ver la cara de algún despistado que acudiera a Las Noches del Botánico sin conocer a Philip Glass cuando empezó a sonar su famosa obra Glassworks (1981). Esta obra maestra es muy representativa de su estilo, con un uso muy especial de las flautas, saxofones y sintetizadores, situándose en la frontera entre la música clásica, el pop y la experimentación más profunda. Los seis movimientos que componen esta obra producen un fascinamiento especial y son un ejemplo directo del movimiento minimalista, en el que los ritmos cíclicos y el uso de la electrónica y coros juegan un rol fundamental para lograr que el espectador entre en catarsis. Temas como FloeIsland o Rubric son experiencias que es necesario vivir y que resultan imposibles de describir plenamente, algo que se percibía en el recinto con un público muy interesado y sorprendido que apenas usó sus teléfonos móviles.

Foto: Víctor Moreno
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Personalmente, tenía curiosidad por ver cómo el festival se adaptaba a un formato más clásico y absolutamente distinto a propuestas recientes como Queens of the Stone AgeEl Columpio Asesino o Sheryl Crow. Es necesario reconocer que las sensaciones fueron muy buenas, con una acústica y un recinto que conectan muy bien con este tipo de música más espiritual y trascendental. Un 10 en este sentido para la organización.

En definitiva, fue una noche de altura en la que también sonaron otros trabajos del autor como Funeral of AmenhotepThe Photographer: Act III y, como no, algún fragmento de la obra que lo hizo famoso a nivel mundial, Einstein on the BeachTras las últimas notas solo una conclusión es posible: la música es poder.

Hipnosis y fascinación: 'Philip Glass Ensemble' en las Noches del Botánico