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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Baiuca es una palabra gallega que remite a lo íntimo, a esas pequeñas tabernas que funcionan como centros de vida social en aldeas y pueblos: espacios donde es posible conocer a la gente local y conectar de manera única con las raíces y el folclore de la zona. Que Baiuca, el proyecto musical liderado por Alejandro Guillán, haya llenado La Riviera durante dos noches consecutivas dentro del Inverfest no contradice ese origen; más bien, lo amplifica. Lo que se vivió en su primera noche en Madrid fue mucho más que un concierto multitudinario: fue una experiencia sensorial e íntima en la que los cantos populares y la tradición fueron los grandes protagonistas.
Podríamos decir que Alejandro Guillán, líder y alma del proyecto, convirtió La Riviera en una reunión de meigas —un aquelarre, si se prefiere— en la que su particular electrónica nos condujo por lo mejor del folclore gallego. El artista pontevedrés salió al escenario acompañado de sus colaboradores habituales: Alejandra y Andrea Montero Ramos a las voces y panderetas, y Xosé Lois Romero a la batería y los ritmos tradicionales. A partir de ahí, el espectáculo fue creciendo en intensidad y riqueza sonora, con la incorporación progresiva de más artistas y una sensación de conexión total entre escenario y público.
Nacido en Catoira, un pequeño municipio de Pontevedra, Alejandro Guillán es un creador con una idea muy clara del tipo de música que quiere hacer. Resulta especialmente estimulante cómo ha rescatado canciones del folclore gallego —y, por extensión, del folclore español— para reimaginarlas mediante ritmos electrónicos y samples sorprendentes. En su propuesta, gaitas, panderetas, tambores y cantos populares no solo se salvan del olvido, sino que son reinterpretados para las nuevas generaciones, adaptándolos a una sensibilidad contemporánea. En este sentido, fue muy significativo escuchar en La Riviera muñeiras cantadas y bailadas por un público tan variopinto como intergeneracional: desde veinteañeros hasta asistentes de cuarenta y cincuenta años.
No deja de ser curioso —y estimulante— que exista una tendencia cada vez más visible a fusionar la música tradicional del norte de España con estilos contemporáneos como la electrónica o la folktrónica. Rodrigo Cuevas es, sin duda, otro de los grandes responsables de esta corriente. Y si miramos al sur, encontramos propuestas igualmente rompedoras en artistas como Niño de Elche, María Peláe o incluso Los Planetas en algunas de sus derivas más recientes.
El concierto arrancó con PAEQB, uno de los grandes temas de 2024, con ese estribillo tan reconocible que dice: “Por amar i querer ben / me quieren quitar la vida”. A partir de ahí sonaron canciones como Xorieri, Morriña, Diamante, Olvídame y, por supuesto, Veleno —esta vez sin la presencia de Rodrigo Cuevas—, con la que se cerró una noche de electrónica elegante y sofisticada. Guillán apenas tomó la palabra, más allá de agradecer al público su presencia y celebrar haber llenado La Riviera durante dos noches consecutivas.
Fue su música la que habló por él. Y, en ese sentido, hay que reconocer que Baiuca propone una experiencia sonora profundamente estimulante. Conviene subrayar, además, que no todo gira exclusivamente en torno a la tradición gallega: en varios momentos, el artista se dejó llevar por sonidos más electrónicos y cercanos al dance, demostrando las enormes posibilidades expresivas de su estilo. Sin duda, una noche grande dentro del Inverfest: noche de queimada, brujas y baile.



