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jueves. 18.08.2022
Al enemigo, ni agua

OTAN no, Sánchez fuera

Pedro Sánchez ha podido relacionarse en otros idiomas distintos del materno, cualidad esta no común entre sus antecesores

Pedro_Sanchez_Congreso
Pedro Sánchez en el Congreso

He tenido la oportunidad de leer muchas críticas y opiniones sobre la OTAN y su reciente reunión en Madrid. De todo ello, reconozco como hechos probados los siguientes:

1. España no está en el núcleo duro de la OTAN.

2. Nuestro país tiene una parte de su territorio, Ceuta y Melilla, cuya seguridad parece excluida de la protección mutua de los países de la Alianza (por cierto igual que USA con Hawái). Aunque, si yo tuviera que opinar, ni Hawái, ni Ceuta ni Melilla podrían ser atacadas con la OTAN poniéndose de perfil.

3. Somos el penúltimo país en el ranking de contribuyentes al presupuesto colectivo de la OTAN si se mide por el porcentaje del presupuesto nacional empleado para ello. Solo Luxemburgo lo hace en proporción más baja.

4. Tenemos un gobierno formado mayoritariamente por un partido que, en su momento, se negó a que entráramos en la OTAN aunque luego evitó que saliésemos.

5. El otro partido del gobierno está constituido por personas que están en contra de que sigamos en esa alianza.

6. Entre esos ministros anti-OTAN, hay alguno comunista, característica que, en USA, supone una categoría solo ligeramente por debajo de terrorista en su clasificación del mal.

7. Cuando ese gobierno sea sustituido por otro, ese otro lo formará mayoritariamente el partido que en 1986 recomendó la abstención en el referéndum que trataba de mantener a España en la OTAN. O sea que no quería evitar que saliésemos.

Todo lo anterior, que son hechos ciertos, quizás son coherentes entre ellos y explican, en su conjunto, cada uno de los demás: no estamos en el núcleo duro porque no pagamos lo suficiente y, ello, es consecuencia del gobierno que tenemos y, muy probablemente, del gobierno que podemos tener.

Y esos hechos coexisten con otro obvio: España pertenece a la OTAN por decisión soberana de su población manifestada en el referéndum de 1986, cosa que no pueden decir muchos de los otros países que componen esa alianza.

Todo eso no ha cambiado, salvo, ya veremos, lo de pagar más en unos cuantos años, en esa recientemente celebrada reunión de la OTAN. Por ello, criticar todo lo anterior está muy bien pero no aporta nada nuevo al debate sobre el asunto.

Pero hay dos hechos más que, aunque en segundo término, conviene reseñar. Por una parte, parece que hemos organizado muy bien esa reunión. Y nuestro presidente del Gobierno de España, a pesar del hándicap insuperable de llamarse Pedro Sánchez, ha podido relacionarse con desenvoltura entre los líderes de más de 40 paises (los miembros e invitados) gracias a que lo ha podido hacer en otros idiomas distintos del materno, cualidad esta no común entre sus antecesores. Y, además, ha podido estar en el centro de las fotos debido a que era el anfitrión. Ambos hechos pueden haber hecho crecer algo tan intangible como el prestigio internacional de España.

Evidentemente, me hago cargo de lo superfluo e intrascendente que esos últimos hechos reseñados deben ser para una gran parte de la población española. Lo que me parece miserable es que, por muy poca importancia que tenga eso, no se reconozca desde determinadas posiciones políticas e ideológicas al mismo tiempo que se le achaca a Sánchez el que sigamos en la OTAN, que Ceuta y Melilla estén donde están, que no todos los miembros del gobierno piensen lo mismo y que, alternativamente, no estemos en el núcleo duro o que tengamos que aumentar nuestro presupuesto de defensa.

Todo eso responde al conocido principio de que "Al enemigo, ni agua", cosa que, por cierto, está prohibido hasta en la Convención de Ginebra para los prisioneros de guerra.

OTAN no, Sánchez fuera