martes. 21.05.2024

Cuando murió Tierno Galván sus exequias concitaron un ambiente muy especial. Su catafalco transitó por las plazas de Madrid muy arropado por la ciudadanía. Parecía que hubiera muerto, no ya el Viejo Profesor que había oficiado como regidor municipal en la última etapa de su vida, sino alguien que hubiera podido presidir una tercera República española. Esto es algo que nunca se ha pensado de otras figuras políticas, pese a que hayan ocupado incluso la Presidencia del Gobierno. De hecho, alguna vez se bromea con defender la monarquía parlamentaria para evitar que alguien como Aznar o Ayuso pudieran ser Jefes de Estado a la francesa, es decir, con el poder que malversa Macron. Aunque tampoco se les vea ejerciendo una digna representación institucional con arreglo a los modelos alemán e italiano.

En su entrevista con Jordi Evolé, Yolanda Díaz dejó caer, justo al principio de la misma, que Iñaki Gabilondo podría ser un excelente candidato a ocupar la presidencia de una hipotética III República Española. Por supuesto el interesado no querría oír hablar del asunto, lo cual es un buen indicio de que sin duda merecería serlo. Es lógico que prefiera disfrutar de un retiro muy merecido, tras una vida profesional tan exitosa como intensa. Quienes ya tenemos una edad hemos compartido con su voz radiofónica los grandes acontecimientos de nuestro devenir político hasta las cuestiones más cotidianas. Tiene una curiosidad que resulta contagiosa y aviva la reflexión por cuenta propia. Tampoco su edad sería un problema, pues para este tipo de cometidos debería contar mucho más la experiencia, junto a un acreditado buen hacer y saber estar.

Al finalizar este año se confrontarán dos modelos de sociedad. Uno defiende como valor supremo las leyes del mercado y entiende que la iniciativa privada debe sustituir las prestaciones públicas. El otro entiende que vivir en comunidad significa no suscribir las leyes de la selva donde predomina quien es más fuerte o astuto

Tras haber dirigido Hora 25, Iñaki Gabilondo fue la cara televisiva del 23F como jefe de informativos en RTVE y fue cesado poco después por emitir un video que no gustó al gobierno de la UCD. A partir de 1986 dirigió Hoy por hoy, acompañándonos todas las mañanas, como aquella del 11M de 2004, cuando reclamó un apoyo sin fisuras al gobierno saliente de Aznar, hasta que los hechos vinieron a desmentir cuanto seguían manteniendo las máximas autoridades políticas por mero calculo electoralista. Rubalcaba lo dejó muy claro cuando ejerció como portavoz del candidato Zapatero, mientras Rajoy mantuvo su convicción moral de que había sido ETA como reflejó El Mundo en su portada.

El reñido referéndum sobre la OTAN fue cubierto por Iñaki Gabilondo, tal como durante varias décadas cubrió veladas electorales y cualquier acontecimiento grande o pequeño. Los días de Navidad se preguntaba si alguien estaría escuchando la radio, porque le parecía importante acompañar a quien se sintiera solo en unas fechas donde la soledad comparece con mayor crudeza. Siempre ha mostrado un talante noble muy alejado de las disputas estériles y los enfrentamientos absurdos. Es un fino analista que reconoce no comprender la polarización social y muchas de las cosas que ocurren, al plantearse falsos problemas que recubren los auténticos.

Con ese comentario Yolanda Díaz ponía sobre la mesa un debate digno de ser tenido en cuenta. Nuestra Monarquía parlamentaria es el modelo consensuado en una compleja transición hacia la democracia desde un régimen dictatorial cuya simbología mantiene algunos adeptos, pero no debería ser un anatema revisar ese modelo y sustituirlo por una constitución republicana en un Estado federal dentro del marco de la Unión Europea, como lo es Portugal sin ir más lejos. Felipe VI intenta cumplir con sus obligaciones, pero resulta extraño renunciar a la herencia paterna conservando una corona hereditaria, cuya imagen se ha visto muy deteriorada por su predecesor.

Una magistratura vitalicia y hereditaria tiene sus ventajas, al brindar cierta estabilidad en tiempos revueltos. Mas no es menos cierto que mantener los fastos de una familia real poco ejemplar y cuyo entorno inmediato da mucho que hablar, cuando se atraviesa una seria crisis económica y se generaliza la precariedad resulta un tanto desconcertante. ¿Acaso nos enfrentaría plantear seriamente un cambio en la Jefatura del Estado? Al menos merecería la pena mantener ese debate, por polémico que fuese, en lugar de malgastar el tiempo en recíprocas descalificaciones que no conducen a parte alguna.

Sirva la ficción contra-fáctica de imaginar a Iñaki Gabilondo investido como presidente republicano para remover nuestro imaginario colectivo y sus potenciales futuribles. El tema no se debatirá en las inminentes campañas electorales, diseñadas por comunicólogos para tener el mayor impacto mediático posible, al margen de lo que deba hacerse para lograr ese objetivo. En este contexto las ideas no tienen mucha cabida y el razonamiento sutil no puede combatir al más grosero de los eslóganes en lo tocante a su eficacia. Por eso pueden ganar gentes cuyo compromiso político brilla por su ausencia y sólo persigue defender intereses muy determinados.

Los escrúpulos morales y las ganas de aportar soluciones consensuadas no se cotizan en estas lides, porque suponen un lastre para quien quiere ganar a toda costa sin reparar en los daños directos ni colaterales de su farsa política. El duelo entre alguien que pretende mantener sus convicciones y quienes carecen de las mismas es muy desigual. Estaría bien que al primero se le derrotara con buenos argumentos y abundantes datos. Pero no hay lugar para el razonamiento cuando se cruzan monólogos prefabricados y denigratorios como únicas armas dialécticas.

Al finalizar este año se confrontarán dos modelos de sociedad. Uno defiende como valor supremo las leyes del mercado y entiende que la iniciativa privada debe sustituir las prestaciones públicas. El otro entiende que vivir en comunidad significa no suscribir las leyes de la selva donde predomina quien es más fuerte o astuto, porque ninguno lo somos en las diversas edades de nuestra vida y nos juntamos para superar mancomunadamente las adversidades individuales, procurando que al ejercer nuestra libertad perjudiquemos lo menos posible la de los demás. Luego están los extremos de ambas cosmovisiones que vienen a coincidir en anhelar un caudillaje tutelar y mesiánico. Cada cual debería sopesar que opción le parece más conveniente dado el contexto internacional y las derivas totalitarias que afloran por doquier.

¿Por qué Iñaki Gabilondo sería un buen candidato para presidir la III República española?