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martes. 04.10.2022
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Alejandro Capuano Tomey, hijo, nació en octubre de 1957, en Munro, populoso barrio del distrito de Vicente López, justo al pasar el límite norte que delimita la capital argentina, Buenos Aires, ciudad autónoma, de la provincia del mismo nombre, que tiene mayores dimensiones que España. Era hijo de Alejandro Capuano Tomey famoso locutor y periodista de la radio de Argentina, que había logrado popularizar, entre otros programas, uno dedicado al Mundo agrario, que se emitía entre 6.00 y 8,00 de la mañana, y media población madrugadora lo escuchaba en Radio Rivadavia, con y no sólo la gente de campo. Alejandro Capuano Tomey, ´´con y griega¨, conocida coletilla a su nombre que había popularizado en su presentación, trabajaba en varias emisoras argentinas, que yo recuerde y su voz se asociaba con ciertos programas de cadenas comerciales importantes, Belgrano, Splendid, Argentina, etc. Pero, siendo él mismo fanático de jazz tenía un programa dedicado a este ritmo, creo que en radio Excelsior, los sábados a mediodía que era cita obligada para quienes nos gustaba esta música. Y para dar una idea de lo popular que era, Alejandro Capuano Tomey, con y griega, se decía que disco que él pasara dos veces en su programa disco que batía records de compra. Este era un programa de jazz, reitero, que no era un ritmo mayoritario de audiencia en la Argentina de los 60/70 como podían ser el tango o el folklore, o hasta el rock por esos años. Hasta el día de hoy se rinde culto con un club de fans a ese programa de jazz en Argentina.

Cuento esto como introducción porque creo que la figura de su padre marcó para siempre a Alejandro Capuano Tomey, hijo, que siguió usando el apellido completo de su padre, durante el resto de su vida. Esto es, lamentablemente hasta hace apenas unos días, que falleció en Madrid, víctima de Covid, cuando sólo faltaban dos meses para que cumpliera 64 años. Y esto para todos los que conocíamos y apreciábamos sabíamos que había sido toda una hazaña, para Alex, el Capu Capuano, para casi todo el mundo que lo conocía, El Negro Alex, para mí.

Conocí a Alejandro Capuano alrededor del año 2000 en Madrid, cuando yo dirigía la Unión de Actores de Madrid, el sindicato de actores más numeroso de España, dentro de la Federación de Artistas del Estado Español, que también dirigía, y abarcaba 12 organizaciones representativas de actores y bailarines en todo el país. Alejandro se acercó a mi desde su estrecha colaboración con UGT en la que daba clases de formación, y una o dos veces por semana lo hacía en un centro vecino a la Unión de Actores, en aquél entonces en la calle Valdeiglesias, con lo cual a menudo subía a mi despacho con dos cafés de la cafetería Starbucks que había debajo, para charlar un rato.

Congeniamos muy pronto, su buen humor, su doble sentido. su broma a flor de labios, y su gusto por la música en general, especialmente el jazz, al que se habían dedicado dos de mis hijos músicos, comenzó a marcar la afinidad entre nosotros. El Negro Alejandro era ahijado de Oscar Alemán ultra famoso guitarrista argentino, especializado en jazz, obviamente amigo de su padre. Pero, se agregó la coincidencia de que habíamos estudiado el bachillerato en la misma escuela secundaria el Colegio Nacional de Vicente López, aunque claro está con 17 años de diferencia, la brecha de edad entre nosotros que en este caso no separaba, si no allanaba el camino. Todo parecía conducente a encarrilar a una amistad entre nosotros, sin que pudiera siquiera imaginar entonces el nivel de intimidad de la misma que alcanzaría cuando Alejandro, años después empezara a compartir su vida, con mi amiga Lila Parrondo, que a pesar de su juventud ya era viuda, con una hija, dado que mi mejor amigo en España, Armando Piratte, su marido, había fallecido de un infarto masivo en Madrid, en 1998.

Entretanto, comencé a conocer por vía del propio Alejandro, que había ejercido el periodismo desde joven en Buenos Aires, siguiendo los pasos de su padre, habiendo trabajado como fotógrafo para revistas como El Gráfico y Gente, de Editorial Atlántida, para la cuál yo había sido corresponsal en Londres y en mis primeros años de Madrid. Otra coincidencia con la misma diferencia de años en nuestras vidas. También supe que había militado en la izquierda peronista y que, si bien en los 80 apuntaba hacia la vuelta a la democracia en la Argentina, su salida hacia Europa, había sido una decisión a conciencia para evitar mayores riesgos.

