TRIBUNA POLÍTICA

Elegir las batallas

Lo que está marcando la diferencia en este largo veranillo es que la izquierda está sabiendo al fin elegir sus batallas.

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Está llamando la atención el giro que recogen las encuestas hacia un desfondamiento del PP a favor de Vox, y lo que parece una realineación de los votantes dentro del espacio de la izquierda, que se traduce en un repunte del PSOE. Esto está lejos de ser una interpretación triunfalista: los dos bloques en los que se ha dividido nuestro país se muestran prácticamente inalterables, y los desplazamientos de voto se producen dentro de cada bloque. Estamos ante algo muy parecido a una foto fija.

Sin embargo, es visible que a la vuelta del verano el Gobierno muestra mayor iniciativa, y la oposición se extravía en un laberinto de insultos que, por su propia intensificación, empiezan ya a no impresionar a nadie, y en una confusión de gestos que la hace imprevisible, delito electoral donde los haya: nadie vota a alguien que no se sabe adónde va.

Lo que define a un Gobierno de izquierda no es gestionar mejor la economía, cosa que el ciudadano medio considera una exigencia mínima, sino apostar por causas progresistas

Las causas son conocidas: desde el primer momento de la legislatura, el Partido Popular apostó por la idea de que el Gobierno no podría aguantar más que unas semanas, y cuando una estrategia pensada para derribar en días se prolonga durante meses y años acaba por perder toda credibilidad. La desesperada impaciencia de Feijóo por cruzar las puertas de la Moncloa ha terminado por convertirlo en un personaje patético, en un emblema de la impotencia política. Con la misma impaciencia, sus adversarios dentro de su propio partido, con su amor por la fruta, lo apuestan todo a una fruta que empieza a descomponerse bajo el calor de los tribunales. Al final va a ocurrir que quienes tanto apuestan por el poder de la judicatura terminen siendo víctimas de la diferencia entre delitos reales e imputaciones. 

Lo que está marcando la diferencia en este largo veranillo es que la izquierda está sabiendo al fin elegir sus batallas. Lo que define a un Gobierno de izquierda no es gestionar mejor la economía, cosa que el ciudadano medio considera una exigencia mínima, sino apostar por causas progresistas. Y eso lo está haciendo el actual Gobierno, de manera marcada, y donde tropieza es donde no lo hace. Hay que romperse más la cabeza buscando fórmulas eficaces para facilitar acceso a la vivienda y no perderse en extrañas ideas como la cuota de los autónomos. Menciono la vivienda porque es un problema de suficiente calibre como para poder forzar apoyos parlamentarios, en la línea de lo que se ha visto en las últimas semanas con otras cuestiones como el aborto o la política internacional. La sociedad apoya los compromisos firmes, y para eso los tiene que ver, y no bastan las cifras macroeconómicas. 

La vivienda es un problema de suficiente calibre como para poder forzar apoyos parlamentarios

Hay tiempo suficiente, mal que le pese a los impacientes. Pero tiene que ser muy bien aprovechado. Como mínimo, para señalar unas pautas muy claras: son las que en el futuro tendrán que respaldar los ciudadanos. Las batallas que hay que elegir.