El antifranquismo en Cataluña
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Al poco de terminar la Guerra Civil, en el año 1940 nacía el Front Nacional de Catalunya o FNC, claramente nacionalista catalán y que, en realidad siguió existiendo al terminar la dictadura franquista porque no se disolvió hasta 1990.
El Frente nació en París dos meses antes de la ocupación nazi, y de la mano de un grupo de exiliados, que pertenecían a las organizaciones de Nosaltres Sols! y la Federació Nacional d’Estudiants de Catalunya. En la fundación estarían Joan Cornudella i Barberà, Antoni Andreu i Abelló, Manuel Cruells i Piferrer, Jaume Martínez Vendrell y Enric Labrador i Montagut. Se pensaba que los aliados ayudarían a la resistencia francesa a terminar con el franquismo. El objetivo era aunar a todos los nacionalistas catalanes tanto dentro como fuera de Cataluña. Contó con una rama militar, dirigida por Martínez Vendrell. Algunos de los militantes de esta organización terminarían apoyando a distintos grupos terroristas posteriores como el Exércit Popular Català, el Front d’Alliberament Català y el Front d’Alliberament de Catalunya.
La Generalitat siguió existiendo en el exilio. En sus primeros años su presidente fue Josep Irla i Bosch, que estuvo al frente de la misma hasta 1954
Pero el Frente comenzó a perder fuelle a partir de la derrota nazi y decidió unirse al Consell Nacional de Democràcia Catalana. Este Consejo fue una agrupación de partidos catalanas que se fundó en Barcelona en el año 1945 bajo la presidencia de Josep Pous i Pagès, que había regresado del exilio. Agrupaba a partidos y organizaciones que habían estado en la época republicana (Esquerra Republicana, Estat Català, Unió de Rabassaires, etc.), otras organizaciones más nuevas y hasta grupos de la CNT y la UGT. Reconocía la presidencia de la Generalitat en el exilio, pero tenía su propia estrategia.
Efectivamente, la Generalitat siguió existiendo en el exilio. En sus primeros años su presidente fue Josep Irla i Bosch, que había sido presidente del Parlamento de Cataluña. Estuvo al frente de la misma hasta 1954.
INTENSA DÉCADA DE LOS '60
Nada más comenzar los años sesenta empezó a aparecer una nueva protesta de signo contra el régimen franquista, más acorde con los nuevos tiempos, en paralelo a las protestas vinculadas al sindicalismo y a las inquietudes de los estudiantes. Aquella década terminó siendo intensa en una Barcelona que buscaba un futuro distinto.
El primer caso fue provocado, en realidad, por un miembro destacado de la prensa del régimen. Luis de Galinsoga era el director de “La Vanguardia Española”, el periódico clásico barcelonés que con el nuevo régimen tuvo que cambiar parte de su cabecera. Galinsoga había dirigido el ABC del lado sublevado en Sevilla en la guerra, y el régimen decidió nombrarle director del periódico catalán al terminar la misma, aunque la propiedad del diario había regresado a la familia Godó. Y en junio de 1959 estalló el conocido como “Caso Galinsoga”. Al parecer, al salir de misa en la Iglesia de San Ildefonso de Barcelona el 21 de junio de 1959 protestó porque la homilía se había pronunciado en latín. Se le contestó por parte del clero que en el resto de misas la homilía era en castellano y que, en todo caso, se contaba con el oportuno permiso para emplear el catalán. El periodista exclamó en contestación que “Todos los catalanes son una mierda”. Los jóvenes católicos, Cristians Catalans, entre los que destacaba Jordi Pujol, organizaron una campaña de boicot hacia el periódico. Es más, rompieron ejemplares en la calle, enviaron cartas a los anunciantes y repartieron folletos. Galinsoga intentó poner fin a la polémica con un artículo en el que negaba que hubiera dicho esa frase y se declaraba como “amigo de Cambó”. Pero eso no amainó la polémica. El periódico perdió cerca de veinte mil suscriptores y la tirada se redujo de forma notoria. El conde Godó, ante la grave situación, pidió al Gobierno que Galinsoga fuera destituido. Así ocurrió y se nombró como director a Manuel Aznar.
