domingo. 14.04.2024

Yo soy un hombre muy viejo ya. Por eso recuerdo con nitidez aquellas Ramblas de las Flores de los 60, su contiguo Distrito V, las putas, que hablaban con acento andaluz cuando estaban de servicio aunque solían ser del Ampurdán o el Vallés, sus clientes naturales, peones sin oficio ni beneficio que daban de mano el sábado, se duchaban por 4 pesetas en unos baños públicos que había en la Plaza de Urquinaona, y se iban a hacer cola a la entrada de los pequeños meublés hasta que la chica, en viso y con la toalla al hombro, los llamaba desde el rellano de arriba cuando llegaba su turno. Y así.

En aquel microcosmos de derrota, soledad y afán por la vida por poco que ésta valiera, impregnado de un olor familiar a fritanga y sudor, dispersos y ocultos entre las flores, los colorines que se turnaban para cantar durante las 24 horas, los vendedores callejeros de periódicos ("Sierooo, la prensa...") ... estaban unos personajes sin los cuales nada hubiera sido lo mismo. Me refiero, claro está, a los trileros. O mejor, para ser exactos y justos al definirlos: Los Trileros de las Ramblas. Con eso está dicho todo, huelgan descripciones.

Andaba yo dándole vueltas al supuesto debate de anteanoche y se me ocurrió un cierto paralelismo de este derroche de hoy con el trilerismo de ayer

Los trileros, tras desplumar con profesionalidad a unos cuantos albañiles procedentes de Murcia o Almería, que veían en el trile una posibilidad, o a unos cuantos turistas que se sintieron superiores frente a esos negruzcos y greñudos tercermundistas, enfilaban el Arco del Teatro, se mandaban un par de cazallas a pié firme en el quiosquillo que había allí -y ahí sigue-, y se adentraban triunfantes en las angostas calles del Barrio Chino -Conde del Asalto, Marqués del Duero, Tapias, Robadors, San Ramón ...-, en sus bares penunbrosos, en sus casas de gomas y lavajes, en las tiendas de ultramarinos, en algún vertedero infecto a liar un peta de grifa... y paseaban sus éxitos en olor de multitud y en medio del general alborozo, sobre todo cuando caía una convidá para los más entusiastas.

Era habitual, también, que el mayor y más experto y sensato de los trileros invocara a la prudencia y discreción ante tal derroche de entusiasmo por el éxito de la tarde en la cancha ramblera. "No hagáis tanto ruido, leche, que se va a escamar la peña... y la policía... y algún infeliz que se ha quedao con vuestra cara y vosotros con sus cuartos puede venir a buscaros a mala leche... y esto del trile es pa que dure no pa presumir..."

Andaba yo dándole vueltas al supuesto debate de anteanoche que supuestamente ganó el Feijóo y anda por ahí pavoneándose sin pudor de su "victoria", mientras las redes sociales y muchos medios lo tratan de mentiroso y cínico, y se me ocurrió un cierto paralelismo de este derroche de hoy con el trilerismo de ayer. 

Y por eso escribí estas líneas. Que serían radicalmente injustas si yo no pidiera disculpas a los trileros que en el mundo son y han sido por asociarlos, así sea remotamente, al Feijóo y a ese mundo tenebroso y desmelenado.

Seguimos hablando a fondo y en serio los próximos días, votamos como es debido el 23, nos abrazamos sin estridencias esa misma noche tras contar los votos y a continuar la tarea de construir justicia y progreso y libertad para la inmensa mayoría de nuestra Catalunya y nuestra España.

Que los trileros me disculpen