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jueves. 29.09.2022

Este nuevo término nace de la idea de la relación de la psicología con la ecología. Ernst Haeckel, biólogo y filósofo divulgador de la obra de Charles Darwin, denominó el término ecología para referirse a la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su entorno. Siguiendo este significado, Boris Cyrulnik elabora el concepto de la “psicoecología”, con el fin de demostrar cómo el entorno de una persona puede tener un impacto profundo, en la construcción del cerebro, los estados del alma o espíritu, la condición humana y cómo se forman nuestras sociedades. Boris Cyrulnik es un reputado neurólogo y psiquiatra francés de 85 años. Es mundialmente conocido por haber desarrollado el concepto de “resiliencia” y por sus estudios sobre superación de las adversidades. A finales de 2021 en su libro “Psicoecología: el entorno y las estaciones del alma”, Boris nos habla de las consecuencias del estrés materno, de la importancia de una buena educación, de la necesidad de estímulos saludables en los primeros años de vida y del apego seguro. La psicoecología busca poner en evidencia el impacto que tienen todos los acontecimientos de nuestra vida en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo. Esta nueva disciplina defiende que el entorno tiene un papel determinante a la hora de construir y desarrollar el cerebro, así como en nuestra “alma”. 

  1. El primer nicho sensorial: el momento en el que estás en el interior de la madre:
  2. El segundo nicho sensorial: cuando estamos en los brazos de nuestra madre:
  3. El tercer nicho sensorial, el cultural y de entorno: 

Para explicar el concepto de la psicoecología, Boris parte de que existen tres “nichos sensoriales” que afectan al desarrollo de los seres humanos. 

El primer nicho sensorial: el momento en el que estás en el interior de la madre:

Si la madre está segura, el bebé tendrá todo lo que necesita. Por el contrario, si la madre se encuentra en una situación inestable o insegura, generará unas hormonas debido al estrés que pueden traspasar la barrera de la placenta y afectar al bebé.

La psicoecología busca poner en evidencia el impacto que tienen todos los acontecimientos de nuestra vida en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo

Si una madre se encuentra en unas circunstancias difíciles como la guerra, una situación de pobreza extrema o maltrato, el bebé también sufrirá las consecuencias.

El segundo nicho sensorial: cuando estamos en los brazos de nuestra madre:

El segundo nicho hace referencia a los primeros años de vida de un niño. Cuando se tienen conversaciones cerca de un bebé, se forman circuitos cerebrales en su mente que ayudarán a desarrollar el lenguaje en su cerebro. Los niños que crecen con un segundo nicho sensorial rico aprenderán unas 1000 palabras a los 3 años. Además, el aprendizaje les parecerá algo atractivo e incluso lo tomarán como un juego. Cuando un niño no se desarrolla con un segundo nicho sensorial rico, aprenderá unas 200 palabras a los 3 años. Esto hará que tenga dificultades en el aprendizaje y se sentirá lento y frustrado, perjudicando su educación en un futuro. El papel de los padres a la hora de desarrollar este segundo nicho sensorial es fundamental.

El tercer nicho sensorial, el cultural y de entorno: 

El tercer nicho explica la importancia del entorno a la hora de desarrollar nuestra propia identidad. Si queremos desarrollarnos y convertirnos en seres humanos plenamente funcionales necesitamos relacionarnos con otras personas y con el entorno.

El entorno tiene un papel determinante a la hora de construir y desarrollar el cerebro, así como en nuestra “alma”

Nuestras experiencias vitales, tanto positivas como negativas, ayudan a esculpir nuestra identidad. Además, la cultura en la que crecemos tendrá un impacto importante en nuestra forma de ver la vida y de vivir experiencias. Así, cuando el contexto ecológico da lugar a acontecimientos diferentes, no tenemos las mismas cosas que contar. El ethos, la jerarquía de valores morales que caracteriza a una cultura, depende, más de lo que creemos, de la estructura del entorno. En las llanuras tropicales, donde la vida es fácil, el ethos favorece la libido, el placer de los pequeños goces. En las grandes extensiones urbanas, hay que organizar lugares de encuentro si se quiere hablar, jugar, ver una pelea de gallos o intentar una aventura sexual. Mientras que el ethos de las altas cumbres hace hincapié en la valentía física, el rigor de los rituales de reunión, el ingenio de las construcciones, la generosidad de los que comparten sus bienes con los demás y el respeto de los códigos sexuales. La felicidad de los valles no tiene la misma connotación emocional que la felicidad de las cumbres. En la cima, la autoestima se refuerza con el orgullo de haber superado las pruebas del frío y la supervisión de los rebaños. La pendiente natural nos hace deslizarnos más bien hacia la felicidad de los valles donde el agua fluye libremente, donde las noches son suaves y donde los frutos crecen al alcance de la mano. Esta felicidad simplona es agradable como una inmanencia que vive dentro de los seres y las cosas. Basta con beber un poco de agua fresca y comer una guayaba para sentir un momento inmediato de felicidad, mientras que la felicidad de arriba implica una trascendencia que asciende y nos eleva más allá del frío, los precipicios y la proximidad de la muerte. Cuando la felicidad insensata pesa sobre nuestros cuerpos y adormece nuestras almas, anhelamos el acontecimiento que despierta la vida. Somos infelices a menudo y nos perdemos en demasía en los paraísos terrestres. Los que toman el camino de las alturas gustan de someterse a pruebas en las que se enfrentan con la miseria, la desesperación y la muerte; experimentan la felicidad de triunfar sobre la desgracia, refiere este autor.

Por último, compartir esta reflexión de Margaret Oliphant: ¿Cuál es la felicidad que no tiene algo de pena?

La psicoecología o el impacto emocional del entorno