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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Sin duda, Los 4 Fantásticos son una de las sagas más queridas y mejor cuidadas del universo Marvel, por lo que acercarse a ella siempre resulta estimulante y ofrece nuevos puntos de vista. Un buen ejemplo es la etapa del guionista Steve Englehart, que comienza en 1987 tras la salida de John Byrne de la colección.
Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Todo queda en familia, editado por Panini dentro del sello Marvel Héroes, es el primero de los dos tomos que recopilan la etapa de Englehart, una etapa que se extendió hasta comienzos de los años noventa y que propuso cambios llamativos en la dinámica del grupo. El tomo arranca con una alteración drástica de la formación clásica: Mr. Fantástico y la Mujer Invisible deciden abandonar el equipo para dedicarse plenamente al cuidado de su hijo. Este giro abre paso a una nueva alineación liderada por la Cosa, acompañado por la Antorcha Humana, Crystal y Ms. Marvel.
Es tan divertido como estrafalario, y Englehart apuesta decididamente por el humor, el melodrama y las relaciones personales
Mucho se ha debatido sobre la calidad y profundidad de estas aventuras, y lo cierto es que los guiones de Englehart, como mínimo, resultan peculiares. El autor construye una historia que por momentos se asemeja más a un culebrón televisivo que a un cómic de superhéroes. Ben Grimm (la Cosa) duda constantemente de su capacidad para liderar al equipo, mientras los romances imposibles, las tensiones sentimentales y las frustraciones personales se entrecruzan sin descanso. Crystal y Ms. Marvel aportan nuevos matices al grupo, especialmente esta última, que al inicio carga con el trauma de haber sufrido abusos sexuales, pero que posteriormente sufre una transformación que la convierte en una nueva “Cosa”, iniciando una relación compleja con Ben. En general, ninguno de los personajes parece atravesar su momento más equilibrado: todos necesitarían, como mínimo, una larga sesión de psicoanálisis.
Los 4 Fantásticos: Todo queda en familia es tan divertido como estrafalario, y Englehart en ningún momento pretende conferirle una solemnidad excesiva a la franquicia; al contrario, apuesta decididamente por el humor, el melodrama y las relaciones personales. Se trata de una etapa peculiar, saturada de referencias a otros héroes, villanos e historias de la editorial, repleta de subtramas domésticas, rencillas pasadas y problemas familiares cotidianos. Esto, por un lado, hace que la lectura sea ágil y entretenida; pero, por otro, puede desorientar a quienes no estén familiarizados con las historias previas, ya que la acumulación de referencias a veces retuerce innecesariamente la trama.
Englehart también sorprende con los villanos. Además de la presencia constante del emblemático Doctor Muerte —sin duda, responsable de algunos de los mejores momentos del tomo— aparece un antagonista tan extraño como Fasaud, un villano de origen árabe que, tras un accidente televisivo, se transforma en una especie de entidad tecnológica capaz de manifestarse en cualquier lugar. Su concepto es tan peculiar como polémico: el personaje tuvo escaso desarrollo posterior debido al rechazo que generó en la comunidad árabe por su carga evidente de estereotipos raciales.
En definitiva, Los 4 Fantásticos: Todo queda en familia es un complemento ideal para explorar una etapa distinta de la franquicia y descubrir ideas que, aunque no siempre prosperaron en el canon de la serie, aportan una visión única de los personajes. Y, seamos sinceros: este culebrón de amores frustrados, decisiones impulsivas y giros inesperados tiene algo profundamente irresistible.



