Un balance de la 76 Berlinale (2026) y sus galardones
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Acaba ya La Berlinale y quisiera ofrecer mis impresiones personales al respecto. No he visto tantas películas de la sección oficial como me hubiera gustado, dados los problemas de transporte que padece Berlín desde hace algún tiempo. Mi estación de metro más cercana lleva cerrada varios meses y no hay fecha de apertura. Una persona sin hogar quiso combatir las gélidas temperaturas haciendo una hoguera en uno de los túneles y las corrientes de aire avivaron el fuego causando un laborioso incendio. Las líneas de autobús que absorben sus viajeros van saturadas y eso provoca enormes retrasos. Estos problemas con el desplazamiento para salvar distancias muy significativas hizo que no pudiera ver tantas películas como en el Zinemaldia donostiarra.
No he visto por ejemplo la ganadora del Oso de Oro, ‘Cartas amarillas’, cuyas entradas tuve que anular dos veces. Con el resto de los premios estoy bastante de acuerdo. ‘Salvación’ merecía el Premio Especial del Gran Jurado y Sandra Hüller muestra un buen oficio de interpretación principal en la fallida ‘Rose’. Hasta entiendo que premien al director de ‘A todos les encanta Bill Evans’, aun cuando a mí no me fascinó esa película. Merecido me parece también el galardón a la original contribución artística de ‘Yo (El amor es un pájaro rebelde’ y puede que tengan algún sentido los obtenidos por ‘En el mar’. Suscribo el Oso de Cristal a ‘Chicas tristes’ en la sección juvenil y el Premio del jurado ecuménico a ‘Moscas’, así como las menciones especiales a ‘El hombre más solitario de la ciudad’ y a ‘Sunny Dancer’.
Con todo, quisiera constatar mis propias preferencias. Hubo películas realmente originales con un estilo propio muy definido. Es el caso de la mexicana ‘Moscas’, rodada en blanco y negro con un elogiable minimalismo. Te conquista la historia de un músico viudo que busca refugio en un estudio del cual quieren desahuciarle por intereses económicos tras haber vivido allí desde siempre. Deja huella ess hermosa historia que cuenta ‘El hombre más solitario de la ciudad’. También destaca por su original formato ‘Yo (El amor es un pájaro rebelde)’, un entrañable homenaje a la memoria de una gran amistad, que utiliza sofisticados recursos analógicos para recrear el hábitat de la fallecida.
Tiene mucho poderío la película ‘Salvación’, que narra con gran realismo las disputas atávicas entre dos clanes rivales avivadas por el fanatismo religioso y la superstición. Me sorprendió que una película de terror fantástico en clave de humor pudiera gustarme, pero consiguió esta proeza sobre mis prejuicios en materia de géneros cinematográficos la cinta finlandesa ‘Nacido de noche’, que te hace sonreír a lo Fargo. ‘Josephine’ trata con intensidad emocional un tema tan peliagudo como el de confrontar a la infancia con la violencia sin que deje un trauma irremontable y sirva más bien para madurar. Tiene una factura correcta ‘Historias hogareñas’, donde una joven adolescente alemana busca su identidad en un medio de un atribulado entorno familiar y con el trasfondo social que todavía marca la diferencia entre las dos Alemania. Lo mismo cabe decir de ‘Somos todos extraños’, en la que se abordan los problemas de dos generaciones en Singapur, haciendo ver que se puede aplicar el principio de Arlequín, “en todas partes como aquí’, puesto que su trama podría trasladarse a cualquier otra parte del mundo. ‘En voz baja’ trata una cuestión de interés, pero es únicamente correcta, sin más. Eso mismo le ocurre a ‘No hay hombres buenos’, que nos recuerda cómo se dejó Afganistán en manos de los talibanes.
‘En el mar’ bucea en los traumas de la infancia, destacando el expresivo rostro de la protagonista infantil que tanto dice sin diálogos, aunque a mi juicio naufraga en su intento de atar cabos con un montaje fallido. Este problema lo padece también ‘El fraude’, inspirada por un escándalo financiero belga de una pionera empresa tecnológica. En un curioso hecho histórico que podría haber dado mucho más de sí con otra realización, se basa la película ‘Rose’, que se distancia del espectador con su talante notarial. ‘A todo el mundo le gusta Bill Evans’ tiene poca música de jazz y se regodea demasiado en las desgracias personales del compositor biografiado. ‘Dao’ se hace interminable y resulta tediosa, bajo su pretensión de mostrar el retorno a las raíces culturales. No se debería haber seleccionado ‘Wolframio’ por ser una película bastante mala desde cualquier punto de vista, por mucho que reivindique la opresión de los aborígenes australianos. Ni tampoco ‘Mi mujer llora’, que hace flaco favor al séptimo arte con sus aires de ser una oferta experimental.
Entre las proyecciones de gala destacaría ‘El peso’, una película que homenajea el mejor cine de los años 70, contando eficazmente una historia como puro entretenimiento, lo mejor que cabe decir de una cinta cinematográfica. En esa misma línea incide también ‘El único carterista vivo de Nueva York’ protagonizada por un impagable Joh Turturro. ‘Heysel 85’ supone un testimonio impresionante sobre la olvidada tragedia de una final futbolística que tuvo lugar en Bruselas y que nos hace pensar sobre las concentraciones de masas tan ebrias como exaltadas. ‘Buena suerte, pásalo bien y no te mueras’ es una divertida película de ciencia ficción que alerta sobre los peligros planteados por la IA, utilizando a una pandilla de antihéroes que deben salvar a la humanidad.
Logró conmoverme ‘Sunny Dancer’, con su delicada manera de tratar un tema desolador, como el del cáncer en plena eclosión de la vida, planteando al mismo tiempo nuestra forma de ajustar la realidad para rehuir cosas insufribles. En ‘Un hijo propio’ se recrea primero un caso realmente curioso, cuyo relato se matiza después con entrevistas hechas a las personas que se vieron afectadas por la fantasía de su protagonista. Me convenció la sencillez de ‘Hangar rojo’ y la sutileza con que aborda un tema tan escabroso como el del derrocamiento de Allende.
Mientras hago las maletas, pienso ya en la edición del año próximo, que será la número 77. Ayer estuve paseado por las heladas aguas del Schlachtensee aprovechando una soleada puesta de sol.