martes. 16.04.2024

El asunto Rubiales ha empañado de manera grosera el impresionante triunfo deportivo de un grupo de mujeres que con escasas ayudas se han convertido en las mejores del mundo en su especialidad. Lo que debió ser una fiesta celebrada por todos, incluso por aquellos que no gustan del fútbol, ha terminado siendo un esperpento cruel con epicentro en una jugadora que probablemente nunca pensó en ocupar horas y horas de informativos por asuntos ajenos al deporte que tanto le gusta y tan bien practica. 

Desde que Jenifer Hermoso y sus compañeras ganaron el mundial de fútbol femenino se ha dedicado mucho más tiempo a lo que contra ella hizo el patán Rubiales que al mérito difícilmente repetible de unas mujeres que han demostrado su pericia en un juego eminentemente masculino, carácter éste enfatizado de manera vergonzosa por el silencio casi general de los machos multimillonarios a los que admira una parte grande de la ciudadanía. No es obligatorio comprometerse con la justicia ni denunciar las injusticias, en un sistema democrático cada cual es dueño de sus palabras, pero también de sus silencios. En este caso el silencio de los varones de los grandes equipos demuestra que viven al margen de la realidad y muy acomodados a todas las injusticias posibles, del género que sean. Es algo parecido a lo que sucede con los toreros, muchos de ellos de origen humilde, cuya única pretensión terrenal sigue siendo el cortijo y el mercedes. Todo lo demás no existe, ni incluso su niñez o el barrio donde se criaron y vivieron la miseria causada por gente como lo que ellos son ahora.

El silencio de los varones de los grandes equipos demuestra que viven al margen de la realidad y muy acomodados a todas las injusticias posibles

En los años setenta y ochenta hubo en España una eclosión de asociaciones de vecinos, organizaciones culturales, sindicatos y partidos. La normalización democrática no lo fue tanto puesto que en vez de haber fortalecido esas asociaciones cívicas el tiempo las debilitó hasta haber llegado a nuestros días con un rango casi testimonial. Al contrario sucedió con las entidades deportivas, las cofradías festeras o, por ejemplo, los sindicatos de regantes, organizaciones que estaban en punto crítico durante esas décadas pero que con el paso de los años han adquirido la resonancia de un poder fáctico. 

Veamos el caso de Florentino Pérez, seguidor de Adolfo Suárez, miembro activo en la operación Roca, el presidente del Real Madrid fue un político fracasado que no supo sacar adelante ninguno de los proyectos en los que participó. Cerrada esa vía, Florentino decidió mirar al equipo de sus amores y hacer carrera política y económica desde la entidad. Después de muchos años de presidente del equipo, el palco de honor del Santiago Bernabeu se ha convertido en uno de los centros de poder más decisivos de España. Allí se deciden estrategias, se pactan leyes, se otorgan contratos multimillonarios y se intenta condicionar la vida política del país a través de múltiples personajes y personalidades que colaboran con Pérez para que salgan adelante políticas que nadie ha votado.

El mundo del fútbol, las federaciones deportivas de casi todas las disciplinas están regidas por políticos fracasados o frustrados, por individuos que ambicionaban medrar, llegar a lo más alto de la representación política para utilizarla en beneficio propio. No hay más que repasar los nombres de la mayoría de directivos de esas federaciones para corroborar esa ambición y su escasa preocupación por la res pública. Del mismo modo que sucede en el mundo del deporte, ocurre en el de las fiestas de pueblos y ciudades, sean fiestas patronales, semana santa o cualquier otro evento callejero con ritmo festivo. Todos los festejos cuentan con cofradías o hermandades en teoría encargadas de presidir los actos y de desfilar acompañando a la patrona o al santo de turno. No son nadie, no ocupan ningún puesto representativo, pero su poder es visible en cuanto entras a cualquier pueblo o ciudad. Están en todas partes, tienen relaciones privilegiadas con alcaldes y concejales, reciben subvenciones millonarias y vuelven a ser, como en tiempos pasados, verdaderas fuerzas vivas que condicionan muchísimo tanto la vida política y administrativa de la ciudad como las señas de identidad de sus habitantes.

Rubiales terminará siendo defenestrado, no queda otra, pero de no cambiar los sistemas de acceso a las federaciones, a las direcciones deportivas, saldrá otro como él

Podríamos seguir con otras muchas organizaciones que se cobijan bajo el manto identitario y que en los últimos años han adquirido un poder inusitado, pero creo que todo el mundo las conoce en el contexto de su realidad. Por norma bastante generalizada son organizaciones compuestas por dirigentes de una mediocridad fronteriza con la inutilidad, de ideología católica y ultrareaccionaria, donde la mujer ocupa el mismo lugar que aquellas que usaban teja y mantilla durante la dictadura, un papel secundario siempre sometido al imperio del macho, hasta tal extremo que incluso cuando una mujer logra subir a la presidencia de una cofradía o hermandad, su comportamiento difiere muy poco del de los varones, sirviendo a los mismos valores y a la misma tradición sin que nada varíe por el hecho de que una mujer sea la máxima autoridad competente.

Además de tener un papel fundamental en la conservación de la tradición mal entendida y de la creación de los símbolos identitarios de muchos pueblos y ciudades, estas organizaciones se han convertido en verdadero vivero de las fuerzas reaccionarias de España, siendo sin duda alguna las organizaciones más poderosas y vivas de España. En ese contexto, donde se se cultivan y maduran las conductas más retrasadas, los valores morales más retrógrados, es donde hay que colocar al individuo Rubiales, un tipo que al agarrarse los genitales o atrapar la cabeza de una futbolista para besarla por sorpresa no hizo otra cosa que lo que de él esperaban los miles de patanes que desgraciadamente siguen inundando las calles, los campos de fútbol, las iglesias y los festejos populares de todo el país. Es en ese caldo de cultivo donde se crió Rubiales y muchos de los que le aplaudieron en la vergonzosa reunión de la Federación Española de Fútbol, un caldo que no permite que salten a los primeros puestos personas que sepan en qué consiste el respeto y la educación.

Rubiales terminará siendo defenestrado, no queda otra, pero de no cambiar los sistemas de acceso a las federaciones, a las direcciones deportivas, saldrá otro como él que a su vez será sustituido en el futuro por otro similar. No es un problema de nombres, es un mal endémico que necesita regeneración integral. Entre tanto, una persona que sólo jugaba al fútbol se ha convertido, también contra su voluntad, en la noticia con la que los informativos cubren el día entero.

En el vientre de la reacción