lunes. 15.04.2024
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Álvaro Gonda Romano |

Obra compasiva con toques contemplativos al estilo japonés. Wim Wenders nos introduce en la cotidianeidad de Hirayama, limpiador de baños públicos que disfruta de las cosas sencillas de la vida. El filme es rutina que contagia en la lentitud de un parsimonioso tiempo diegético; acciones repetidas, y la incursión de algunas simplicidades, matizan los contenidos en una circularidad con añadidos diferentes a cada giro. Takashi, y su intención de conquistar a Aya; la visita de una sobrina enemistada con su madre; un enfermo de cáncer que intenta disfrutar de sus últimos momentos, son solo contrastes aparentes en la vida de Hirayama. “Banales” cotidianeidades introducen sutiles indicios de una sabiduría desechada en tiempos de cambio permanente y consumo masivo.

Una reflexión sobre la “felicidad”, sus necesidades y posibilidades. Metraje cansino con pequeñas alteraciones en rutinas que se ocupan de exhibir paisajes sencillos, recorridos de ciudad o parques, alusión a puentes, las palabras sobran. La belleza, de lo que no es notado, se ofrece a manera de marco en la actividad cotidiana. Hirayama aprende a disfrutar de la completa experiencia vital que incluye el cuidado en la labor diaria, muestra respeto hacia todo lo que constituye el ser y hacer en contexto.

Delicadeza, un ofrecimiento sobrio y austero donde el uso de la palabra solo se remite a lo necesario; nuestro personaje es extensible a límites de permanente comprensión de lo humano.

Demostración de sentido común que no admite abusos. No estará dispuesto a sacrificar su diario vivir trabajando doble turno; la empresa deberá contratar a otra persona que cubra al renunciante en sus quehaceres, Hirayama solo cumplirá su horario habitual. La diaria labor remunerada es parte del disfrute de la vida, pero en su justa medida, deberá ceñirse a una función acotada en el tiempo.

La administración de la palabra es clave de pertinencia con ajuste a lo necesario. El resultado, un individuo equilibrado al que solo vemos triste en momentos donde la existencia se vuelve mensaje que altera la rutina: su hermana le informa de la demencia senil de un padre que ya no reconoce a la familia. Hirayama conducirá su camioneta en medio de un híbrido expresivo que alterna la alegría de la vida con el dolor de la existencia. Idea que sobrevuela la toma de conciencia de una realidad que nos depara riesgo y deterioro, involución que se avecina a un cincuentón en rodaje.

También es la alegría de vivir mezclada al sufrimiento por el prójimo, poesía estampada en gestos conceptuales que moderan cualquier tipo de aparatosidad melodramática; Wenders no cae en la trampa, construye un personaje sobrio, espléndidamente encarnado por Koji Yakusho. Sereno andamiaje construido desde la paz que el Sr. Hirayama trasmite.

La película es más que el personaje central, los contextos hablan por sí solos, dialogan con la simplicidad de situaciones que siempre recuerdan la presencia de la vida dentro de un marco que suele pasar desapercibido

La película es más que el personaje central, los contextos hablan por sí solos, dialogan con la simplicidad de situaciones que siempre recuerdan la presencia de la vida dentro de un marco que suele pasar desapercibido. Wenders nos informa desde controlados fuera de campo. Una hoja de papel sirve a la comunicación virtual dentro de un baño. En ella hay un juego de ta te ti iniciado por alguien y continuado, en su ausencia. La comunicación se instala en la consideración de un otro que agradece la atención de seguir un juego elemental para construir la virtualidad de la ausencia. Está por fuera de los avances tecnológicos, por cierto, poco esbozados en la cinta, algún teléfono celular, y poco más. Demostración de un funcionamiento relacional que se comporta como alternativa desde lo humano, alguien interpreta el deseo de otro en ausencia. Es la humanización por fuera de actos presenciales, la mediación por artefactos operados en el automatismo de la costumbre se vuelve innecesaria. Las personas pueden prescindir del consumismo para vincularse.

El valor del pasado es determinando por la escasez, la añoranza genera demanda. El casete ofrece un valor de canje costoso que, por propiedad transitiva, se intenta derivar hacia una inversión utilitaria. El dinero se transforma en posibilidad de éxito en el amor, Takashi intentará convencer a Hirayama, quien rehúsa transformar en moneda el capital afectivo que observa su música, pero, aun así, triunfa la solidaridad, la contribución será en billetes, la integridad del personaje es mantenida.

La conexión del obrero de los baños es multilateral, tanto se asocia a la naturaleza, como a su compañero de labores, o a Aya. Hirayama está en paz y armonía, con el universo y los seres vivos, independientemente de su generación. Sin mediar palabra, se gana el respeto de todos, importan las acciones, hablan por sí mismas, otro concepto esparcido en composiciones varias.

Puestas en escena que denotan vínculos colmados de empatía, comprensión y solidaridad. No hay rispidez en la existencia, el secreto está en vivir como humano los momentos en su característica más sugerente: “Ahora es ahora, la próxima vez es la próxima vez”, responde un sereno Hirayama a la inquietud de su sobrina por saber cuándo sería esa próxima vez en que irían al mar. Contraste entre la aceleración del mundo presente y el estar en el tiempo en experiencia plena, y sin contaminar de ansiedades la vivencia. Es un rescate a pleno del valor de los sucesos en precisa experimentación con todo el ser. Verdadera conexión: lo existente sumido en sensaciones plenas y sentimientos auténticos. Es la total ausencia de proyección en tiempo presente, solo se experimenta el ahora.

Koji Yanai, ejecutivo de la empresa Fast Retailing, propone a Wenders realizar una serie de cortometrajes acerca de los baños públicos de Tokio. Su intención era una muestra arquitectónica acerca de estos prodigios de la tecnología japonesa, “orgullo” de la sociedad nipona.

De aquí surge el asunto que el cineasta alemán se encargará de desarrollar en la cinta. La idea era exponer la realidad cotidiana de un personaje simple pero feliz, orgulloso de vivir el presente siendo útil a los demás.

El filme competirá el próximo 10 de marzo en la entrega de los premios de la Academia; ha sido nominado al Oscar en la categoría mejor película internacional, sus credenciales son suficientes como para hacerse con la estatuilla; veremos que sucede.

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