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Pablo D. Santonja | @datosantonja
Cadáveres exquisitos, publicado por Norma Editorial, pertenece a la categoría de relatos que disfrutan con lo grotesco. Y el lector con él. La obra juega con un mosaico de violencia, sátira y humor negro donde el asesinato y el espectáculo parecen caminar de la mano. No es un cómic que gustará a todo el mundo, y probablemente tampoco lo pretende.
El concepto de “cadáver exquisito”, tomado del famoso juego surrealista en el que distintos autores construyen una obra colectiva sin conocer del todo lo que han hecho los demás, funciona aquí como metáfora narrativa. La historia avanza como una acumulación de situaciones cada vez más extremas, donde distintos personajes orbitan alrededor de la violencia como si formaran parte de un extraño circo contemporáneo. El resultado es una trama que mezcla horror, crítica social y un tono deliberadamente excesivo.
Forma parte de esa corriente de cómics que utilizan el horror como espejo de nuestra propia fascinación por lo morboso
Lo interesante del cómic es cómo utiliza ese exceso para señalar una realidad bastante reconocible: la fascinación cultural por la violencia convertida en entretenimiento. De todos es sabido que vivimos en una época, por ejemplo, donde los true crime dominan plataformas y los asesinos reales se convierten en figuras mediáticas. Cadáveres Exquisitos parece preguntarse hasta qué punto el público también forma parte del espectáculo. Narrativamente, el cómic apuesta por el impacto constante. Cada capítulo introduce giros o situaciones que buscan sacudir al lector, aunque esa estrategia tiene un doble filo. En algunos momentos funciona con eficacia, generando sorpresa y tensión; en otros, la acumulación de excesos termina restando fuerza al conjunto. Cuando todo es extremo, nada termina de destacar del todo.
En el apartado gráfico, la obra destaca por su personalidad visual. El dibujo se mueve entre lo grotesco y lo caricaturesco, reforzando ese tono entre macabro y satírico que define la historia. Las composiciones son dinámicas, con páginas que no temen experimentar con la disposición de las viñetas para potenciar el impacto de ciertas escenas. El resultado es un cómic visualmente potente, y por qué no decirlo, muy, muy divertido.
Norma Editorial presenta el volumen con la calidad habitual de su catálogo de cómic americano, apostando por una obra que se sitúa en esa frontera entre el terror y la sátira cultural. Forma parte de esa corriente de cómics que utilizan el horror como espejo de nuestra propia fascinación por lo morboso.
El balance final es interesante. Cadáveres exquisitos tiene momentos brillantes y otros más reiterativos, pero mantiene una idea clara de lo que quiere provocar, logrando escenas difíciles de olvidar.