El 11 de septiembre de 1964 tres mil personas celebraron la Diada, algo terminantemente prohibido
En 1960 tuvo lugar otro suceso, seguramente, mucho más notorio. Estamos hablando de los sucesos del Palau de la Música, en presencia del propio Franco, que había acudido a la ciudad seguramente para apaciguar un poco a la sociedad catalana a cuenta del asunto de Galinsoga. En el auditorio el público se puso a cantar el Cant de la Senyera, el himno catalanista prohibido taxativamente por las autoridades franquistas. Eso llevó a la detención de Jordi Pujol, que estaba en la organización de la protesta.
El 11 de septiembre de 1964 tres mil personas celebraron la Diada, algo terminantemente prohibido. La policía acudió al acto y empleó la violencia para disolver a los manifestantes.
En 1966 ciento treinta sacerdotes marcharon por las calles de la ciudad en la que se denominó la “marcha contra la tortura”. Debemos recordar que en ese mismo año, en febrero, tuvo lugar la campaña “Queremos obispos catalanes” y en el mes de marzo se desarrolló la Capuchinada. Que desfilaran un centenar largo de sacerdotes por Barcelona fue un hecho inaudito.
Todo surgió, precisamente, como consecuencia de la Capuchinada. Uno de los detenidos de aquel encierro, Joaquim Boix, delegado de los estudiantes de la Escuela de Ingenieros y militante comunista, fue golpeado por la policía. Su abogado convenció a la madre de Boix para que denunciara la torturas. Eso motivó a los sacerdotes, todos con sus respectivas sotanas, para marchar desde la entrada de la Catedral hasta la Jefatura de Policía en Vía Layetana. Querían entregar una carta de protesta y en defensa de los derechos humanos. Pero la policía reprimió de forma contundente aquella manifestación con violencia física y verbal. Algunos de aquellos sacerdotes serían llevados ante el Tribunal de Orden Público, el TOP, con la acusación de haber organizado la protesta. Fueron Antoni Totosaus, Jordi Llimona, Ricarda Pedrals y Josep Dalmau. La Iglesia catalana, en su mayoría, se estaba alejando de los principios del nacionalcatolicismo, además de apostar por la defensa de la personalidad propia de Cataluña.
La Iglesia catalana, en su mayoría, se estaba alejando de los principios del nacionalcatolicismo, además de apostar por la defensa de la personalidad propia de Cataluña
En el año 1969 se fundaba el Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans, que aunaba el marxismo con el independentismo. Surgió como una escisión del FNC por parte de los sectores más izquierdistas, que criticaban al Frente por considerarlo una organización que vivía en el pasado. Josep Ferrer preparó un documento que definía a la formación como nacionalista y socialista. Había que expulsar a las denominadas “fuerzas de ocupación”, procurar la unidad de los Països Catalans, la creación del Estado socialista catalán y la constitución de una sociedad socialista catalana en el seno de la sociedad socialista internacional. Los medios a emplear eran el trabajo de concienciación sobre la doble opresión que padecería Cataluña, la nacional y la social, organizar a la clase obrera y defender la autonomía organizativa de la lucha. Además, los integrantes del partido defendieron un programa mínimo para pactar con otros grupos, basado en la libertad sindical, el derecho de huelga, la restitución del Estatut, y establecimiento de autonomías en Valencia y las Islas Baleares.
Se dedicaron a colocar esteladas, realizar pintadas y pegar carteles. Estas acciones hicieron que fueran detenidos.
