lunes 24/1/22

La nueva ola con nombre de alfabeto griego está al caer. Esta variante fue confirmada por el Instituto de Enfermedades de Sudáfrica la semana pasada. Ya ha viajado a Europa. Lo del mundo es un pañuelo, una vez más, se confirma. Y en Europa, y en otros países fuera de ese mapa, se vuelven a ajustar los machos. Como los toreros cuando salen a enfrentarse con toros bravos. La OMS la ha bautizado con el nombre de Ómicron. La razón, explican, es para no criminalizar al país donde se generó, cautela que no se tuvo con la gripe española, sambenito inquisitorial que desde entonces llevamos sobre la cabeza, Inquisición que, al igual que la gripe, tampoco fue invento nuestro, pero España no exige a quienes nos colgaron el capirote que pidan perdón. ¿Pá qué? ¡Lo pasao, pasao! Que diría el castizo.

Me mosquea, disculpen la expresión, que la letra elegida sea la decimoquinta del alfabeto. ¿Las variantes intermedias las hemos pasado? ¿Están en cuarentena? ¿Vamos a aprender a golpe de variante todo el alfabeto griego? ¿Pasaremos al cirílico después?

Mientras tanto, lo que más me inquieta, de esta variante y las anteriores, que siguen ahí llamando a la puerta, es la vacuna y el pasaporte COVID, que es donde quería llegar, pero necesitaba una introducción.

Creo en la eficacia de la vacuna y me parece un error que quienes, sin causa justificada de salud y teniendo acceso a ella, no lo hagan. Allá ellos, pero los vacunados también tenemos nuestro corazoncito latiendo. Y por eso creo que la exigencia del certificado de vacunación, pasaporte COVID, es insuficiente. Como merece mayor atención lo que sigue, utilizaré párrafo aparte.

En algunos países, y en comunidades del nuestro, se exige para viajar y acceder al trasporte público, a un local de hostelería o centro sanitario, por reseñar algunos, el certificado de vacunación o pasaporte COVID. Muy bien. Lo aplaudo. Pero ¿qué pasa con el personal que atiende en estos lugares? ¿El sanitario que me atiende está vacunado? ¿El cocinero que prepara la comida de empresa es antivacunas, y el maître? ¿Todo el personal de vuelo ha recibido la pauta completa de vacunación? ¿Quién supervisa estas circunstancias?

Me gustaría que, al acceder, por ejemplo, a un hotel, cafetería, avión o AVE, centro facultativo, un inmenso cartel, informara: ¡En este local todo el personal ha recibido la dosis completa de la vacuna COVID! El no vacunado tiene sus derechos, faltaría más. Pero yo, vacunado, tengo los míos.

Y de cara a esta nueva ola, que ya está aquí, y a las anteriores, que no se han ido, me planteo muy seriamente acceder a un local que no exhiba a su entrada la información de que todo el personal que me va a atender está vacunado.

Es mi derecho. Y cuestión de vida…o muerte. O sea.

Pasaporte Covid y su obligatoriedad