CÓMIC

‘I Am a Hero’ y la caída de un Japón enfermo

Aunque todavía no sabemos cómo terminará todo, hay algo claro: la locura no ha hecho más que empezar.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Con más de doce millones de copias vendidas y considerada ya una obra de culto, I Am a Hero redefinió el cómic de género zombi dentro del manga gracias a una propuesta mucho más psicológica y pesimista de lo habitual. Publicada entre 2009 y 2017, la serie del japonés Kengo Hanazawa mezcla horror, crítica social y retrato generacional en una historia profundamente incómoda. Ahora, Norma Editorial recupera la obra en una cuidada edición integral de coleccionista formada por varios tomos, que permite revisitar los primeros pasos de este particular apocalipsis.

Ya analizamos en nuestro artículo anterior que el protagonista, Hideo Suzuki, está muy lejos del héroe tradicional. Es un dibujante frustrado, inseguro y obsesionado con sus propios miedos, que presencia cómo la sociedad japonesa comienza a derrumbarse por culpa de una extraña infección. Se trata de un personaje absurdo, llorón y enfermizo, que funciona como un reflejo deformado de un Japón anestesiado y superficial, donde nada parece importar demasiado y en el que incluso la sexualidad se vive de una forma más virtual que real.

I Am a Hero deja así de ser únicamente una historia de zombis para convertirse en una reflexión sobre la locura, la supervivencia y la identidad humana

Todo ello está muy presente en un manga que ofrece una visión extremadamente cruel de su propia sociedad, retratando comportamientos infantiles y miserables, así como una representación de la mujer claramente hipersexualizada. Es evidente que el verdadero interés de la obra no reside únicamente en el apocalipsis, sino en el retrato de personajes rotos, incapaces de conectar entre sí incluso cuando el mundo se acaba. En cierto modo, el verdadero zombi es ese Japón hostil y frío en el que nadie parece realmente feliz.

El resultado es una historia tan perturbadora como fascinante, que convierte a I Am a Hero en mucho más que un simple manga de zombis. Si en los tomos 1 y 2 conocíamos a los personajes y a los ZQN —una especie de zombis más inteligentes e inquietantes que los clásicos, pero igual de letales—, en los tomos 3 y 4 de la edición integral la historia entra en su fase más oscura y desesperada.

El supuesto refugio seguro donde se esconden Hideo, Hiromi y el resto acaba derrumbándose cuando los ZQN logran infiltrarse y el caos se desata entre los supervivientes. A partir de ahí, el manga abandona casi cualquier sensación de esperanza y muestra cómo los personajes se deshumanizan poco a poco, mientras aparecen nuevas tramas y personajes que llevan la historia hacia un territorio cada vez más extraño e imprevisible.

En el tomo 4 aparece además la figura de Kurusu, un líder casi mesiánico que reúne seguidores en medio del colapso social y que parece estar conectado, de alguna manera, con los propios ZQN. Unos monstruos cuyo origen sigue siendo un misterio, pero que empiezan a mostrar indicios de organización e incluso de una posible conciencia colectiva.

A falta de dos tomos más para cerrar la historia —que Norma Editorial publicará en los próximos meses—, nos encontramos ante una obra que adopta un tono cada vez más psicológico, brutal y nihilista. I Am a Hero deja así de ser únicamente una historia de zombis para convertirse en una reflexión sobre la locura, la supervivencia y la identidad humana. Y aunque todavía no sabemos cómo terminará todo, hay algo claro: la locura no ha hecho más que empezar.