CINE FRANCÉS

No sin ti (de Anne-Sophie Bailly)

Una historia íntima sobre discapacidad, maternidad y autonomía desde el cine francés contemporáneo.

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Laura Ayar |

Película interesante y muy particular, cuyo preestreno presenciamos recientemente con motivo del festival Francia está en pantalla, organizado por el Institut Français de Madrid. Se centra en la relación estrechísima entre una madre (Mona, interpretada por la actriz Laure Calamy) y su hijo treintañero, Joël (Charles Peccia), quien tiene una discapacidad mental y trabaja en un centro para personas como él (ESAT). La relación entre ambos, inseparables (como reza el título en francés, Mon inséparable), se verá puesta a prueba por un giro inesperado que cambiará su vínculo para siempre. En el ESAT, Joël conoce a Océane, con quien se involucra sentimentalmente, y cuando ella descubre que está embarazada, el futuro de Joël —y de su relación con su madre— da un vuelco. Y, con ello, también el devenir de la cinta.

La escena inicial nos sitúa rápidamente: madre e hijo en una piscina, en ese círculo cerrado que conforman. Mona, sobreprotectora, le pide a su hijo que deje pasar a una señora mayor que está nadando. Él responde: “¿Por qué? Si es vieja e inútil”. Viniendo de él, la frase se vuelve aún más irónica, ya que la sociedad muchas veces considera "inútiles" a personas con discapacidad mental como él.

Una película emotiva, porque todos vivimos circunstancias similares en algún momento, especialmente cuando alguien en nuestra familia requiere atención especial. Hay ironías potentes: la madre intenta rehacer su vida personal entre Francia y Bélgica (gracias a un potencial compañero que conoce en una salida nocturna con amigas), mientras su hijo discapacitado comienza a hacerse su propio hueco —como si fuera tan fácil. La vida está llena de dificultades y obstáculos, y tanto jóvenes como adultos tenemos nuestras propias luchas.

Esta oscilación entre personas “normales” que luchan y personas discapacitadas que también deben superar debacles (aunque con apoyo familiar) convierte a la cinta en un tablero variado de posibilidades afectivas y relacionales. Destaca una escena casi mítica, al estilo de La dolce vita, en la que esta “dama coraje” se sumerge en el río ante la mirada atónita de su nueva pareja.

Gran acierto de la directora, que habla desde el corazón. En la presentación y posterior coloquio en los cines, auguró un debate con reacciones diversas por parte del público español ante el tratamiento de un problema desde una perspectiva francesa. Muy recomendable.