martes. 18.06.2024
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PSOE Andalucía.

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¿Qué ha pasado en Andalucía? La derecha ultraconservadora domina con solvencia la comunidad y todas las capitales de provincia. ¿Dónde ha quedado el sur progresista, vindicativo en el contexto de la justicia social, solidario, avanzado en las sustantividades identitarias y de los fenómenos culturales, sensible a los avatares impuestos e intolerables a los desfavorecidos, ecológica y feminista, tolerante e igualitaria. Y todo ello sustituido por una derecha que no ha hecho sino deprimir a una Andalucía con el paro más alto de Europa, que ha perdido convergencia con respecto al resto de España en PIB per cápita, que en Educación sigue a la cola del informe PISA con los peores registros en rendimiento medio en matemáticas, lectura y ciencias; y en Sanidad está a la cabeza en el número de pacientes y el tiempo de espera para una intervención quirúrgica y consulta de un especialista. La política tiene esa paradoja, muchas veces premiamos a quien trabaja para que vivamos peor. Decía Ortega y Gasset que el autoritarismo se fundamentaba en una fuerza ajena a él como era la debilidad de quien tenía que padecerlo, y es evidente que la oposición de Juan Espadas, secretario general del PSOE de Andalucía y especialista en perder elecciones, hace débiles a las mayorías sociales del sur. 

Quizá la hegemonía posfranquista meridional se deba a que por parte del Partido Socialista se ha llevado a cabo la práctica boutade que definió en su día Alfonso Guerra cuando afirmó que “en el PSOE presentamos de candidato a una cabra y gana la cabra". Ya no gana la cabra. El neoperonismo castizo y carpetovetónico ejercido en su momento por Susana Díaz, la inanidad intelectual y política de Juan Espadas y su obsesión por los cargos han compuesto un daguerrotipo de congestión política del socialismo andaluz que ha desconcertado a la ciudadanía. Perder elecciones sin que haya responsables por los pésimos resultados de los comicios, estar en los cargos sin que incumban las consecuencias pocos bondadosas de la acción política, son formas cómodas para el político y muy dolorosas para el militante y el elector afín. 

Ante la necesidad de derrotar claramente a Susana Díaz y contrarrestar el justicialismo paleto que proponía junto al culto chusquero a su personalidad, no se reparó, o no se quiso reparar, en que sin una regeneración profunda del PSOE andaluz, el electorado, después de la experiencia susanista, se alejaría de una candidatura encabezada por un invento político de Díaz, como es Espadas, sin capacidad de liderazgo como le gustaba a la ex presidenta que fuera su entorno y un equipo trufado de ex altos cargos de los gobiernos de la ex lideresa del Tardón. Lo contundente de la demoscopia demuestra que no hay que buscar errores en Espadas, porque es el mismo Espadas el error.

El caso del acumulador de cargos orgánicos e institucionales, es, si se quiere, singular y contradictorio, ya que ha sido colocado en el liderazgo del PSOE de Andalucía por el mismo sanchismo. Los malos resultados electorales en el sur se compadecen con un liderazgo artificial que ha hecho una oposición insignificante. Lo peor de todo es que siendo la política del gobierno de la nación brillante, la torpeza de alguna gestión periférica malpare la gestión global. Como dijo Arturo Frondizi, nada se podrá hacer sin espíritu de sacrificio, sin conciencia de responsabilidad y sin un profundo sentido moral del destino de cada cual en el país y del país en el mundo. Y evitar lo que nos advertía Manuel Azaña cuando afirmaba que las cosas grandes la gente pequeña las estropea. 

La cabra ya no gana elecciones en Andalucía