jueves 20/1/22
protesta

Ya sabéis que el vivan las caenas es un eslogan político de interpretación compleja que tanto parece servir para un roto como para un descosido. Hizo fama en los revueltos años de la reinstauración borbónica de Fernando VII y simbolizaba indistintamente la reacción popular frente a la injerencia francesa en la política palaciega de aquí, como a cierto hartazgo de la ineficacia de los intentos de gobiernos liberales de Riego a Prim, todos ellos desconectados de la efervescencia popular y su angustioso grito de autodefensa solicitando más cadenas en lugar de vacías proclamaciones liberales.

Se trata de una proclamación nacida de abajo, del popular grito de desesperación al que está tan acostumbrada una sociedad que recurre al desgarrador quejido como forma de expresión emocional. Vivan las caenas gritado contra la intentona de sustituir un monarca local por otro foráneo en Madrid o en Valencia mientras se denigraba a los negros, los liberales ilustrados, es un grito gregario que rompe el corazón al no tener camisa que partirse. Es la venganza de los desheredados, si esto es la libertad que me prometes entonces que vivan los grilletes.

La libertad no es un bien, ni una concepción ideológica que tenga una importancia decisiva en la historia de España

Y es que una sociedad que se caracteriza por su conducta individualista y que organiza su ser colectivo a través de manifestaciones simbólicas de lo que resulta común, sea la selección nacional de futbol, el pasodoble, la jota, la muñeira y el via crucis de semana santa, se queda muy lejos de disponer de las conceptualizaciones y herramientas mínimas para deglutir lo que le afecta, por qué y cómo le afecta. Responde de una manera más bien intuitiva y visceral, me haces daño y me voy a cagar en tus muelas. La libertad no es un bien, ni una concepción ideológica que tenga una importancia decisiva en la historia de España. Lamentable pero es así. Aceptamos monarcas corruptos y gobiernos truculentos con una facilidad inexplicable para otros ciudadanos de nuestro entorno. Franceses, alemanes, holandeses, daneses, y demás no pueden entender lo del rey a la fuga ni lo de un expresidente enmascarado en su acrónimo. Simplemente no pueden, es una idea aberrante que choca con lo que ha sido el motor de su desarrollo histórico, la lucha por la libertad frente a las aristocracias, las iglesias y los convencionalismos.

Y aún flipan más cuando se toman alguna molestia en tratar de entendernos, pues descubren que son las elites aristocráticas y los círculos de meapilas quienes se atrincheran tras la sagrada bandera de la libertad. No pueden dar crédito a que quienes golpearon hasta el sadismo a una sociedad que había elegido república como camino a la libertad, exhiban ahora sin pudor una filiación y un amor a la misma que no pueden contener si no es poniéndose hasta las cejas de cubatas libertarios.    

Lo flipan ellos tanto como lo detesto yo, porque ellos solo pueden manifestar perplejidad ante tamaña traición a lo que es propio de cada cual. No son bobos y entienden que la aceptación de la libertad no es sino una derivada de la iliberalidad de los neoconservadores que han decidido tomarla como bandera para así arrebatarle su poder demiúrgico. Bannon y sus miuras en Washington, Johnson en UK o Miguel Ángel Rodríguez aquí han decidido reclamar para sí la palabra libertad para impedir a sus legítimos aspirantes que pueda utilizarla como norte de sus aspiraciones.

Y se recochinean en ese ardid, creen haber dado un golpe de gracia o de iniciativa, como esos tipejos que registran dominios en internet porque creen que así evitarán el que otros con más derecho puedan hacerlo (a esto también juegan, Ayuso recibió el encargo de registrar el dominio Podemos en las redes de su tutor ahora encarcelado I. González) Pero creo que están cometiendo un error de cálculo. Las clases populares que expresaron con el viva las caenas su rechazo a la libertad elitista de los ilustrados, están a medio minuto de volver a hacerlo, pero esta vez oponiéndose a un sentido de la libertad que tiene un mucho de alcohol y muy poco de anhelo colectivo. Creo que no acaban de entender que esta sociedad nuestra tiene más de compadreo mediterráneo que de anarco mercado. Que por ello no acepta de buen grado las transcripciones de la libertad, así las pronuncie Napoleón, Prim o Ayuso. Que escuchar a Almeida utilizar una palabra que le va tan grande (ya se, todo le va grande) resulta grimoso, mueve a la insubordinación por sentido de la decencia, como ya se hizo en el siglo XIX.

Advertidos estáis, vais a oír en breve gritos de vivan las caenas resonando por aquí y por allá y no podréis capitalizarlos como en otros momentos. Os queda una a la que agarraros, estas salutaciones a la inmovilización van a resultar paródicas, de rechifla ¡a ver si lo captáis! 
 

¡Vivan las caenas!