jueves. 04.06.2026
CINE

'¡Gloria!': signos de exclamación sobrantes

La actriz y cantante Margherita Vicario debuta detrás de la cámara con este drama ambientado a inicios del siglo XIX sobre un grupo de huérfanas que cantan en un colegio.
gloria-886924962-large

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Aleix Sales | @Aleix_Sales

gloria-216633778-large

Alineada con la tendencia de recuperar las hazañas bigger than life de mujeres enterradas por la historia, en mayor parte por un patriarcado que jamás las acreditó como se debía, la actriz y cantante Margherita Vicario debuta detrás de la cámara con ¡Gloria!, drama ambientado a inicios del siglo XIX sobre un grupo de huérfanas que cantan en un colegio.

La italiana filma con un rutinario academicismo una trama de emancipación y sororidad femenina a través de la música, mediante un guión esquemático plagado de lugares comunes y pocos destellos que hagan exclamar al espectador lo que pregona su título durante su visionado. Buscando ser una feel-good movie que reconforte con sus personajes, la película fracasa a la hora de implicar al espectador al no dotar a sus personajes de complejidad que se escape del arquetipo ni pintarlos con ningún tipo de rasgo especial, haciendo de ella una cinta con un desarrollo insípido porque no hay chispa en su contenido.

Para tratar de darle un toque de unicidad, Vicario se viste de Sofia Coppola mucho más sobria e introduce anacronismos en la ambientación y, concretamente, en el apartado musical, justamente el elemento más llamativo de la propuesta. Porque es en la construcción de las melodías -compuestas por la misma directora junto a su colaborador habitual Davide Pavanello-, muchas de ellas creadas a partir de objetos cotidianos, donde innova y juega a mayor escala con la modernidad, generando una disrupción que saca de la planicie de la propuesta.

No obstante, Vicario no va a fondo en su idea posmoderna y se queda bastante corta, evidenciando las múltiples posibilidades que había y la patente necesidad de soltarse el pelo (o los hábitos) mucho más, quedándose en una insustancial tierra de nadie. Porque, sin duda, habría sido más explosivo rebajar la solemnidad y abrazar los cánones del cine juvenil.

Es decir, filmar una Dando la nota (Jason Moore, 2012) decimonónica, con la que efectuar un salto al vacío todavía más grande e intentar llegar a un calado mayor. Vicario, por lo menos, demuestra unos mínimos solventes como realizadora al capturar un lenguaje clásico y con más de un plano inspirado. Ahora lo único que le falta es ponerlo al servicio de un proyecto más profundo o, en su defecto, apostar por una puesta en escena más atrevida con la que levantar el film del tedio y la indiferencia.

'¡Gloria!': signos de exclamación sobrantes