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El fachoserismo juvenil se expresa estilísticamente luciendo vestimenta y complementos característicos (la dichosa pulserita completando el uso de una camiseta adornada con la cruz de borgoña) o de manera gutural gritando como posesos hijo de puta al Presidente del Gobierno al son del cara al sol al cierre de la discoteca playera. Tales manifestaciones preocupan un poco, no mucho, a la gente normal de este país y esa escasa preocupación se traduce en la adopción de una respuesta tibia, muy muy tibia: los jóvenes hacen eso por moda, por seguir la tendencia del rebaño que ha impuesto la exaltación del fascismo como expresión del descontento.
Ya sabéis que hay quien dice que lo que está de moda no es la banderita, sino el mal, la satisfacción y el regodeo por joder al vulnerable, sea inmigrante pobre, pobre mujer o pobre a secas
Seguro que hay algo de cierto en esta valoración de la actitud de personas con derecho a pensar lo que consideren oportuno, pero yo creo que si avanzamos un poco más en el análisis de tales conductas no se encuentra justificación a una tipología actitudinal que les aleja de la condición de persona y les acera a la de energúmenos, o sea personas poseídas por el mal. Ya sabéis que hay quien dice que lo que está de moda no es la banderita, sino el mal, la satisfacción y el regodeo por joder al vulnerable, sea inmigrante pobre, pobre mujer o pobre a secas. Los símbolos han venido a vindicar que ser un canalla no está tan mal ¿Todos los pulseritos son malos? Pues creo que sí, aunque con una doble fuente de perversión, unos son malos por convicción, son los peores pues están capacitados para desplegar cierto pensamiento táctico y obtener beneficios a corto de cualquier situación, y otros son malos de segunda categoría, son simplemente ignorantes seguidistas, pero malos al fin porque la ignorancia es mala en si misma.
De estos segundos es de quien quiero ocuparme porque su existencia es mucho más dañina que la del malo entrenado. El malo profesional es fácilmente detectable y se deslegitima porque entra en contradicciones permanentes que lo desacreditan. El segundo, el aprendiz es el verdadero problema, pues enlaza sus escasas experiencias malvadas con otras vitales de carácter neutro a las que une células de maldad sin proponérselo, incubando de ese modo la enfermedad de la idiotez que, como sabéis, es una enfermedad letal y muy extendida. El ignorante es muy peligroso en cualquier esfera de la actividad en la que se mueva, tanto da si se trata de portero de discoteca como si de ministro para la salud en los USA. Por su malange el ignorante debe ser combatido extrayendo de su marco de referencia la ignorancia, lo que le convierte en ignorante. Y solo hay un modo de hacerlo, enfrentarlo a las mistificaciones que generan su visión distorsionada de aquello que resulta obvia realidad. Pongamos por caso la educación para la convivencia, eviscerada de facto por el pin parental promovido por Vox.
Las modas a veces arrastran dosis de imbecilidad, pero la ignorancia jamás ha formado parte de la moda
La comprensión y la intelección de lo que siempre fue entendido como mal en la moral religiosa o en la laica, debe volver a formar parte sustantiva de la educación de los ciudadanos. Los ciudadanos en cualquier etapa de su vida han de tener la oportunidad de revisar lo que se considera necesario para la convivencia comunal y aprender a identificar quién, dónde y cuándo se producen cortocircuitos a esa posibilidad. Es del todo prioritario que en los años de formación de la identidad, pueda relacionarse el asalto a la formación cívica en la secundaria con el incremento de las actitudes agresivas en las relaciones entre los géneros, descubrir que tachar de catecismo sociata a la descripción de los fenómenos sociales que atentan contra la igualdad es una forma de encubrimiento de los intereses creados que provocan ansiedad y desazón en la ciudadanía, que descalificar como adoctrinamiento el descubrimiento que los intereses de parte juegan disfrazados de superioridad de raza o de mérito es una argucia, una puta mierda vamos.
Es muy importante que los jóvenes ciudadanos sepan, entiendan y juzguen cómo y porqué las primeras acciones de las tropas franquistas y de sus secuaces falangistas al tomar un pueblo fue la de fusilar al maestro y de paso a cualquier otra persona letrada que pudiera haber leído o hacerlo en el futuro ninguna clase de idea expresada en libros o periódicos.
Ahora que vuelve a la palestra recuperar el servicio militar obligatorio como elemento de fragua de nuestra sociedad yo apuesto por ello por un servicio social obligatorio en el que te acoracen frente a la mentira y la insidia, que te armen para combatir a quien pretende expoliarte seduciéndote con milongas atrabiliarias, en el que se confronte la vida tal cual la vivimos en nuestra cotidianeidad con lo que sería hacerlo en una sociedad cuyo régimen haya sucumbido a su fascistización.
Ejemplos de ello no faltan, basta acudir a Washington, Buenos Aires o Budapest, lo que falta es dotar de método al combate contra el fanatismo inicuo. Una pista, reverdecer a Paulo Freire y su modelo de aprendizaje a través de la participación. Participar en el desentrañamiento de la farsa fascista es el camino para salir de la ignorancia. Las modas a veces arrastran dosis de imbecilidad, pero la ignorancia jamás ha formado parte de la moda ¡Ponte a la moda, combate la ignorancia!