En enero de 1971 convocó una manifestación en Barcelona en solidaridad por los juzgados en el Proceso de Burgos. Fueron doscientas personas. También apoyó a la Asamblea de Cataluña con el fin de que el partido no se quedase aislado. Pero muy pronto entró en crisis, chocando, además, con el PSUC y Bandera Roja, acusando a ambos de ser españolistas.
Como consecuencia de la represión de la Capuchinada, se creó la Taula Rodona, una organización que agrupó a la oposición antifranquista. Después llegaría la Comisión Coordinadora de Fuerzas Políticas de Cataluña (Coord en diciembre de 1969, agrupando a la Esquerra, el Front Nacional de Catalunya, el Moviment Socialista de Catalunya, que luego sería la Convergència socialista de Catalunya (estas organizaciones socialistas serían el germen del futuro PSC), la Unió Democràtica de Catalunya, y el PSUC. Posteriormente, en 1974 se incorporaron los carlistas y el Partit Popular de Catalunya.
Como consecuencia de la represión de la Capuchinada, se creó la Taula Rodona, una organización que agrupó a la oposición antifranquista
La Comisión Coordinadora dio a conocer una Declaración política donde se reivindicaban las libertades, la amnistía, el derecho de huelga, la adopción de políticas en favor de los trabajadores, el restablecimiento del Estatut y la convocatoria de elecciones para unas Cortes Constituyentes. La Comisión se disolvió en 1975. Los partidos entraron a formar parte del Consejo de Fuerzas Políticas de Cataluña.
Pero la gran organización antifranquista catalana fue la Asamblea de Cataluña, o Assemblea de Catalunya, que nació en noviembre de 1971 en la parroquia de San Agustín. Su propósito era exigir el restablecimiento de las libertades y de la democracia, la amnistía para todos los presos políticos y la consecución del estatuto de autonomía. Su lema fue:
“Llibertat, Amnistia, Estatut d’Autonomia”
Agrupó a los partidos políticos antifranquistas que hemos visto, pero también a otras fuerzas, las sindicales, grupos profesionales, asociaciones estudiantiles, el movimiento vecinal, grupos cristianos, asambleas comarcales, etc. Esa fue la clave de su éxito, porque tuvo un enorme eco en la sociedad barcelonesa y catalana, en general, a pesar de la dictadura.
Un momento difícil para la Asamblea, pero, en realidad, determinante en su gran éxito social, fue la conocida como la Caiguda dels 113, es decir, la Caída de los 113. El 28 de octubre de 1973 la policía detuvo en la parroquia de Santa María Mitjancera de Barcelona a 113 personas, representantes de los partidos, sindicatos y otras organizaciones de todo tipo. Inmediatamente se inició en Cataluña una gran movilización de apoyo a los detenidos, que alcanzó resonancia internacional. Ahí estaba, como hemos indicado, la razón del éxito que tuvo esta gran organización antifranquista. Su labor nada más morir el dictador fue clave para la Cataluña de la Transición.
Uno de los hechos más duros del tardofranquismo en Barcelona fue la ejecución de Salvador Puig Antich, anarquista y antifranquista barcelonés
Uno de los hechos más duros del tardofranquismo en Barcelona fue la ejecución de Salvador Puig Antich, anarquista y antifranquista barcelonés y miembro del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL). Fue detenido el 25 de septiembre de 1973 y condenado a muerte por un consejo de guerra acusado del homicidio del subinspector de policía Francisco Anguas Barragán en Barcelona. Fue ejecutado por el procedimiento del garrote vil el 2 de marzo de 1974. Ese mismo día fue ejecutado en Tarragona Heinz Chez. Fueron las dos últimas personas ejecutadas de esa manera en España.
Su juicio y su ejecución levantaron una fuerte polémica en Europa, convirtiendo a Salvador Puig Antich en un símbolo del antifranquismo. El 16 de octubre de 2024, el Gobierno español le reconoció como víctimas del franquismo, declarando nula la sentencia del consejo de guerra, al considerar que fue “ilegal e ilegítimo”.