martes. 23.04.2024

Jorge Bravo | En las últimas elecciones generales del año 2019 los partidos políticos pasaron de puntillas sobre la situación de las Fuerzas Armadas, las propuestas programáticas no iban más allá de meras declaraciones de intenciones y de aspectos geoestratégicos de la seguridad y defensa. Unidos los conceptos de seguridad y defensa, cobró mayor dimensión el aspecto de la seguridad y es por ello por lo que en los programas electorales se perfilaba una mayor propuesta programática en este sentido. Lo cierto es que las Fuerzas Armadas están en la misma situación que hace más de cuatro años: con unas mismas actuaciones en función de la estrategia mantenida, con la misma falta de modernización del armamento, con unas instalaciones que se caen por obsoletas y falta de mantenimiento, con medios materiales insuficientes y con un personal deficientemente atendido. Y estas próximas elecciones no parecen ofrecer un cambio ostensible en la dinámica del ninguneo a los miles de hombres y mujeres que conforman las Fuerzas Armadas, a su situación personal y profesional, y a su preparación y a la dotación de los medios necesarios para desarrollar su labor. 

La constante vanagloria, por parte del ministerio de Defensa, aprovechando el trabajo de los militares en misiones internacionales y en apoyo a la población en catástrofes y emergencias, ha sido la tónica general. Mientras, en el parlamento no se presentaba ni una sola iniciativa legislativa en el ámbito de las Fuerzas Armadas.

Estas próximas elecciones no parecen ofrecer un cambio ostensible en la dinámica del ninguneo a los miles de hombres y mujeres que conforman las Fuerzas Armadas

Invertir en la Defensa solo ha sido políticamente atractivo cuando ha supuesto una proyección en el desarrollo industrial y en el empleo, a pesar de que no ha habido un decidido impulso presupuestario para ello en los últimos años. Las necesidades que se reclaman desde los cuarteles generales de las Fuerzas Armadas no han sido suficientes para sensibilizar gobiernos y parlamentos, ni tan siquiera, después de los anuncios de aumento de los presupuestos para la defensa, empujados por la OTAN, han supuesto un debate o toma en consideración política más allá del acostumbrado ruido político sobre la conveniencia o no de gastar más en armamento que en otros ámbitos de marcado carácter social. 

En la reciente reunión de la OTAN con representantes de la industria militar se ha excluido a la industria española. Aunque pudiera interpretarse esta situación como una forma de “invitar” a la inversión en la industria armamentística española, lo que sí ha sido evidente es el inusitado enfado e interés de la ministra de Defensa en este aspecto de la organización atlántica tan particular. Y, es que, el verdadero “producto” de la defensa, para este ministerio, es el fomento de la industria y la creación de empleo, más allá de la mejora de la defensa en todos sus aspectos, que, a la postre, ha de generar una mayor calidad y efectividad de la defensa. 

Una guerra a las puertas de la Unión Europea, una presión migratoria creciente en el Mediterráneo, un cambio climático que genera de forma exponencial, año tras año, numerosas catástrofes son, entre otros, elementos que sin llegar ni siquiera a disuadirnos nos advierten, además de tener sus implicaciones directas en la seguridad y la defensa. Y, sin embargo, seguimos teniendo una clase política que no termina de asumir el riesgo real al que la sociedad se va enfrentando por momentos. No hay debate, no hay propuestas y no hay programa.

Invertir en la Defensa solo ha sido políticamente atractivo cuando ha supuesto una proyección en el desarrollo industrial y en el empleo

El periodo electoral es un tiempo especialmente relevante para la reconducción de las políticas en función de las necesidades que van surgiendo, con espacios específicos para el planteamiento de soluciones, para la exposición de ideas y para la confrontación política mediante debates basados en las propuestas programáticas de los partidos políticos. Será entonces ahora, cuando la actualidad del mundo en que vivimos deba tener una proyección decidida y ambiciosa en los programas electorales de cara a las próximas elecciones.

Los cuarteles generales han venido presentando sus reivindicaciones sobre el estado y la necesidad de medios materiales, algo que tiene su correlato en la industria armamentística. Medios materiales, pero también necesidades de personal son deficiencias que una y otra vez son planteadas. Pero también desde el ámbito representativo del militar, las asociaciones profesionales llevan años reivindicando mejoras profesionales relacionadas con el régimen de vida, las retribuciones, la carrera militar y los derechos. A ambos elementos, ministerio y parlamento han hecho oídos sordos.

PSOE y PP tienen la firmeza de no tocar ni mirar hacía aquello que es un punto de encuentro incuestionable. Las últimas leyes que han supuesto, en cierto modo, una transformación interna en las Fuerzas Armadas y que han obedecido a necesidades perentorias, han sido normas como las leyes de personal (Ley de tropa y marinería y Ley de la carrera militar), o la Ley Orgánica de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, que fueron fruto de un gran consenso entre ambos partidos. Desde entonces no han existido más que pequeños debates sobre los Programas Especiales de Armamento (PEA) con su dudoso encaje presupuestario. 

Las asociaciones profesionales llevan años reivindicando mejoras profesionales relacionadas con el régimen de vida, las retribuciones, la carrera militar y los derechos

Uno de los principios que se sobreentienden primordiales para la defensa y seguridad es la capacidad de disuasión, así como de anticipación ante las posibles amenazas. No se trata de saber responder con ideas y medios ocasionales sino con capacidades estructurales permanentes. Y las reivindicaciones de los cuarteles generales y de las asociaciones profesionales de militares dejan en entredicho dichas capacidades. 

La clase política debe entender que la defensa, en lo que concierne a las Fuerzas Armadas, no consiste en un número determinado de personas acuarteladas dotadas de unos medios materiales imperecederos. La modernización del armamento y la reposición cuantitativa del mismo, así como de los medios logísticos, la atención y el tratamiento digno del personal mediante reconocimiento de sus derechos, profesionales, de carrera, retributivos y sociales, son fundamentales para que unas Fuerzas Armadas adquieran la capacidad para cumplir sus misiones y para la adecuada moral y ánimo de su personal necesarios para cumplir la misión.

Urge un cambio drástico en la política hacía las Fuerzas Armadas y por ello es necesario que los partidos políticos tomen conciencia de la realidad del estado en que se encuentran e incluyan en sus programas electorales iniciativas que nos lleven a obtener una garantía cierta de seguridad y defensa, mediante programas de modernización y una debida atención a los hombres y mujeres que las integran. El futuro es cada vez más incierto y sin parecer no importar.

Nos olvidamos de la Defensa