martes. 18.06.2024
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La creatividad política de las derechas peninsulares no conoce límites. Primero fue Feijóo el que patentó la curiosa idea de que no gobernaba porque no quería, y ahora es Puigdemont el que patenta que va a ser presidente porque quiere.

Es común a ambos casos el total desprecio por la realidad, considerada un estorbo más en la cucaña que los separa del poder, único fin de todos sus movimientos. Da igual que la cucaña se enjabone con sus propias palabras: si se ha prometido dejar la política en caso de no alcanzar la presidencia, entonces está claro lo que hay que hacer, que no es otra cosa que alcanzar la presidencia, con votos o sin votos. Qué rasgos tan tremendos de españolidad tienen a veces los independentistas.

La derecha no niega la realidad democrática porque no la perciba, sino porque no la acepta

Una mirada ingenua hacia estas actitudes podría presentarlas bajo la equivocada luz de que estamos hablando de gente obnubilada que no sabe lo que hace, pero lo sabe perfectamente. La derecha no niega la realidad democrática porque no la perciba, sino porque no la acepta. Para ella, este juego está sujeto a unas reglas escritas en la arena que se modifican conforme vayan necesitándolo, de tal manera que el gobierno del pueblo por el pueblo impere únicamente cuando el pueblo acepte su realidad, esa que sus teóricos han bautizado con total descaro como una “realidad alternativa”.

El ejemplo más próximo van a tenerlo ustedes de aquí al nueve de junio. Hasta hace un par de meses, no existía otra cosa que la amnistía. Se trataba de algo tan vital para la supervivencia de los españoles que no se podía dedicar tiempo a ninguna otra idea.

Y sin embargo, durante las campañas para las elecciones vascas y catalanas las derechas de todos los territorios nos amnistiaron de la amnistía. Tanto en Euskadi como en Cataluña les oímos hablar de la sequía, de los servicios públicos, de la política con mayúsculas… porque tanto en uno como en otro lugar la famosa amnistía era bien acogida. Era un “relato” inconveniente para conseguir votos. De pronto, la derecha mostraba sentido de la realidad. Qué azar.

Nuestra derecha sabe que hablar de las cosas de comer no les conviene

Les advierto que ahora se nos avecina el nuevo estreno de la temporada: “El retorno de la amnistía”. Prepárense a asomarse una vez más al apocalipsis. ¿Y saben por qué? Porque nuestra derecha sabe que hablar de las cosas de comer no les conviene. No quiere recordarles a los españoles que el diez por ciento de los ciudadanos se reparte el cincuenta por ciento de la riqueza nacional, y que los representantes políticos de ese diez por ciento de los ciudadanos son ellos. No quiere recordarles a los ciudadanos, por no salir del tema catalán, que el peor resultado del independentismo en décadas es resultado de una política de sensatez y no de policías paralelas. No quiere una política de sensatez, porque en la sensatez la que prospera es la verdad, y no la mentira.

Paciencia. Nos espera otro mes de mucho ruido. Les invito a explicar a los ruidosos que el mando del volumen lo tienen los ciudadanos. Si el ruido no les da el resultado que esperan en las urnas, el ruido bajará. Se consigue votando.

La realidad y la derecha