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Pablo D. Santonja | @datosantonja
El artefacto perverso, la célebre novela gráfica de Felipe Hernández Cava y Federico del Barrio, vuelve hoy a las estanterías en edición de Astiberri Ediciones (2025). Este cómic ambientado en la posguerra española (que obtuvo en 1997 los premios al mejor guion y a la mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona) fue originalmente publicado a mediados de los 90 y reclamado por los lectores durante años. Astiberri recupera ahora este clásico moderno de 64 páginas, recordándonos una página oscura de nuestra historia con una narración intensa y cercana. La edición renovada reaviva la experiencia de un maestro republicano perseguido que sobrevive dibujando cómics mientras España se recupera de la Guerra Civil.
Su relato es compacto y redondo a pesar de las pocas páginas, logrando una coherencia narrativa encomiable y las ambientaciones son creíbles gracias al rigor documental
La trama sigue a Enrique Montero, que intenta rehacer su vida en la España franquista de 1945. En plena reconstrucción nacional, los “atentados en Madrid en 1945” sacuden la ciudad y le traen de vuelta un pasado que creía olvidado. Sus antiguos camaradas le piden ayuda para detener a un combatiente que actúa por su cuenta, pero Enrique se debate entre la resistencia y la renuncia. Como apunta la propia sinopsis, “Enrique no quiere resistir ni sobrevivir traicionando: sobre todo, quiere olvidar”. Este dilema moral, fiel al clima represivo del régimen, es el motor de la historia. El autor homenajea además a los dibujantes de posguerra, esas voces silenciadas de la cultura popular, en una atmósfera deliberadamente opresiva que resucita una página que pareciera ya olvidada en la historia de España.
A nivel estético, El artefacto perverso despliega un estilo en blanco y negro que potencia su carga dramática. El dibujo de Federico del Barrio, captura la frialdad de la época con trazos gruesos y viñetas compactas. Esta paleta de grises refuerza la sensación de claustrofobia moral y pesadumbre histórica. Además, Felipe Hernández Cava introduce un ingenioso juego de meta cómic: el protagonista crea su propio héroe de historieta, Pedro Guzmán, y las aventuras de este héroe ficticio terminan reflejando paralelamente los conflictos reales del maestro.
Esta técnica narrativa permite comparar la fantasía propagandística de la época con la realidad brutal que vivían muchos españoles.
El artefacto perverso tiene un mensaje político muy claro: la memoria histórica frente al olvido. La obra pretende ser un recordatorio dramático de la Guerra Civil y sus secuelas. En ella, Cava y del Barrio subrayan que no se puede enterrar el dolor sin consecuencias.
En tiempos de Ley de Memoria Democrática y debates públicos sobre fosas comunes, el cómic se suma a esa cadena de testimonios. Es una obra de memoria histórica que rescata del olvido sucesos poco conocidos, al mismo tiempo que recuerda fenómenos contemporáneos de nuestro imaginario. Por ejemplo, esos atentados de 1945 que relata se anticipan a heridas más recientes (como el 11-M en Madrid) y muestran que la violencia política no es un concepto ajeno.
También podemos enmarcar El artefacto perverso en una corriente cultural actual: de series de televisión como Cuéntame cómo pasó o películas como Mientras dure la guerra (2019) que revierten la mirada al pasado reciente de España. Al igual que estas obras, el cómic plantea preguntas como ¿hasta qué punto estamos dispuestos a revivir un pasado traumático para entender nuestro presente? En ese sentido, el relato conecta con otras expresiones del género negro histórico y del realismo social español contemporáneo.
Como conclusión, su relato es compacto y redondo a pesar de las pocas páginas, logrando una coherencia narrativa encomiable y las ambientaciones son creíbles gracias al rigor documental. Esta reedición de 2025 permite descubrir o revisitar una obra de la posguerra española. Es un testimonio artístico sobrio, lleno de texturas oscuras y guión que respeta al lector. Al cerrar el cómic surge la pregunta inevitable: ¿cuánto de esa historia enterrada sigue viva en nosotros, y qué parte del pasado decidimos, intencionadamente, olvidar?



