LIBROS

'Adiós a un río', de John Graves

John Graves.
Un río, una despedida, y la naturaleza recordándonos su fuerza salvaje y perdida.

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Torres-Remírez | @jostorresremrez

Nuestra vida urbanita nos ha hecho olvidarnos de lo que es la naturaleza. Por ello cuando oímos desastres como los de la DANA, los incendios forestales o el volcán de las islas Canarias, nos llevamos las manos a la cabeza ¡Qué desastres! Sin embargo, la gente que está más cercana a la naturaleza, que no respira aire contaminado, que tiene por horizonte una vista limpia de edificios y construcciones humanas, no se extraña de eso. La naturaleza es salvaje, peligrosa y violenta. En la naturaleza todo es una amenaza, por ello nuestros antepasados intentaron domarla. De vez en cuando habría que volver a la naturaleza a sentir el miedo que antaño se pasaban en dichos parajes.

El ideal de descubrir la naturaleza no es sencillo, ni barato. Abandonar tu vida para pasar una temporada escuchando la llamada de lo salvaje, no está al alcance de todos. Incluso para ser más humano se necesita dinero. Pero una buena aproximación a ello se puede hacer gracias a John Graves y su ensayo ficcionado: “Adiós a un río” que nos trae la editorial Capitán Swing.

John Graves fue uno de esos escritores que nacieron tarde para ser exploradores, ya estaba todo descubierto. Nació tarde también para ser un revolucionario, ya estaban todas las revoluciones hechas. También tuvo la desgracia de nacer pronto. Pronto para poder ver el mundo de una manera que sólo los de este siglo sabemos. Y pronto para poder adentrarse en las reivindicaciones que han surgido en un mundo que está cambiando constantemente. Sin embargo, nació en el momento justo para poder ver el mundo de una manera que nunca antes se había visto, y nunca después se vería. Nació en el momento en el que la naturaleza aún era salvaje, pero estaba siendo transformada poco a poco hasta convertirse en el parque de atracciones que son, a día de hoy, nuestros bosques y zonas verdes. Nació en el momento ideal para poder despedirse del río Brazos.

En 1957 se cernía sobre el Río Brazos la amenaza del progreso, su curso se iba a transformar para dejar paso a presas y cauces artificiales para un mejor aprovechamiento de su cuenca hidrográfica. Todo para un uso más eficiente y al servicio de los intereses económicos de la zona.

Si a ustedes le dieran la oportunidad de poder despedirse pausadamente, con calma, de un ser querido ¿no aceptarían esa oportunidad? Poder dar un último paseo con esa persona, una última vez compartiendo palomitas en el cine, un último café o una última cerveza ¿quién diría que no a eso? Pues algo así pensó Graves con respecto al río Brazos. Despedirse de él de manera pausada, viviendo una última aventura. Por ello buscó una canoa, fue hasta la parte alta del río, y luego, se dejó llevar. Quizás en España no tenga mucho sentido esto al pensar en nuestros ríos, tales como el Ebro, el Segura, el Alcanadre, el Bidasoa, el Ésera o el Arlanzón. Pero sí se nos viene a la cabeza el dolor que causa despedirse de un pueblo inundado por los pantanos, y ahí encontramos novelas como “Distintas formas de mirar el agua” de Julio Llamazares o “Nosotras” de Suzette Celaya. Algo así debió sentir el autor de esta obra, y por ello emprendió este viaje, que cambiaría, no solo al autor, sino a los lectores de la novela y la perspectiva en el que los gestores empezaron a tratar el medioambiente. 

El estilo de Graves recuerda a los libros de viaje de Bruce Chatwin; pero mientras Chatwin descubría la singularidad en tierras remotas, Graves lo hace en un escenario tan conocido que hemos dejado de asombrarnos por su grandeza: un río. Esta aventura también retrotrae a los amantes del cine a “Defensa” (1972) de John Boorman, pero mientras en la película la naturaleza es un enemigo a batir, aquí Graves nos descubre una compañera de viaje que, aunque es peligrosa, todo tiene su motivación. Todo tiene su razón de ser.

Desde Capitán Swing rescatan esta aventura, que no deja de ser un ensayo sobre el hombre y su lucha por poseer la naturaleza, pero no entre bloques de cemento, sino salvaje como es.