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miércoles. 28.09.2022
paz-colombia

En el marco de la ciudad amurallada de Cartagena, el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, han rubricado los documentos para el cese de la guerra “armados” solamente con el balígrafo.

El 26 de septiembre de 2016 no es un día más. Es la fecha en la que se han signado, ante la mirada de personalidades de todo el mundo y los ojos de miles de colombianas y colombianos a través de las pantallas, los acuerdos consensuados el pasado 28 de agosto, otra fecha para los anales.

Atrás quedan cincuenta y dos años de enfrentamientos entre la guerrilla más antigua del continente y los distintos gobiernos colombianos que han estado al frente del país en ese tiempo.

Con el acto público de hoy se da inicio a una nueva Colombia, a un país sin el más potente de sus grupos armados ilegales y que tendrá que aceptar la presencia de sus miembros en la vida civil y política que se abre ahora.

Ante las dos mil quinientos personas invitadas a la firma, todas ellas vestidas de blanco al igual que los protagonistas signatarios, Rodrigo Londoño y Juan Manuel Santos se han dirigido al país y al resto del planeta para transmitir lo que supone el acuerdo y declarar y firmar la paz entre ambos.

En un discurso serio y riguroso, de un elevado contenido político, Timochenko ha afirmado que a partir de hoy el pueblo colombiano renacía “para echar a andar”. Ha recordado a los caídos por la paz y ha manifestado la intención del grupo guerrillero de iniciar una “lucha abierta y legal hacia la expansión de la democracia”. Además, ha pedido “desarmar la mente y los corazones”, que lo firmado “cobre vida en la realidad” y que “el pueblo es el principal garante” de los acuerdos.

El momento más álgido de su intervención ha sido al pedir públicamente perdón por toda la violencia cometida por las FARC. Tras esto ha asegurado que ellos van a cumplir y que espera que el gobierno cumpla también, porque “antes de hablar de paz hay que tener los corazones llenos se ella.”

Por su parte, Santos ha iniciado su plática agradeciendo a las víctimas y a las personas presentes para recordar el valor de las palabras del himno colombiano cuando canta aquello de “en surcos de dolores el bien germina ya”. A lo que ha añadido “la paz germina ya”.

El presidente ha recordado a Gabriel García Márquez y los esfuerzos que hizo por alcanzar lo que ahora se lograba y que debería “estar feliz viendo volar mariposas amarillas.” También ha homenajeado a los miembros de las Fuerzas Armadas y a las víctimas inocentes: campesinado, población indígena y a aquellas madres “que con sus lágrimas sembraron el camino para la paz.”

Ha resaltado el papel de sus adversarios y su labor como “dignos negociadores con seriedad y voluntad”, dándoles “la bienvenida a la democracia” y destacando su inteligencia al “cambiar balas por votos”. También ha reconocido que el acuerdo es imperfecto pero que es el mejor acuerdo posible, y que “prefiere un mal acuerdo” si con él se van a salvar vidas.

paz-colombia1La noche ha ido cayendo sobre Cartagena y el resto del país sin ensombrecer ni oscurecer lo que allá estaba pasando y que era seguido en numerosas ciudades del país, como en las pantallas gigantes instaladas en la plaza de Bolívar de Bogotá, para celebrar una firma que abre la esperanza a una nueva Colombia.

Le pondría un pero al discurso del presidente: que no haya pedido perdón por las víctimas producidas por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado colombiano.

También les plantearía un reparo a ambos dirigentes: que ellos o sus antecesores, los Raúl Reyes, Alfonso Cano o Manuel Marulanda por las FARC, o los Uribe, Pastrana, Samper o Gaviria por el gobierno, no lo hubieran firmado antes. Aunque más vale tarde que nunca. Por ello, un cerrado aplauso para quienes hoy lo han ratificado, para todas las personas, instituciones nacionales e internacionales y países garantes que lo han hecho posible, y sobre todo para el pueblo colombiano, que es quien ha sufrido las consecuencias de esa guerra y se merece ahora los réditos de la paz.

Hoy no es un día cualquiera, es el primero de un nuevo, y esperemos que duradero, período en la historia del país. Una etapa que tiene que estar marcada por la convivencia pacífica, por el entendimiento social y por el sano debate político. Como escribió Hemingway “Adiós a las armas”.

Ahora es el turno de la ciudadanía colombiana. Tiene una cita con las urnas el próximo domingo dos de octubre. Un día para la esperanza de Colombia. El mundo está expectante ante el sí del pueblo colombiano a la paz.

Sí al final del conflicto, sí a la paz.

No es un día cualquiera
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