jueves 27/1/22
manifestacion madrid foto ccoo
Manifestación en Madrid. (Foto CCOO)
 

Antes del próximo 7 de febrero está previsto convalidar en el Congreso el Real Decreto-ley 32/2021, de medidas urgentes para la reforma laboral, la garantía de la estabilidad en el empleo y la transformación del mercado de trabajo. Con ello se culmina una etapa de negociación y acuerdo entre el Gobierno, la patronal y los sindicatos. Un acuerdo que debe abrir un proceso de cambio profundo en nuestro mercado de trabajo y que esperemos que cierre un largo periodo de especial dificultad para la acción sindical en las empresas y los sectores debido a la dura combinación que ha significado por una parte la larga y grave crisis económica que hemos padecido desde 2008 y por otra los efectos de la nefasta Reforma Laboral del Partido Popular que consiguió su objetivo, el de reforzar el poder, cuando no el abuso, empresarial.

En este periodo se fundieron muchas de las bombillas necesarias para realizar la acción sindical en las empresas y centros de trabajo, creando una oscuridad que se ha reflejado en mayor desigualdad social, más empleo precario, abuso empresarial en las condiciones de trabajo de los jóvenes y mayor brecha salarial entre directivos y el resto de los trabajadores y trabajadoras en las empresas. Una oscuridad que ha contrastado con la claridad que se ha percibido tanto en las plazas y calles, llenas de trabajadores y trabajadoras movilizados en defensa de sus derechos, convocados por los sindicatos durante estos años, como por el reconocido protagonismo que han demostrado CCOO y UGT a la hora de negociar múltiples acuerdos con la patronal, el gobierno central y los gobiernos autonómicos.

Pero esa luz, incluso resplandor en algunas ocasiones, de la movilización sindical sostenida en la calle y los éxitos de los acuerdos del Diálogo y Concertación Social, no nos debería llevar a olvidar que para muchos de los problemas de la clase trabajadora, en particular los relacionados con el  puesto y condiciones de trabajo (salario, futuro profesional, formación, seguridad, participación, etc.), es imprescindible buscar la solución a través de la acción sindical y la negociación colectiva, y ésta sólo es posible en y desde los centros de trabajo por mucha oscuridad que percibamos aún en muchos de ellos. Porque las soluciones están ahí, donde nadie más que el sindicalismo, la fuerza organizada de los trabajadores y las trabajadoras, las puede plantear y conquistar. Y ello incluso, o mejor dicho con más motivo, si hay poca luz.

El sindicalismo no encontrará su función plena si no es capaz de corregir el déficit que todavía se padece en muchas empresas

El sindicalismo no encontrará su función plena si no es capaz de corregir el déficit que todavía se padece en muchas empresas, si no da un salto hacia adelante en la afiliación, especialmente de los trabajadores y trabajadoras más jóvenes, un ámbito en el que queda muchísimo por avanzar, como expresan los muy bajos niveles de afiliación de este colectivo.

Ahora más que nunca se precisa reforzar de verdad la negociación colectiva y construir un nuevo cuadro reivindicativo para atender la nueva heterogeneidad de intereses que se vive en las empresas partiendo de la unidad básica de intereses de la clase trabajadora. Es la ocasión de afrontar la pendiente y necesaria reforma de la actual estructura de la negociación colectiva superando la atomización que expresan miles de convenios colectivos desfasados de la realidad, inservibles para afrontar la realidad que se vive hoy en demasiadas empresas.

Es necesaria una nueva negociación colectiva que permita transformar y superar con urgencia esta situación si aspiramos a cambiar el modelo productivo de este país. Y que para ello entierre y supere esa vieja empresa autoritaria, sin participación de los trabajadores y sus sindicatos, que defiende con uñas y dientes nuestra anticuada derecha política y económica.

En pocas semanas se aprobará la nueva Reforma Laboral y el movimiento sindical seguirá teniendo muchos retos a los que responder. Tendrá que seguir combatiendo las injusticias sociales, iluminando las calles con la movilización social como hasta ahora, incluso con más intensidad si es necesario. Pero, sobre todo, deberá realizar un esfuerzo añadido para ganar más poder sindical en los centros de trabajo, con más afiliación para generar la energía necesaria que encienda todas las bombillas que den luz para la acción sindical en los centros de trabajo. Un escenario en el que no se plantea la pregunta de para qué sirve un sindicato porque la respuesta, aunque no ocupe portadas de periódicos, deriva de la acción sindical diaria y se expresa con contundencia por los trabajadores y trabajadoras con su afiliación y con su voto en las elecciones sindicales.
 

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Ahora toca encender la luz, también en los centros de trabajo