jueves. 04.06.2026
CÓMICS

Meseta: una noche en la España del miedo

Hay viajes que no empiezan en la carretera, sino en el clima que se respira antes de arrancar el motor.
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Pablo D. Santonja | @datosantonja

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Hay viajes que no empiezan en la carretera, sino en el clima que se respira antes de arrancar el motor. En Meseta (Astiberri), Luis Bustos propone un trayecto nocturno desde Barcelona hasta Madrid en una España sometida a un recién instaurado estado de excepción. Estamos ante un descenso progresivo hacia una pesadilla donde el thriller, el horror y el retrato político se funden en un mismo paisaje seco y oscuro.

Viri, Pablo y Ramón apenas se conocen cuando se ven obligados a compartir coche. La situación del país no deja demasiado margen para la comodidad ni la confianza. Lo que comienza como un viaje incómodo deriva en una parada inesperada en Divina Cvstodia, un club apartado en lo más profundo de la meseta castellana. Allí, en mitad de la nada, la historia abandona cualquier atisbo de normalidad y se adentra en un territorio inquietante donde las reglas parecen haberse suspendido junto con las garantías democráticas.

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Luis Bustos (Madrid, 1973) vuelve como autor completo tras trabajos tan sólidos como Versus o Puertadeluz, y aquí se nota la madurez de quien domina tanto la narración como el dibujo. Meseta es un cómic en blanco y negro, pero lejos de sentirse limitado por esa elección, la explota con inteligencia. Los claroscuros son el reflejo de un país dividido y de una noche que parece no tener amanecer. La línea es expresiva, tensa, casi nerviosa en algunos pasajes, acompañando la sensación de amenaza constante.

La premisa conecta inevitablemente con referentes culturales reconocibles. Hay algo del ambiente opresivo de La isla mínima y también ecos de El día de la bestia en esa mezcla de realismo patrio y deriva casi satánica. Pero Meseta no se limita a citar influencias; construye su propio imaginario. La meseta castellana, tantas veces asociada al vacío o a la España profunda, se convierte aquí en un escenario simbólico donde afloran miedos contemporáneos: la polarización, la desconfianza, la fragilidad institucional.

El guión dosifica bien la información. Bustos no explica de más el contexto político, lo sugiere. El estado de excepción es un telón de fondo que condiciona cada gesto, cada conversación. Esa contención juega a favor de la atmósfera, aunque en algunos momentos el lector puede echar en falta un mayor desarrollo de los protagonistas aunque sabemos lo suficiente para acompañarlos.

En lo visual, el cómic brilla con personalidad propia. La composición de página alterna secuencias pausadas con otras más fragmentadas, generando un ritmo que recuerda al montaje cinematográfico. La carretera, los interiores del club, los paisajes abiertos de la meseta están dibujados con una precisión que transmite frío, aislamiento y amenaza.

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Astiberri publica Meseta dentro de su colección Sillón Orejero, en un volumen cuidado que invita a una lectura continua, casi de una sentada. Son 136 páginas que se leen con agilidad. No es un cómic complaciente ni pensado para ofrecer respuestas claras. Su fuerza reside en la incomodidad que genera y en la capacidad de convertir un viaje cotidiano en una alegoría inquietante sobre el presente.

El balance es claramente positivo. Meseta confirma a Luis Bustos como uno de los autores más versátiles del panorama nacional, capaz de moverse entre géneros sin perder identidad. Puede que algunos lectores deseen un cierre más explícito o una mayor concreción política, pero quizá esa ambigüedad sea precisamente parte de su propuesta.

Meseta: una noche en la España del miedo