Su primer destino fue Londres, cuando el Reino Unido formaba parte de la UE, pero durante pocos meses, para recalar en España, donde iba a realizar una actividad múltiple, En lo económico ayudó el hecho de que trabajó como reportero fotógrafo para la cotizada publicación francesa, París Match. Pero, también intentó retomar estudios universitarios en la Complutense, donde pronto su lado musical heredado de su padre hizo que se integrara en La Tuna de Los Telecos. Es tanta la actividad que desplegó dentro y fuera de España ya que las relaciones internacionales de UGT lo llevaron con proyectos conjuntos a otros países, como Rumania, que resulta misión imposible resumirla en estas páginas electrónicas. Pero, baste decir que siempre tenía una reunión a la que asistir, una movida solidaria a la que encausar su dedicación. Una imagen para mi recurrente es la de Alejandro montándose en su moto para acudir a otro lugar, a realizar otra actividad, o descolgándose el casco no más al llegar a un lugar, y encender el infaltable cigarrillo. Que yo sepa no conducía coche. 

También este período de fines del siglo pasado, mantuvo su vida personal bastante privada, casándose con una ciudadana española y tuvo un hijo, que continúa con la saga de los Alejandros y que heredó su inclinación musical. El matrimonio no prosperó y terminó en separación. Mientras entraba en el año 2000 y llegaba el nuevo siglo con el gobierno Aznar, que en sus sueños de grandeza post franquista condujo al país a la ignominia del trío de las Azores, y a aliarse en una guerra contra Irak bajo el pretexto de unas armas químicas que no existían. En España surge como respuesta la indignación popular y se expande 2015120412003054404como reguero el No A la Guerra que intenta detener ese disparate, y en esa movilización participamos todos, con los actores brindando sus rostros y sus voces, y obviamente también, los grandes sindicatos, CCOO, UGT, y el PSOE organizaciones en las que como queda dicho, militaba Alejandro Capuano. Es cuando volvemos a unirnos en una campaña que contó con la adhesión de la gente no sólo de la izquierda, sino de otros credos, que veía con claridad la barbaridad en la que nos estaban metiendo. Y en el 2004, en el ámbito de la política nacional se produce un gran cambio cuando la gente se da cuenta de la mentira que nos querían hacer creer desde el gobierno de PP, accediendo al gobierno al ganar las elecciones el PSOE de Rodríguez Zapatero. Con este telón de fondo sin que yo me diera cuenta de nada se iba entretejiendo la relación entre Capuano, y mi gran amiga Lila Parrondo. Ella, por convicción propia, pero desde joven, siguiendo los pasos de su padre socialista de toda la vida, Osvaldo Parrondo, destacado productor de televisión argentino, hijo de asturiano, militaba dentro del PSOE. Obviamente en ese marco se conocieron y compartiendo tareas, Alejandro y Lila, encontraron que tenían más cosas en común.

Quiero aclarar que Lila Parrondo, tenía también una intensa actividad propia profesional y sociopolítica, con una dedicación mayor si cabe, desde que en 1998 había enviudado, como ya he mencionado, con la muerte de mi gran amigo Armando. En lo profesional, como psicóloga se especializó en adopción escribiendo un libro sumamente interesante sobre el tema, que tituló ADOPTANTIS, creando con el mismo nombre su propia empresa de asesoría sobre la adopción tan en boga en esos años, trabajando en un proyecto para la Comunidad de Madrid, y dando conferencias al respecto, no sólo en España, sino también en otros países, como México. Su compromiso social con la memoria y lo desaparecidos en Argentina le llevó a integrarse en movimientos como el Tetaro X la Identidad, y a crear con una amiga compatriota y colega una RED de búsqueda de hijos y nietos de desaparecidos que se supone pueden haber seguido viviendo en la ignorancia en muchos otros países del mundo, especialmente en España. Su labor fue tan reconocida que recuerdo perfectamente que cuando la Unión de Actores que yo presidía hasta 2011 le concedió un Premio Especial de la Mujer a Las Abuelas de Plaza de Mayo, esta organización en Argentina, pidió que Lila Parrondo recibiera en el galardón en su nombre. Desde entonces, que yo sepa Lila ha sido la portavoz en Europa y otros países europeos de Las Abuelas Argentinas que siguen buscando incansablemente a sus nietos desaparecidos.

