Adiós a Robe Iniesta: España despierta sin la voz que nos enseñó a gritar con el alma
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Jaime Polo | @lovacaine
El rock español ha perdido una de sus voces más indómitas y poéticas. Roberto Iniesta Vivó, universalmente conocido como Robe Iniesta, líder y alma de Extremoduro, ha fallecido a los 63 años. Su partida, repentina e inesperada, deja un vacío aterrador.
Robe no fue solo un músico; fue un cronista de las grietas del alma humana, un filósofo de la marginalidad que transformaba el dolor, la rabia y la redención en himnos eternos. Fundador de Extremoduro en 1987, en una Extremadura rural y olvidada, Iniesta forjó un sonido transgresor influido por gigantes como AC/DC y Leño, pero impregnado de una crudeza visceral que solo él podía destilar. Su primer disco, Rock transgresivo (1989), no fue grabado en un estudio de lujo, sino financiado a pulmón con papeletas vendidas a amigos por mil pesetas: un acto de pura rebeldía que encapsulaba su ethos callejero. De allí surgieron obras maestras como Deltoya (1992), Agila (1996) o La ley innata (2008), discos que vendieron cientos de miles de copias y llenaron estadios, pero que siempre mantuvieron el pulso de la autenticidad.
En 2017, tras tres décadas de giras legendarias y batallas personales –incluyendo su lucha contra las adicciones, que documentó con honestidad brutal en Lo último de la fila–, Robe disolvió Extremoduro para embarcarse en una carrera en solitario. Álbumes como Mayéutica (2021) o Se nos lleva el aire (2023) revelaron un lado más introspectivo, donde la guitarra cedía espacio a la lírica desnuda. Canciones como El hombre pájaro o Si te vas se convirtieron en refugios para generaciones que encontraron en sus palabras un bálsamo para la soledad y la ira contenida. "No todo hay que entenderlo", solía decir Robe, defendiendo que el arte vibra primero en el pecho, no en la razón. "La vida es un puto chiste, pero hay que reírse".
Hasta siempre, Robe. Hasta siempre, siempre. El rock transgresivo llora, pero también celebra: porque Iniesta no se fue; se nos lleva el aire, pero su fuego perdura
Reconocido en sus últimos años como Hijo Predilecto de Plasencia, con una avenida a su nombre en su ciudad natal y la Medalla de Oro a las Bellas Artes en 2024, Robe también se implicó en causas políticas y sociales, usando su plataforma para denunciar injusticias y abogar por la libertad. Su gira Ni santos ni inocentes, interrumpida meses atrás por un trombo pulmonar, era testigo de un artista en plena forma, "de mala leche" pero imparable. Hasta el final, siguió girando, cantando, viviendo.
Robe Iniesta deja tras de sí un legado imborrable: millones de discos vendidos, innumerables conciertos que unieron a extraños en catarsis colectiva, y una discografía que definirá el rock en español por décadas. Su familia, compañeros de banda como los fieles músicos de Extremoduro, y una legión de fans, desde los garitos de los 80 hasta los festivales de hoy, lloran su ausencia.
"Hasta siempre, Robe. Hasta siempre, siempre". El rock transgresivo llora, pero también celebra: porque Iniesta no se fue; se nos lleva el aire, pero su fuego perdura.