CÓMIC

‘Carretera Fantasma 3’: el origen del misterio se revela

A la espera de un cuarto volumen, esta tercera entrega ofrece una pieza clave dentro del conjunto: un capítulo de transición que, más que cerrar puertas, ensancha el misterio.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Tras dos primeros tomos tan sugerentes como enigmáticos, Carretera Fantasma cierra su primer gran arco argumental con un tercer volumen recién publicado por Astiberri Ediciones. El dibujante Gabriel Hernández Walta y el guionista Jeff Lemire continúan así una historia de corte apocalíptico que fusiona ecos de Mad Max y The Sandman, y que reúne no pocos elementos para dar el salto a una hipotética adaptación televisiva.

Si en los dos primeros tomos asistíamos a la historia de Dom, un camionero de larga distancia, y Birdie, una joven que sobrevive a un accidente en carretera -dos personajes marcados por pasados traumáticos cuyos destinos quedan unidos al entrar en contacto con un extraño artefacto que los transporta a una dimensión paralela, poblada por monstruos y concebida como un inquietante universo espejo-, en este tercer volumen la narración deja en suspenso esa línea para retroceder a 1997.

Su narrativa fragmentada, su gusto por lo simbólico y su violencia seca contribuyen a construir un universo tan fascinante como perturbador

En ese contexto seguimos a Donald Weaver, padre de Theresa Weaver, quien se ve obligado a viajar a Wisconsin para investigar un caso vinculado al Proyecto Navaja. Junto al poco convencional agente Jimmy Harold, Weaver comienza a desentrañar una red de conexiones que enlaza las enigmáticas líneas ley -corrientes de energía que atraviesan la Tierra-, las áreas de descanso para camioneros de Billy Bear y una serie de espantosos asesinatos cometidos en las carreteras.

El resultado es un extenso flashback que arroja luz sobre algunos de los grandes interrogantes de la serie: el verdadero propósito de esas áreas de servicio, la naturaleza de los crímenes que salpican la historia y, sobre todo, el origen del misterio que articula todo el relato. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, Lemire opta por ampliar el tablero, reforzando la dimensión cósmica y conspirativa de la obra.

Con este volumen, Carretera Fantasma afianza su identidad como un cómic de terror que rinde homenaje al género desde una sensibilidad contemporánea: mezcla de horror cósmico, road movie y drama psicológico. Su narrativa fragmentada, su gusto por lo simbólico y su violencia seca contribuyen a construir un universo tan fascinante como perturbador, que se mueve con comodidad en la ambigüedad.

No es casual que la obra desprenda un marcado aire audiovisual: su estructura episódica, el uso del suspense y la dosificación de la información la acercan a los códigos de las series actuales. En ese sentido, no cuesta imaginarla funcionando en una plataforma de streaming, donde su combinación de misterio, imaginería potente y personajes atormentados podría encontrar un público amplio.

A la espera de un cuarto volumen -previsiblemente en 2027-, esta tercera entrega ofrece una pieza clave dentro del conjunto: un capítulo de transición que, más que cerrar puertas, ensancha el misterio y deja la sensación de que esa carretera infinita aún guarda muchas sorpresas.