domingo. 19.05.2024

Ramón Tamames ha dicho en la moción de censura que de Blas Piñar no se acuerda nadie pero que de Largo Caballero sí. 

Yo sí me acuerdo de Blas Piñar y no solo porque era el titular de la notaria a la que siendo botones de una oficina acudía a llevar papeles para legalizar en los primeros años sesenta; pero la imagen que no se me olvidará jamás de él es la de su fotografía en los años setenta megáfono en mano, teniendo al lado, con uniforme y bandera falangista en ristre, a su correligionario García Juliá uno de los asesinos de los abogados de Atocha. 

Es penoso que Tamames no se acuerde de sus jóvenes camaradas del despacho de Atocha nº 55 pero si de Largo Caballero para señalarle como uno de los culpables de la Guerra Civil. Falsedad y calumnia.

Ante la inminente entrada de los alemanes en Paris, Largo Caballero con dos de sus hijas y una concuñada huyen hacia el sur de Francia el 12 de junio de 1940. La jauría enviada por el gobierno de Franco en busca de exiliados españoles, dirigida por el embajador ante el régimen colaboracionista de Vichy, José Félix de Lequerica, (premiado por Franco con la cartera de Asuntos Exteriores: consiguió la extradición y ejecución de CompanysZugazagoitiaPeiró y otros) daría con él y sería llevado de vuelta a París, con largas estancias en distintas ciudades. Un calvario, comenzado en junio de 1941, de pasajes por cárceles, residencias vigiladas, comisarías hasta ser ingresado en el cuartel de la Gestapo de Neuillyen febrero de 1943 y de allí trasladado a Berlín el último día de julio.

Yo sí me acuerdo de Blas Piñar en los setenta, megáfono en mano, teniendo al lado a su correligionario García Juliá, uno de los asesinos de los abogados de Atocha

En los sótanos del cuartel central de la Gestapo, un comisario le interrogó durante varios días y le culpó de ser el responsable de la Guerra Civil española. Largo Caballero en sus memorias lo contaría así: «Daba escalofríos oír tantas sandeces, reveladoras de una gran ignorancia o de una supina mala fe, a un hombre que tenía en sus manos la libertad de millares de ciudadanos alemanes o extranjeros. ¡Este comisario estuvo en España organizando la policía al servicio de Franco!».

Por las palabras de Caballero sobre ese comisario pudiera tratarse, aunque no está acreditado, de Paul Winzer, agregado de la Gestapo en Madrid, nombrado tras la visita a España, en 1940, de Heinrich Himmler, jefe de las SS y de la Policía alemana. El comisario acompañó a Largo Caballero hasta las puertas del campo de concentración de Sachsenhausen donde estuvo hasta su liberación por el ejército soviético. Con sorna Largo Caballero contaría que el comisario se despidió de él, como si fuera su mejor amigo.

Lo que sí es cierto es que los “argumentos” del alcalde Almeida para retirarle la placa a Largo Caballero y los de Tamames para relativizar al siniestro Blas Piñar, son los mismos que los de aquel comisario de la Gestapo. 

Tamames no se acordaba de Blas Piñar y tampoco se acordó de Franco

La crispación del PP por las nuevas leyes de memoria histórica le ha llevado a despropósitos como oponerse a la exhumación de Franco o acusar a Largo Caballero de ser el gran culpable de la Guerra Civil como si no hubiera sido ésta fue fruto de errores de muchas partes. Claro que quien la desató fueron los generales que se sublevaron, no los que permanecieron del lado de la legalidad, ni el pueblo que, armado por éstos, trató de defenderla.

Es muy manido apoyarse en la Revolución de Octubre del 34 para justificar el 18 de julio de 1936. Hay que ponerse en aquel contexto europeo en el que se iban implantando dictaduras fascistas: Italia, Austria, Portugal, Hungría, Alemania. La amenaza de que las derechas reaccionarias españolas sumaran a nuestro país a la lista era cierta. Pero aunque Octubre fuera un grave error (opinión posterior de Indalecio Prieto que fue otro de sus dirigentes) lo cierto es que el gobierno de la derecha no cayó por la insurrección, que fracasó, sino después por los tremendos escándalos de corrupción de los políticos que lo formaban.

Las izquierdas y los republicanos ganaron limpiamente las elecciones de febrero de 1936 y ese mismo día las derechas pusieron en marcha una conspiración, que era descarada en los cuarteles. En vísperas del alzamiento de julio de 1936, cuando la implicación de Franco era ya evidente fue llamado por sus superiores y, con rostro de cemento, negó estar conspirando y reiteró su obediencia a las autoridades. Tamames no se acordaba de Blas Piñar y tampoco se acordó de Franco.


Juan MorenoAutor del libro La leyenda negra de Largo Caballero

Tamames y el comisario de la Gestapo