domingo 28/11/21

Se denomina Binge Watching a una adicción que consiste en ver series en formato digital, de forma continuada como un atracón o un maratón, en una sola sesión. En 2015, binge-watch, fue nombrada por el prestigioso diccionario Collins, palabra del año.

El origen de este trastorno nos retrotrae a los años noventa con la salida al mercado del vídeo de películas y series para consumo doméstico. A pesar de que esta adicción cumple más de una veintena de años, la aparición de las nuevas plataformas (Nexflix, HBO, Movistar etc.), han contribuido al consumo masivo de contenidos audiovisuales.

El regreso del fenómeno del Binge Watching está haciendo saltar las alarmas, a pesar de que por el momento no es un comportamiento extendido, por las posibles consecuencias sobre la salud. Se trata de un trastorno que incide en la rutina habitual de las personas, pudiendo hacer perder el control sobre las tareas y responsabilidades diarias y acabar afectando a todos los ámbitos de la vida.

En 2017,en una encuesta de EEUU, el 73% de la población de más de 14 años, realizan un maratón de series de forma regular, un tercio de ellos al menos una vez por semana.

En algunos estudios se ha visto que el deseo de ver mucha TV proviene de una reacción química mediada por la liberación de endorfinas, que relajan al espectador y le llevan a querer prologar el tiempo de visión de otro episodio

En otro estudio de EEUU (Universidad de Texas) que analiza los hábitos televisivos de 316 personas entre 18 y 29 años, concluye que el binge watching está relacionado con la soledad y la falta de capacidad de autogestión. 

En la Universidad de Minnesota se ha descubierto que las personas que ven TV muy a menudo tienen un riesgo 1,7 veces mayor de sufrir trombosis venosa. Permanecer más de cuatro horas ante el TV provoca dificultades para conciliar el sueño.

Pero todo no es negativo, en un reciente trabajo en el Journal of Social and Personal Relationship se argumenta que un binge watching puede beneficiar la relación de pareja.

Los síntomas más sobresalientes de este trastorno son: Síndrome de abstinencia que produce irritabilidad y ansiedad cuando no se puede ver la serie correspondiente. Tolerancia, con lo que él individuo cada vez necesita una mayor dosis para sentir los mismos efectos. Pérdida de control, con lo que se producen ausencias injustificadas, llegada tarde al trabajo y en general deterioro de las relaciones sociales.

Las consecuencias negativas de este trastorno son: Sedentarismo que deriva a sobrepeso y malos hábitos alimentarios, derivado de ellos es un mayor riesgo cardiovascular. Puede afectar a nivel cognitivo como afectación de la concentración y a veces la memoria. En casos graves puede derivar en trastornos emocionales como ansiedad y depresión.

 Las personas más propensas a este trastorno tienden a emociones negativas como la tristeza y ansiedad, suelen tener poca tolerancia a las situaciones estresantes, baja autoestima y una inclinación a la autocrítica.

La transición al uso problemático puede empezar si este comportamiento supone un mecanismo importante o exclusivo para aliviar el estrés, la soledad, la depresión o la ansiedad. En las personas que tengan cierto sentido de pertenencia, esta adicción viene a veces acompañada de un trastorno conocido como FOMO (ver mi artículo en Nueva Tribuna sobre el síndrome de FOMO de 20/02/2021), miedo a perderse algo. Altos niveles de FOMO serían un predictor de aparición del binge whatching, con el fin de ponerse al día, para evitar perderse nuevos episodios.

Por último, compartir esta reflexión de Umberto Eco: ”la televisión se nos aparece como algo similar a la energía nuclear. Ambas solo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales”.

El binge watching