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jueves 19/5/22
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Foto de archivo

El pasado lunes el ex ministro de los gobiernos del tardofranquismo y el inicio de la democracia, Rodolfo Martín Villa, con grandes dosis de cinismo y falta de respeto a las víctimas, reconoció que “pudo ser responsable político y penal de los actos ocurridos en este país en los años 70” cuando era ministro de Gobernación, posteriormente Interior. En concreto de los sucesos de enero del 77, o de los sanfermines 78.

Sin quererlo nos hacía recuperar una parte de nuestra memoria histórica colectiva, a veces demasiado olvidada.

Entre las varias acepciones que nos señala la RAE de “memoria” quisiera resaltar la que define como “relación de algunos acaecimientos particulares, que se escriben para ilustrar la historia”.

Mientras que “olvido” es “cesación de la memoria que se tenía”.

Por eso resulta tan importante mantener la memoria y evitar así el olvido como pueblo, ya que aquel que la pierde está condenado a repetirla, especialmente la negativa.

Utilicémosla a través de este bofetón que nos da este franquista, para rememorar un año más los acontecimientos que se desarrollaron en nuestro país hace ahora 45 años, precisamente en enero de 1.977 y que viví en primera persona.

En aquel tiempo militaba en el PCE y en Comisiones Obreras; en la Universidad de Madrid donde estudiaba y en el sector de Artes Gráficas donde trabajaba. 

Aquel enero negro se inició el domingo 23, cuando un grupo de ultraderecha asesina al joven anti fascista Arturo Ruiz, en una manifestación pro amnistía en la trasera de la Gran Vía (entonces avenida de José Antonio) de Madrid.  

Al día siguiente muere la estudiante de sociología María Luz Nájera, por el impacto del bote de humo que recibe en la manifestación en protesta por la muerte de Arturo. 

Recibe el golpe en la esquina de la Gran Vía con la calle de Libreros, también cerca de donde estaba. 

A la tarde asesinan a los abogados de Atocha en su despacho. Impactada por estos hechos toda la izquierda antifranquista se conmociona.

Precisamente aquel terrible 24 de enero teníamos previsto reunirnos el PCE de Artes Gráficas en el despacho de los abogados laboralistas de Atocha, lugar que alternábamos con el de Españoleto, pero nos llamaron para suspenderla porque había otra más importante, la del Transporte que por entonces estaba en huelga.

Nuestra democracia estuvo en peligro entonces y a pesar de la satisfacción de tener un gobierno de las izquierdas lo podría estar ahora 45 años después

La sustituimos por una mini reunión en mi casa, que también solíamos utilizar en momentos puntuales. 

Había negros nubarrones, y algo se barruntaba pero a pesar de la rabia y la indignación se nos recomendó desde la dirección del PCE tranquilidad y control de la rabia, así que tras el debate que tuvimos decidimos acatar esa decisión.

A medianoche sonó el teléfono de mi casa. Un camarada, Eugenio, me informaba de lo de Atocha. Asesinados Enrique, Sauquillo, …seis en total y heridos graves Lola, Alejandro…

Pensé que podíamos haber sido nosotros. Luego una vorágine de reuniones, asambleas, contactos, y sobre todo un mensaje claro: hay que mantener la calma, no responder a la provocación. 

A pesar de esa rabia contenida por nuestros camaradas asesinados, apretamos los dientes y tragamos el sapo. Éramos comunistas y por tanto teníamos una mayor responsabilidad, más aún en los complejos momentos que nos tocaba vivir ya que acabábamos de entrar en una compleja Transición a la democracia, después de 40 años de dictadura brutal.

Después el impresionante entierro en el que participé activamente en el “servicio de orden”, con la sensación de estar viviendo momentos históricos. 

Luego con el tiempo entendí que aquel llamamiento a la calma de mi partido fue clave para conseguir la situación que disfrutamos actualmente. 

Porque el PCE fue el artífice principal, junto con Adolfo Suarez, para alcanzar esa deseada democracia, con todas su imperfecciones pero democracia.

Estamos en otro tiempo, pero esta mañana de invierno las lamentables palabras de quien era entonces ministro de Gobernación me trae el recuerdo de aquellos momentos, aquellos días, aquellas gentes, a mis camaradas caídos, con sensaciones y emociones muy profundas. 

Les recuerdo hoy, les recordaré siempre compañeros y su ejemplo me guía y guiará, sé que también ellos no consentirían sin alzar su voz, que la izquierda no se una para frenar a esa derecha extrema.  

Os recuerdo, y a través de esta reflexión intento que os recuerden todas aquellas personas que la lean, especialmente una juventud a la que nos ha faltado hacer pedagogía sobre aquella difícil época que ahora genera tanta incomprensión. 

No perdono a sus asesinos ni a sus herederos ideológicos que ahora comienzan de nuevo a asomar su existencia sin pudor.

Lo hago precisamente hoy cuando negros nubarrones amenazan de nuevo nuestra convivencia, con ese acoso cada vez más subido de tono de esa derecha extrema más la extrema derecha que cada vez se tienen un parecido mayor. 

Porque hoy más que nunca debemos mantener viva la llama de esa memoria histórica colectiva.

Nuestra democracia estuvo en peligro entonces y a pesar de la satisfacción de tener un gobierno de las izquierdas lo podría estar ahora 45 años después. 

Por eso olvidar es tan peligroso y la memoria tan importante. 

Veremos…

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Las palabras de Martín Villa