sábado. 02.03.2024
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“Habrá un momento dado que el pueblo querrá colgarlo de los pies”, afirmó el Presidente de Vox, Santiago Abascal, en una entrevista al diario argentino Clarín en alusión al Presidente del Gobierno. Llama la atención que para amenazar al Presidente del Gobierno Abascal haya acudido a una imagen histórica, la de Benito Mussolini, único gobernante del siglo XX que fue colgado de los pies después de ser fusilado por los partisanos. Para completar la provocación, el mismo Abascal, durante el debate de toma en consideración de la proposición de ley de amnistía, afirmó: “’Estamos dispuestos a hacer todo lo que sea menester’, entre lo que incluyó sentar en el banquillo a Pedro Sánchez” (El País, 13 de diciembre de 2023).

Más allá del empleo de la imagen que evoca a Mussolini, las palabras del Presidente de Vox en Argentina deben llevar a una reflexión sobre la violencia que exuda la derecha española (no me he equivocado, he escrito derecha española, no extrema derecha española) y también sobre la deslegitimación que esa derecha emplea como principal instrumento de oposición.

Que la extrema derecha española, heredera del franquismo, amenace con la violencia al Presidente del Gobierno y remate con otra amenaza de juzgarlo, no debe extrañar a nadie. De violencia y juicios contra los demócratas, esa extrema derecha sabe mucho. Lo que preocupa son tres cosas. En primer lugar, que la extrema derecha piense que la violencia contra el Presidente del Gobierno es válida. En segundo lugar, que no lo oculte ni lo disimule. Y, en tercer lugar, como dijo el Presidente del Gobierno, que el líder de esa extrema derecha podría haber sido Vicepresidente del Gobierno si el Partido Popular o Vox hubieran obtenido unos pocos más escaños en el Congreso en las elecciones del pasado 23 de julio.

Como toda extrema derecha que se precie, las española es violenta, pues esa es una característica de todos los fascismos que han existido en el mundo

Tenemos ya una realidad muy preocupante: como toda extrema derecha que se precie, las española es violenta, pues esa es una característica de todos los fascismos que han existido en el mundo desde que Mussolini fundó los Fasci italiani di combattimento. Como hemos visto con los ataques contra sedes socialistas, la extrema derecha española sigue siendo violenta cuando lo necesita y como lo es su violencia no se limita a asaltar sedes socialistas, sino que ya piensa en aplicar esa violencia a todo un Presidente del Gobierno. Los partidos de la izquierda deben entender el alcance de este hecho, no sólo para denunciarlo ante la opinión pública y, si procede, ante los Tribunales, sino también para prever conductas violentas que se pueden dar en el futuro.

En segundo lugar, llama la atención que Abascal no oculte sus llamamientos a la violencia. Quiere ello decir que se sienten muy seguros tanto de que ese llamamiento a la violencia no tiene costes políticos para Vox, como por la seguridad que les da que haya Gobiernos de extrema derecha en Europa (Hungría, Finlandia, Italia, quizá Países Bajos) y, sobre todo, que el Partido Popular Europeo que preside Manfred Werner ha levantado todos los cordones sanitarios que antaño aislaban a la extrema derecha. Con todo ese background Vox se siente tan fuerte que se permite amenazar de muerte a Pedro Sánchez: tiene seguidores y electores en toda Europa y tiene la complicidad suicida del Partido Popular Europeo.

En tercer lugar, lo que más pone los pelos de punta es que el amenazante Abascal podía ser hoy el Vicepresidente del Gobierno si su partido y el Partido Popular hubieran obtenido unos pocos escaños más en el Congreso el pasado 23 de julio. Un político que amenaza al Presidente del Gobierno podía ocupar la Vicepresidencia del Gobierno… Y si pone los pelos de punta pensar en que ese personaje podría ser el número dos del Gobierno de la Nación, también los pone la complicidad del Partido Popular. Porque si hoy Vox es una fuerza parlamentaria (nacional y autonómica) y municipal es gracias a los acuerdos de gobierno con el Partido Popular. que prefiere aliarse con la extrema derecha (¿en dónde se situaban los fundadores de Alianza Popular que votaron contra la Constitución de 1978?) y que apoya (y se vale) en el Partido Popular que también se alía con la extrema derecha.

Eso explica las tibias críticas del Partido Popular a los excesos de Abascal y de Vox. Una cierta crítica, pero siempre acusando de algo al PSOE. Críticas al violento, pero siempre dejando caer una crítica a la víctima, que algo habrá hecho.

Mientras el Partido Popular no se desligue de Vox, la tensión política no se rebajará en España. Pero antes de desligarse de Vox el Partido Popular debe mentalizarse con un principio sencillo y básico de la democracia parlamentaria: la mayoría parlamentaria hace la Ley y sólo puede juzgarla la Justicia constitucional. Mientras el partido de Núñez Feijóo no entienda este sencillo principio, y todavía no lo entiende como se ha visto en el debate de toma en consideración de la proposición de ley de amnistía y en el debate del Parlamento Europeo dónde compareció el Presidente Sánchez, en España tendremos un nivel de tensión política muy elevado. Habrá que denunciar esos llamamientos a la violencia y también el conjunto del clima violento que provoca Vox y ampara el Partido Popular. Habrá que hacerlo en los Tribunales y también en el Parlamento, pero sobre todo los partidos de la izquierda tienen que trabajar en la sociedad para asentar los valores democráticos que Vox rechaza y de los que el Partido Popular cada vez se aleja más.

Publicado en Sistema Digital

Llamamiento a la violencia