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miércoles. 17.08.2022

Por mucho que algunos piensen que la fiesta y las reivindicaciones del colectivo LGTBI están asumidas con normalidad en todos los ámbitos sociales, la realidad nos demuestra lo contrario. Todavía, por desgracia, la libre manifestación de detrminadas formas de sexualidad conlleva discriminación, amaenazas y marginación.

No debemos confundir lo que pasa en Chueca, Barcelona o Sevilla, con la realidad de otras capitales y ambientes rurales donde el estigma con el que se marca a una persona se “contagia” a la familia entera del “rarito”: en ese espacio vital, “salir del armario” implica un coste emocional y vital inasumible, sin más.

Todavía, para mucha parte de la sociedad, lo distinto, lo que se sale de esa taxonomía binaría hombre-mujer y heterosexual implica rechazo, incomprensión y ganas de ocultamiento: ¿No podrían ser más discretos y llevar su “pecado/enfermedad” en el ámbito de lo privado y vergonzoso?

Y es, precisamente en la raíz de ese pensamiento , de esa concepción patológica de las distintas manifestaciones de la sexualidad individual, donde crece y florece la represión, el rechazo y por último, la discriminación vital que impide el acceso al ámbito laboral con toda normalidad.

Los raritos,las raritas, no entran en la estructura mental de mucha parte de la sociedad, no se les entiende, no se comprende, a estas alturas, que la sexualidad nunca ha sido digital -por mucho que el franquismo y que la Iglesia católica así lo pretendiera - y en cambio, lo gradual, lo analógico ha sido, desde siempre, lo que ha marcado las distintas inclinaciones personales. 

Para muchos, la anatomía sigue siendo destino -los niños tienen pito y las niñas vagina- es principio y fin de todo, sin matices.Mi generación ha vivido esa presión y hemos tenido que ir cambiando esquemas y concepciones a la luz de la realidad. Este viaje -que algunos ni siquiera han iniciado- nos ha llevado, primero, a la comprensión; luego a la plena aceptación de la libertad individual y por último, a la solidaridad, la empatía y el apoyo  a un colectivo que todavía y por desgracia, necesita de la discrimanación positiva para poder integrarse en la vida laboral y social con plena normalidad.

Conseguida esa plena normalidad, tiempo habrá para perfilar y corregir los excesos cometidos en los inicios más reivindicativos del movimiento, que eso es normal y pasa siempre:seamos realistas, pidamos lo imposible.

Para esta semana, para esta celebración, es importante que todos demostremos que no queremos discriminar  a nadie, que todo ser humano tiene derechoa ejercer su libertad sin traumas, sin fantasmas familiares; que cada quien puede mostrarse como quiera, manifestando o no sus preferencias -la identidad sexual es algo que no habría que anunciar urbi et orbi, creo - y que hay que apoyar, con especial atención, a esa infancia y a esa adolescencia que, además de los líos normales de esas etapas, se saben y reconocen como diferentes justo cuando más importante es reconocerse como miembro plenamente aceptado de su grupo de edad.

Personalmente, creo que esa etapa vital debe suponer un verdadero infierno hasta que el individuo madura, comprende y acepta su realidad, así que apoyemos esta celebración, miremos a nuestro alrededor cómo y  quién podemos ayudar, comprender y afianzar en su propia realidad y colaboremos con la construcción de una sociedad más abierta, más tolerante, más libre y mucho más abierta a lo que significa disfrutar de la propia sexualidad sin barreras, sin estigmas y sin represión ninguna.

Que así sea y mucho ánimo, que todavía hay que andar mucho en ese camino. Que no decaiga

Orgullo Gay: Imprescindible… por desgracia