jueves. 04.06.2026
TRIBUNA LABORAL

Los salarios: el gran problema de España e Italia

La mayoría de trabajadores europeos vive hoy sensiblemente mejor que hace treinta años; los españoles y los italianos, prácticamente igual.
salarios

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Sigo con auténtica devoción todo lo que escribe y dice mi amigo Gaetano Sateriale, sindicalista y antiguo alcalde de Ferrara (Italia), uno de los dirigentes europeos —en mi opinión— más lúcidos y valientes. Su actividad de análisis es incansable, y los que seguimos con interés el mundo del trabajo se lo agradecemos. Hace poco se publicó la conversación que Gaetano mantuvo en la feria Work on Work con Laura Calafà, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad de Verona, y Roberto Manía, periodista y coautor del libro “La questione salariale” (Egea 2025). 

El libro parte de un dato tan simple como devastador: entre 1991 y 2023 los salarios reales —descontada la inflación acumulada— cayeron un 3,4 % en Italia, según la OCDE. En el mismo período, los países avanzados aumentaron sus salarios reales en torno al 30 %, y Estados Unidos casi un 50 %. Italia no solo no ha avanzado: ha retrocedido. Y la pregunta es inevitable: ¿y España? ¿Estamos en el grupo que progresa o en el que se estanca?

Por desgracia, los datos colocan a España prácticamente en el mismo lugar que Italia. Si tomamos como referencia un salario real equivalente a 1.000 euros en 1991, hoy serían 1.308 euros en la media de la OCDE; 1.284 en Francia; 1.241 en Alemania; 1.212 en Portugal; 1.028 en España; y 1.005 en Italia. El resultado es claro: la mayoría de trabajadores europeos vive hoy sensiblemente mejor que hace treinta años; los españoles y los italianos, prácticamente igual. Según la OCDE, España apenas ha ganado un 2–3 % de poder adquisitivo en tres décadas. Tres décadas de crecimiento que no se trasladaron al bolsillo de la mayoría.

Las causas discutidas en Ferrara ayudan a entenderlo, y son casi las mismas que arrastramos aquí. La primera es un modelo productivo de bajo valor añadido, demasiado centrado en sectores de baja tecnología y poco margen, que dificulta sostener salarios europeos. A esto se suma el debilitamiento de la negociación colectiva, tras décadas de reformas que fragmentaron convenios y redujeron la capacidad de los trabajadores para negociar de forma efectiva.

Un tercer factor es la externalización en cascada, convertida en un mecanismo automático de reducción salarial: cadena tras cadena, empresa tras empresa, el mismo trabajo acaba pagándose menos cuanto más abajo se sitúa en la pirámide. En paralelo, se ha consolidado una estrategia silenciosa pero eficaz: la devaluación del trabajo para ganar competitividad. Como recordó Gaetano, Italia pasó de la devaluación de la lira (y España de la peseta) a devaluar el coste laboral. La competitividad se intentó comprar rebajando salarios, no mejorando la productividad.

En este panorama, España ha vivido algo que Italia no: el fuerte aumento del Salario Mínimo Interprofesional desde 2018. Ha sido el principal motor de mejora salarial de este siglo. Mientras el salario medio real permanecía estancado, el SMI ha crecido más del 50 % nominal, lo que se traduce en una mejora real significativa para jóvenes, mujeres y trabajadores de sectores feminizados y precarizados.

El SMI ha actuado como un dique de contención frente a un mercado laboral profundamente desigual. Y su impacto no es teórico. Un análisis reciente de @carlos_castedo, elaborado a partir de las liquidaciones salariales presentadas a la Agencia Tributaria (excepto Euskadi y Navarra), ofrece una fotografía contundente: la mayor parte de la población asalariada se concentra en los tramos más próximos al salario mínimo — las dos primeras columnas que van del 0 al -1del SMI recogen el trabajo a tiempo parcial y las jubilaciones parciales—.  Aunque es muy significativo de  la realidad salarial que solo el 25% de los salarios sean superiores al doble del SMI. Lo que demuestra que: el SMI empuja, pero el resto del sistema salarial no acompaña

Los salarios no son un problema más de la economía española: son el gran problema

Digamos claro, los salarios no son un problema más de la economía española: son el gran problema. Lo son porque han permanecido congelados en términos reales durante treinta años. Y lo son porque, si no se corrigen, España consolidará un modelo laboral incapaz de garantizar un nivel de vida digno para amplias capas de trabajadores que, pese a tener empleo, seguirán siendo pobres. No pobres estadísticos: pobres de verdad.

La buena noticia es que esta realidad no es inevitable. Los salarios no dependen de leyes físicas ni de fatalismos económicos: son el resultado de decisiones políticas, institucionales y colectivas. Y revertirla exige combinar tres elementos: un sindicalismo fuerte, una negociación colectiva robusta y una voluntad clara de situar los salarios como prioridad en la agenda pública y sectorial.

Por eso conviene recuperar las palabras de Gaetano Sateriale en la conversación sobre La questione salariale, porque también hablan de España: “los salarios no expresan el destino; expresan la dignidad que estamos dispuestos a garantizar y el valor que le damos al trabajo.

Los salarios: el gran problema de España e Italia