jueves. 25.07.2024

Pablo Casado, contra su voluntad (¡ay los lapsus freudianos!), se ha convertido en acusador contra el Partido Popular, a partir del empeño que pone en explicar que “su” partido no es el mismo que retrata Bárcenas en sus “papeles” y en sus explicaciones de detalles acerca de los usos y costumbres de la calle Génova. Un reiterado intento de desmarque que lo que viene es a reconocer las irregularidades denunciadas.

Pero en esa pretensión de escapar de la quema, no tiene en cuenta algunos detalles que lo vinculan, a él personalmente y a su propia dirección, de una manera rotunda con ese partido que hoy comparece en juicio como responsable civil subsidiario (porque en la época de los hechos juzgados las personas jurídicas no podían ser sujeto de procesamiento).

Pablo Casado no nació cuando le nombraron presidente del partido. Ya entre 2007 y 2009 fue diputado en la Asamblea de Madrid. Para pasar entre 2009 y 2011 a ser jefe de gabinete, primero de Pizarro y después del presidente del partido José María Aznar. Desde 2011 hasta hoy ha sido diputado a Cortes Generales por su partido en Ávila y Madrid. Y siendo presidente del partido M. Rajoy, éste le nombra vicesecretario general de Comunicación, a la vez que su secretaria general era M. Dolores de Cospedal. Un cargo desde el que, entre 2015 y 2018, tuvo que dar explicaciones en su momento sobre la destrucción a martillazos de unos discos duros que reclamaba la Justicia. Y donde coincidió un tiempo con un Fernández Díaz, ministro del Interior, hoy envuelto en el pleito de la policía política.

Cuando Casado toma posesión como presidente del Partido Popular, manifiesta en acto público sentirse orgulloso y ser continuador de las tareas y acciones de sus predecesores, M. Rajoy y J. M. Aznar. Y para demostrar su voluntad de continuidad y cohesión de “ese partido” del que ahora trata de desmarcarse, se vanaglorió de haber integrado en su dirección, a terceras partes, a sus seguidores con personas que apoyaron a Sáenz de Santamaría y a M. D. de Cospedal.

Todo eso hace inevitable que el PP rompa de verdad con su deriva pasada y actual, y regenere seriamente un partido capaz de satisfacer las pretensiones de los sectores conservadores, sin artimañas, sin aprovechamientos corruptos, sin vetos ideológicos, sino con alternativas concretas

Estos días ha intentado desmarcarse también del abogado que defiende a “ese partido del que usted me habla”, diciendo que pertenece a un bufete externo, y que ha actuado por su cuenta en los encuentros (se han producido más de doce y han durado hasta hace pocos meses) mantenidos por el abogado Jesús Santos con un representante de Bárcenas: se supone que para negociar algo, posiblemente muy delicado, porque si no, no habría necesitado tantas reuniones. Pero es que el propio abogado Jesús Santos, ha confirmado que - ateniéndose al código deontológico de su profesión- ha tenido informado de sus reuniones al Partido Popular: no sólo a “ese partido del que usted me habla”, sino al del propio Casado.

Y para rizar el rizo, el magistrado de la Audiencia Nacional que -extraña e irregularmente- propicia esos encuentros en su día, hoy es el responsable de Justicia del partido de Casado, y además ocupa un puesto público como consejero de Justicia del gobierno del Partido Popular de Madrid.

No se libra Pablo Casado de las sombras del pasado, aparte de que cada día produce sus propias tinieblas en el presente. Primero con su estruendoso fracaso electoral de 2019, en el que hace perder al PP dos de cada tres diputados que tenía en la anterior legislatura. Y después con una política que primero propicia la aparición de la extrema derecha, después se apoya en ésta para gobernar en cuatro Autonomías, y finalmente no para de acercarse a sus postulados, tics y derivas xenófobas, racistas, machistas y tardofranquistas. Hasta el punto de que su principal ahínco está más orientado a disputar el espacio con esa extrema derecha que en oficiar como jefe de la oposición. Es decir, midiéndose con el presidente de Gobierno en la presentación de alternativas concretas, y ejerciendo sus funciones de Estado en el cumplimiento del mandato constitucional: por ejemplo, para la renovación de instituciones con su composición caducada, como el Consejo General del Poder Judicial.

España no necesita a un Pablo Casado que se mueve en el escenario político como un pollo sin cabeza. Necesita que un amplio sector dentro del conservadurismo encuentre una representación verdaderamente democrática, conviviente y no excluyente, que mire más por las clases medias que por los grandes sectores privilegiados, y vinculados a multinacionales depredadoras.

Ésa es la representación que debería ostentar el Partido Popular, que ahora descubrimos que lleva años utilizando a esas clases medias como excusa, mientras no se representaba más que a sí mismo: en la búsqueda del poder para convertirlo en negocio buitre, con lucro partidista y personal. En la búsqueda de ese poder a cualquier precio, con métodos que pisoteaban la democracia, los derechos, las libertades, que retorcían la justicia, corrompían a la policía, y -muy toreros ellos- se ponían el Estado de Derecho por montera. Y España no se merece eso.

No se merece a un Pablo Casado que se ha dedicado a pasearse por Europa tratando de menoscabar la soberanía de España, mientras ahora está siendo incapaz de participar constructivamente en la articulación de los proyectos necesarios para la recuperación de nuestra Economía, y para generar estrategias de construcción de nuestro futuro.

Todo eso hace inevitable que el PP rompa de verdad con su deriva pasada y actual, y regenere seriamente un partido capaz de satisfacer las pretensiones de los sectores conservadores, sin artimañas, sin aprovechamientos corruptos, sin vetos ideológicos (en el mal sentido de la palabra ideología), sino con alternativas concretas y con mucha voluntad de diálogo, de acuerdos de país. Capaz de asumir la realidad de España, y preparado para negociar una reforma de la Constitución, que la refuerce como centro de gravedad de la convivencia de todos los españoles.

Y para eso, Pablo Casado ha demostrado hasta ahora no tener ni preparación ni categoría.

Casado, incapaz de regenerar el PP