jueves. 18.04.2024
simbolo_masonico

@Montagut5 |

En Masonería ha existido tradicionalmente la figura del loweton, lobetón, luveton, lovetón, lobatillo o lustón, que de tantas maneras puede aparecer. Se trataría del hijo de un maestro masón, y como los masones son hermanos entre sí, pasaría a ser como “sobrino” de todos ellos. Existen varias teorías sobre el origen del término, pero, en cierta medida, se asocia a la obra El libro de la selva, tan relacionada con el concepto de iniciación en Masonería, y obra de un masón muy destacado, Rudyard Kipling. Luego estaría la figura del lobato en los Boys Scout, una organización puesta en marcha por otro masón Robert Baden-Powell.

La adquisición de la condición de loweton se adquiría en una ceremonia masónica de recepción, dentro de una logia, y que vendría a ser el primer contacto que un profano, como hijo de masón, tendría con la Masonería. En esta ceremonia se establecería el compromiso de los hermanos del maestro masón con el fin de proteger a su hijo si al padre le ocurriera algo. Estaríamos, por fin, hablando de una especie de bautismo masónico. Los derechos del loweton prescribirían con la llegada a la mayoría de edad, momento en el que podría ser iniciado si así se estimase.

bautizo masonico
Los Dominicales. (Pincha para ampliar)

Pues bien, hemos encontrado una referencia a un “bautismo masónico” en la España decimonónica. La logia Legalidad de la localidad de Linares celebró una ceremonia el 26 de junio de 1885, según informaba en su número del 5 de julio el periódico Las Dominicales del Libre Pensamiento, periódico fundamental no sólo del librepensamiento, sino para la masonería, el feminismo y el republicanismo hasta el siglo XX. En la noticia se aludía a que habían asistido varias “señoras y señoritas”. Debemos recordar que en Masonería existen algunas ceremonias abiertas a personas que no pertenecen a la misma, como tenidas fúnebres, reconocimientos conyugales (bodas), tenidas blancas y ceremonias de “bautismo”, aunque no sabemos completamente si estas “señoras y señoritas” eran o no masonas, pero presumimos que no.

El acto terminó con un banquete, es decir, una suerte de ágape, en la terminología masónica, en medio de la “más pura confraternidad”. En el mismo, como es habitual en este tipo de ágapes se hicieron brindis, y el periódico destacó uno de ellos, que reproducimos con el fin de aportar materiales para mejor conocer lo que ha sido la Masonería en la Historia española:

“Brindo porque cual masones,
trabajando sin cesar,
lleguemos pronto á hermanar
razas, pueblos y naciones:
que unidos cual mi alma anhela
haremos en breve espacio
de cada choza un palacio,
de cada iglesia una escuela;
pues si de un templo sagrado
para orar se necesita
el mundo que en ti hombre habita,
es templo por Dios creado:
y en él con amor sin tasa
y obrando con rectitud,
debe tener la virtud
un altar en cada casa.

Brindo pues en conclusión,
porque de tejas abajo
no exista más religión
para todos, el trabajo,
y rigiendo la moral
por doquiera, mas que asombre,
que no exista para el hombre
más ley que la natural,
ni más Dios que su conciencia...,
y obrando del bien en pos,
sea la ciencia su Dios
porque Dios no es más que ciencia”.

Sobre la adopción de los hijos del masón podemos acudir a distintos diccionarios masónicos y obras de referencia. Aportamos un libro: Andrés Cassard, Manual de la Masonería, ó sea El tejador de los ritos antiguos escocés, francés y de adopción, Nueva York, 1861, segunda edición, y del que se sacó una edición en castellano. Lo que aquí nos interesa se plantearía desde la página 801 y ss. Este libro puede consultarse en la red.

Un "bautizo" en la Masonería española del XIX