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Está claro, que con Alejandro y Lila se unen dos personas muy comprometidas, que hace 10 años decidieron compartir sus vidas, y Alejandro pasa a integrar la familia Parrondo, con el patriarca Osvaldo Parrondo, que había ayudado a tantos argentinos y sudamericanos en su brillante carrera en España. Con la nueva pareja compartimos veranos juntos a partir de mi retiro de la actividad sindical en 2012, y disfrutamos fiestas familiares y las tradicionales de fin de año. Cuando entre 2015 y 2016 salta una grave enfermedad en Alejandro, fibrosis pulmonar, que va deteriorando su salud hasta el grado de hacer perentoria la necesidad de trasplante de los dos pulmones para poder seguir viviendo. Tras periodos de gran esperanza y verdadero desasosiego cuando el posible trasplante se frustraba una y otra vez por incompatibilidad, llegamos a julio de 2016 cuando en el Hospital 12 de Octubre encuentran un donante de dos pulmones, compatibles, y de complexión similar a la de Alejandro Capuano, que era grande, que abre la esperanza. Días, semanas, de lucha dantesca, no exagero si digo épica, con un equipo médico ejemplar en el 12 de Octubre, para sobrevivir con los dos pulmones nuevos. Se crea un grupo de wassap´´Vamos Capu´´ para darle ánimo con amigos españoles y familia argentina verdaderamente conmovedor en sus mensajes, y Alejandro Capuano sale adelante tomando un número increíble de pastillas diarias, para ayudar a su sistema inmunológico seriamente afectado.

Pasan así nada menos que 5 años en los que que aparece como constante la imagen de Alejandro con su carrito de oxígeno apoyando las manifestaciones, especialmente la Marea Blanca, por la Sanidad Pública que le regaló un quinquenio de vida. Pero también la Marea verde, y cuantas causas solidarias lo requerían, como movilizaciones por la Memoria Histórica, los desaparecidos en Argentina. Es más, participamos los dos en un foro por zoom Plante un árbol en marzo de este año, en conmemoración de los desaparecidos tras el golpe militar genocida en Argentina, el 24 de marzo de 1986. Porque el año 20 y este 21 Alejandro Capuano siguió su actividad escribiendo su boletín El Socialista, desde el confinamiento en su casa, y participando en cuanta movilización on line podía, porque sí que era un paciente de alto riesgo, y en su propio placer apuntalando su gran amigo Antonio Carmona, dentro del PSOE, que no contaba con los apoyos de la cabeza. Conspirando, como decía, hasta darse el gusto de ser uno de los fundadores del nuevo partido, Partido Socialista Libre Federación. Es más, celebramos el pasado mes de julio, como cada uno de los últimos 5 años, su nuevo cumpleaños gracias al amigo donante desconocido que le cedió los pulmones para seguir viviendo, en el 2016.

Pero, la vida que sigue sorprendiendo, esta vez para mal cuando menos lo esperábamos, hizo que la variante Delta de Covid entrara en la casa por la puerta trasera, contagiando a la suegra, a su compañera, Lila y a él, los tres doblemente vacunados. Las mujeres de la familia Parrondo, que han sobrevivido, una a una, la muerte de todos sus varones, la del viejo patriarca Osvaldo Parrondo, la de Víctor Sandoval, marido de la hermana menor, Claudia, Lila, volvieron a pasar la prueba con su confinamiento tras dar positivo sin síntomas. Pero Alejandro Capuano Tomey no pudo resistir este embate tan letal, tan traicionero, del virus pandémico del que se protegió a rajatabla enclaustrado en su casa durante más de un año, restringiendo hasta las visitas. Y hace ahora una semana, nuestra amiga Lila Parrondo nos comunicó que desde el hospital la llamaban para despedirse de su compañero, porque se había hecho todo lo posible por recuperarlo, infructuosamente, y sólo las máquinas mantenían su coma irreversible. Peleó, hasta último momento, cuando recién ingresado en el hospital hablamos por móvil y me dijo: ´´cuídame ese trozo de paraíso que tienes ahí en Campello, para cuando pase todo esto, que me va a ayuda otra vez en mi recuperación´´. 

Lamentablemente en esa lucha este virus dañino se llevó definitivamente al amigo que ahora despido con esta nota, como mi homenaje personal, sabiendo que esto de la muerte es también parte de la vida. Y sé que su familia más inmediata lo entiende perfectamente.                                                                                                              

Alejandro Capuano Tomey, un luchador nato toda su vida, muere víctima de la Covid19