CINE | ANIMACIÓN

‘Soy Frankelda’, hito de la animación mexicana

Soy Frankelda es todo un hito en la animación mexicana al convertirse en la primera película realizada en stop motion.

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Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Soy Frankelda es un triunfo para el cine mexicano y latinoamericano porque demuestra que la imaginación “hecha en casa” puede competir contra cualquier estudio de animación en el mundo. En la película se dice que las grandes historias nunca mueren mientras sean leídas, y si bien, la cinta no trascenderá por su trama precisamente, sí lo hará por un apartado artístico que es todo un logro digno de reconocerse.

Nacida a partir de la serie Sustos ocultos de Frankelda, los hermanos Arturo y Roy Ambriz apostaron por expandir su propio universo en la pantalla grande con cientos de marionetas y escenarios hechos a mano.

El detalle de cada objeto, la textura de las telas, la iluminación que respira a través de los materiales, todo transmite una pasión por la animación que resulta contagiosa

La historia sigue a Francisca Imelda, una joven escritora mexicana del siglo XIX quien, víctima del silencio impuesto por una sociedad machista, adopta el seudónimo de “Frankelda”. Al mismo tiempo, Herneval, un amigo (¿imaginario) de su infancia reaparece para mostrarle que el mundo de donde proviene la inspiración de sus historias es real y se encuentra en peligro. Así, Frankelda se encuentra ante la difícil misión de restaurar el equilibrio entre ambas dimensiones enfrentándose a Procustes, el escritor de pesadillas oficial del reino.

La película reflexiona sobre la creatividad artística y el acto de contar historias como una forma de resistencia ante las imposiciones sociales. El filme toma la literatura como metáfora del alma: las historias viven mientras son leídas, mientras las recordemos nunca morirán. Sin embargo, la cinta apuesta todo por la forma más que por el fondo, es decir, el “cómo” termina dominando al “qué”.

Foto de los hermanos Ambriz en el set de grabación

A pesar de su potencia visual, la trama no logra mantener el interés durante todo el relato. Los números musicales, aunque bellos como canciones en sí mismas, rompen el ritmo y desconectan de una historia que no tiene muchas aristas sobre las cuales sostenerse porque las motivaciones de los personajes (salvo Frankelda) no son lo suficientemente significativas como para que nos importe lo que les suceda ni a ellos ni a sus mundos. Además, la resolución final está tan cargada de información que resulta abrumadora.

'Mujer con Sombrilla'
de Claude Monet

En contraste, donde Soy Frankelda brilla es en su artesanía. El detalle de cada objeto, la textura de las telas, la iluminación que respira a través de los materiales, todo transmite una pasión por la animación que resulta contagiosa. Con claras influencias a pintoras y pintores como Remedios Varo, Leonora Carrington o Claude Monet, cada plano parece una ilustración. La cámara se mueve con precisión quirúrgica y los colores dialogan con la temática del recuerdo y la muerte, aunque los entintados del mundo de las pesadillas a algunos puedan incomodar.

La dirección de arte y el diseño de producción logran un universo consistente que oscila entre la ternura y la oscuridad, y en el proceso confirma que Cinema Fantasma es uno de los estudios más interesantes del continente.

En conclusión, aunque su historia no conmueva, su imaginación sí que deja sin palabras. A pesar de las irregularidades, Soy Frankelda es todo un hito en la animación mexicana al convertirse en la primera película realizada en stop motion. Esperemos que sirva como punto de partida para más propuestas autorales que estén por venir a partir de ahora.