jueves. 23.05.2024
Fundació Bofill

Empiezo estas líneas afirmando que mi cuñada Pilar es mi heroína. Admiro como, día a día, afronta su trabajo, o mejor dicho su vocación, de maestra. Le faltan muy pocos años para la jubilación, lo que está deseando con fuerza porque está agotada. Pero cuando habla de los niños y niñas de su clase le brillan los ojos e irradia una ilusión y un amor que te emociona. Pilar está cansada, muy cansada, lo que se explica por su esfuerzo diario en la implicación con el proyecto de su escuela, una escuela pública de uno de los barrios de renta más baja de Sabadell. Tiene una clase difícil que le obliga a una especial dedicación a las seis niñas y diecisiete niños que la integran. Menos cuatro, todos son de familias inmigrantes marroquís y subsaharianas. 

Pero cuando hablas con ella, lo que más le desespera es su convencimiento de que la mayoría de estos niños y niñas entrarán a formar parte de las estadísticas que delatan uno de los problemas más serios que tiene nuestro país, como es el abandono escolar de los jóvenes de 18 a 24 años que no han completado la educación secundaria de segunda etapa y que no siguen ningún otro tipo de estudio ni de formación. Un colectivo que, según datos de la EPA de 2022, representa el 13,9% en España, y el  16,9% en Catalunya. Unos datos que, frente el 9,7% de media europea, colocan a España en el segundo país con la tasa de abandono escolar temprano más alta de la Unión Europea.

Tiene una clase difícil que le obliga a una especial dedicación a las seis niñas y diecisiete niños que la integran. Menos cuatro, todos son de familias inmigrantes marroquís y subsaharianas

Pilar está convencida de que, al ser su colegio un claro ejemplo de segregación escolar y un centro de máxima complejidad, la probabilidad de que la mayoría de sus niños y niñas acaben formando parte del ejército de abandono escolar es muy elevada. La razón no será porque éstos tengan menos capacidad, ni tampoco por razones cognitivas. Sino que, como confirman tantos y tantos informes y estudios, la razón principal de su fracaso escolar será debida al estatus social de sus familias, a que las desigualdades educativas están intrínsecamente vinculadas con las desigualdades sociales. 

La desigualdad educativa no se puede entender, ni combatir, apelando sólo a la responsabilidad de los alumnos que la padecen, o a sus familias. La responsabilidad ante esa dramática realidad individual y colectiva matiza, y mucho, los debates sociales, políticos y educativos que giran casi en en exclusiva en torno a la meritocracia, a la cultura del esfuerzo y a la evaluación objetiva. Lo cierto es, como indican centenares de estudios e investigaciones sobre la materia, que los alumnos realizan su competición académica con las cartas marcadas. Porque ya a los ocho o nueve años, en tercero de primaria, un niño de clase socioeconómica alta le lleva de media casi dos cursos de ventaja a otro de clase baja. Lo que expresa un rotundo fracaso de nuestro sistema educativo, un sistema en el que los éxitos escolares dependen más del estatus socioeconómico familiar que de las capacidades y el esfuerzo del estudiante. 

Un sistema educativo en el que los éxitos escolares dependen más del estatus socioeconómico familiar que de las capacidades y el esfuerzo del estudiante

El abandono escolar tiene importantes consecuencias en las vidas de todos y cada uno de estos miles de jóvenes, sobre todo de aquellos que ya parten de situaciones y entornos más vulnerables. Los chicos y chicas sin estudios postobligatorios sufren el doble de paro, tienen salarios más bajos, mayor dificultad para pagar la vivienda y peor salud, entre otras consecuencias que implican una pérdida de oportunidades sociales y vitales. 

Es inaplazable que la lucha contra el abandono escolar sea una prioridad social y política del Gobierno, Parlamento, ayuntamientos, partidos políticos, centros educativos, empresas y entidades, sindicatos, asociaciones juveniles, asociaciones de familias… Ahí se enmarca la extensa y fuerte Campaña Cal actuar ja per acabar amb l'abandonament escolar” que está impulsando la Fundació Bofill y que reclama un plan de choque contra el abandono escolar con el objetivo de rebajar en Catalunya, en el plazo de una legislatura, el abandono escolar al 10%, la cifra que constituye la referencia europea. No podemos normalizar el fracaso social que representa que año tras año miles de chicos y chicas, 97.000 en Catalunya, acaben empujados a dejar sus estudios por diferentes causas.

Hay que incrementar la cobertura de ayudas y becas para que la falta de recursos familiares no sean una barrera para poder seguir con los estudios

Urge actuar desde todos los frentes, uniendo fuerzas y recursos para vencer este lastre. Se precisan herramientas que permitan identificar los problemas y el seguimiento del aquellos alumnos con mayor riesgo de abandono. Hay que incrementar la cobertura de ayudas y becas para que la falta de recursos familiares no sean una barrera para poder seguir con los estudios. Más y mejores recursos que permitan una efectiva orientación y apoyo a los alumnos y que les posibilite acertar en la elección de su itinerario formativo. 

Esperemos que la Campaña de la Fundació Bofill tenga el éxito que se merece, y que a ella se adhiera masivamente  la ciudadanía catalana y firme su manifiesto, que esta iniciativa se extienda en todas las comunidades autónomas. 

Recordemos que la formación y la capacitación es la principal riqueza de un país, por esto es muy difícil encontrar prioridad social más urgente y necesaria. 

Stop al abandono escolar