jueves. 04.06.2026
CONCIERTOS

AC/DC iluminó el Metropolitano, pero el sonido quedó a oscuras

Quizás sea momento de reflexionar sobre el formato. Un recinto más pequeño, con mejor acústica, podría ofrecer una experiencia más digna de la talla de esta banda.

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Ángel Monedo López

Asistir a un concierto de una banda legendaria como AC/DC es más que una experiencia musical; es un viaje emocional hacia recuerdos de juventud, noches interminables y canciones que marcaron épocas. Y eso se notó el pasado sábado 12 de Julio en el Estadio Metropolitano de Madrid, donde miles de fans, muchos de ellos fieles desde hace décadas, se reunieron para ver a los gigantes del hard rock una vez más.

Canciones que no necesitan presentación y que siguen despertando la misma energía adolescente en quienes las escucharon por primera vez hace 30 o 40 años

El setlist fue una colección de himnos atemporales: Back in BlackThunderstruckHighway to HellHells BellsYou Shook Me All Night Long, entre muchos otros. Canciones que no necesitan presentación y que siguen despertando la misma energía adolescente en quienes las escucharon por primera vez hace 30 o 40 años.

Sin embargo, no todo fue gloria en esta cita con la historia. El precio elevado de las entradas —que representa un esfuerzo considerable para muchas familias y personas— no se correspondió con la calidad técnica del evento. El sonido fue, sin rodeos, decepcionante. La voz del cantante se perdía entre estruendos mal balanceados, y las pistas de guitarra, batería y bajo parecían competir entre sí en lugar de complementarse. La mezcla fue caótica, y más de uno en las gradas comentaba que apenas se distinguían los matices de los temas.

A esto se sumó una cierta sensación de repetición. El setlist, si bien imponente, fue prácticamente el mismo de giras anteriores, sin sorpresas ni renovaciones. Para algunos, eso es precisamente lo que esperaban: la garantía de lo conocido. Pero para otros, faltó ese detalle nuevo que hiciera esta noche realmente única.

El sonido fue, sin rodeos, decepcionante. La voz del cantante se perdía entre estruendos mal balanceados, y las pistas de guitarra, batería y bajo parecían competir entre sí

Y, sin embargo, al salir del estadio, la mayoría de los rostros eran de satisfacción. Porque ver a AC/DC en directo no es solo escuchar música: es reconectar con una parte de uno mismo. Es recordar conciertos en el viejo Vicente Calderón, o en el Palacio de los Deportes. Es vivir, por unas horas, en una cápsula del tiempo donde todo vuelve a ser más simple, más visceral, más auténtico.

Quizás sea momento de reflexionar sobre el formato. Un recinto más pequeño, con mejor acústica, podría ofrecer una experiencia más digna de la talla de esta banda. Porque, aunque el nombre perdura, y lo seguirá haciendo, los detalles técnicos también importan. Y el respeto a su legado debería empezar por ahí: por cuidar cómo se les escucha.

Gracias, AC/DC, por seguir ahí. Pero también, ojalá podamos seguir disfrutando de vuestra música como se merece: con el volumen alto, sí, pero también con la calidad que vuestra leyenda exige.

AC/DC iluminó el Metropolitano, pero el sonido quedó a oscuras