jueves. 04.06.2026
OBITUARIO

Adiós a Ozzy Osbourne: el rebelde que cantó a los marginados y conquistó el mundo

La historia de un hombre que vivió sin miedo, amó sin límites y cantó con el alma.
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Camino de las estrellas en Birmingham.

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Jaime Polo | @lovacaine

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Ozzy Osbourne

En el valle sombrío donde los hombres gimen y los murciélagos alzan el vuelo en el crepúsculo, partió un alma llamada John Michael Osbourne, conocido por el mundo como Ozzy, el Príncipe de las Tinieblas. Nacido en el polvo y la ceniza de Birmingham, Inglaterra, en 1948, caminó la tierra por casi ocho décadas, un hombre a la vez atormentado y venerado.

No fue santo, ni lo pretendió, cantando para quienes habitaban los márgenes, donde la luz titilaba y se desvanecía. Sus canciones fueron auténticos himnos, nacidos del crisol de Black Sabbath, donde forjó el heavy metal con obras como Paranoid, Iron Man y War Pigs. Junto a Sharon, su compañera de voluntad férrea, construyó una vida feroz, un amor que resistió el caos y el paso inexorable del tiempo. Juntos, no solo conquistaron escenarios, sino que redefinieron lo que un hombre y una mujer podían ser en un mundo que los quería doblegados. Padre de Aimee, Kelly, Jack y sus hijos de un primer matrimonio, Ozzy fue un patriarca imperfecto pero devoto, cuya humanidad se reflejaba en su risa franca y sus lágrimas abiertas. Su vida, expuesta en programas como The Osbournes, mostró al mundo un hombre que, aun en su grandeza, era profundamente humano, capaz de tropezar y levantarse con la misma tenacidad con la que cantaba. En la pantalla, se reveló no sólo como un ícono, sino como un hombre que reía con sus hijos, que amaba con torpeza y sinceridad, que enfrentaba sus demonios con una valentía que no necesitaba máscaras.

Ozzy fue una tormenta, deja este mundo como un hombre que vivió sin arneses, libre en su furia y su ternura

Ozzy lanzó un nuevo evangelio, uno que hablaba de las sombras del alma humana, de la guerra y la locura, de la lucha contra los demonios internos y externos. Cuando tomó su propio camino, no menguó su fuego: Blizzard of Ozz y Diary of a Madman fueron testamentos de su genio indómito, con piezas como Crazy Train y Mr. Crowley. No buscaba la perfección, sino la verdad. Su vida fue una saga de extremos, un camino de glorias y abismos. Sus excesos, sus leyendas —el mordisco al murciélago, las historias de desenfreno— no eran solo anécdotas, abrazaba la vida con una intensidad que quemaba. Pero también era el hombre que, en la quietud, hablaba de amor por su familia, que lloraba por los amigos perdidos, que se reía de sí mismo con una humildad que desarmaba. Fue un pionero que llevó el heavy metal a los confines de la tierra, desde tugurios llenos de humo hasta estadios.

Ozzy fue una tormenta, deja este mundo como un hombre que vivió sin arneses, libre en su furia y su ternura.Que descanse ahora, si es que tal espíritu puede hallar reposo, en los brazos de la oscuridad que tanto amó.

Adiós a Ozzy Osbourne: el rebelde que cantó a los marginados y conquistó el mundo