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La Confederación Sindical de Comisiones Obreras, ha hecho pública una reclamación sumamente precisa, transparente e inequívoca en relación con la necesidad de lograr la desclasificación íntegra y completa, sin excepción alguna, de la totalidad de los documentos que, hasta la fecha, siguen manteniéndose bajo reserva y cuya vinculación directa con los acontecimientos conocidos como la matanza de Vitoria está sobradamente demostrada.
Ese episodio histórico, registrado en 1976 en la ciudad vasca de Vitoria-Gasteiz, constituye uno de los pasajes más controvertidos y sombríos de la reciente historia de España. La demanda explícita, formulada por el sindicato, persigue el objetivo central de proporcionar las máximas garantías de transparencia absoluta respecto a todos los hechos acontecidos, favoreciendo así el pleno esclarecimiento de esa tragedia, que todavía genera enormes interrogantes y exige una revisión crítica profunda de la memoria colectiva.
Reivindicar y ensalzar el sacrificio de los cinco trabajadores que perdieron la vida en Gasteiz se considera un deber de justicia histórica no solo hacia el pueblo vasco, sino hacia el conjunto de la sociedad española
La reivindicación se ve respaldada de manera directa y pública por el actual secretario general de la organización sindical, Unai Sordo, quien ha hecho hincapié reiterando la determinación de exigir “absoluta claridad” en relación con los hechos concretos que rodean este asunto de suma trascendencia y enorme sensibilidad histórica.
Sordo, en declaraciones dadas a conocer ante los medios de comunicación, ha incidido en la urgente necesidad de instaurar la apertura total de todos y cada uno de los archivos, registros y fondos estatales que guardan o almacenan información relacionada con aquella jornada trágica.
El propósito fundamental de esta solicitud reiterada estriba en garantizar que el ejercicio de la justicia real se convierta en un acto efectivo y tangible para la salvaguarda de la memoria de los cinco trabajadores, cuya muerte supuso un hito marcado por la violencia y la represión policial hace ahora casi medio siglo. El 3 de marzo de 1976, en las inmediaciones de la capital alavesa, la brutal represión ejercida supuso la pérdida irreparable de vidas humanas, hecho que constituye el eje de las actuales exigencias de rendición de cuentas y verdad institucional.
La democracia significó la culminación de un proceso largo, laborioso y enormemente costoso que requirió la firmeza y el sacrificio continuo de la clase trabajadora
Con motivo del simbólico cincuenta aniversario de la que fue una masacre cruentamente protagonizada en el barrio de Zaramaga, CCOO ha querido poner de manifiesto con especial énfasis la necesidad histórica de reconocer en su justa medida el papel desempeñado por el movimiento obrero. En aquellos años, marcado por la clandestinidad obligada, ese movimiento tuvo un protagonismo esencial, y la central sindical reclama que ese esfuerzo colectivo sea finalmente reconocido con el valor y la visibilidad que merece en el relato de la Transición política española.
Este reconocimiento resulta, a juicio de la organización, un elemento crucial, ya que la democracia instaurada en el Estado español no puede, ni debe, considerarse una simple graciosa concesión procedente del régimen franquista anterior. Por el contrario, la democracia significó la culminación de un proceso largo, laborioso y enormemente costoso que requirió la firmeza y el sacrificio continuo de la clase trabajadora. Fueron precisamente las huelgas generales, las acciones concertadas, las múltiples movilizaciones populares y el incansable esfuerzo organizativo los verdaderos factores determinantes en la progresiva erosión de la estructura del gobierno presidido por Arias Navarro. Por medio de esta vasta campaña de presión social, se logró cuestionar la permanencia del modelo franquista y, progresivamente, se logró abrir nuevos espacios para las libertades y los derechos fundamentales reconocidos hoy por la Constitución.
En una conmemoración especialmente emotiva celebrada con el objetivo de rendir tributo y honor a las víctimas de aquellos terribles sucesos, el máximo responsable de CCOO, Unai Sordo, recalcó de forma categórica que la solidaridad, así como el respaldo institucional a las familias de los trabajadores fallecidos, debe estar necesariamente acompañado —y fundado— en la adopción de medidas políticas concretas.
Sordo, en sus declaraciones textuales, enfatizó la importancia de alcanzar la “absoluta claridad” con la que la ciudadanía española ha de poder enfrentarse a su pasado, insistiendo en la petición de que los poderes públicos procedan a la desclasificación exhaustiva de toda la documentación relativa a lo que pasó en aquellos años de transición en España. El líder sindical subrayó la existencia de grabaciones y archivos ya conocidos, apuntando que se ha podido acceder, con limitaciones, a la lógica represiva que predominó el 3 de marzo.
Sin embargo, considera indispensable que el Estado promueva la total apertura de sus archivos oficiales, permitiendo así avanzar, sin restricciones, hacia el esclarecimiento definitivo y pleno de un episodio caracterizado, según los relatos recogidos, por el hecho de que fueron disparadas más de mil balas contra unos trabajadores que, encontrándose indefensos, solo reclamaban sus derechos más elementales.
La calle como origen de la democracia
En el seno de su intervención, el líder sindical Unai Sordo puso de relieve el profundo significado histórico, político y social de los sucesos de Vitoria. Estos hechos, a su juicio, constituyeron un intento consciente y planificado de “disciplinar” —en un contexto de represión— al naciente movimiento sindical, el cual estaba adquiriendo entonces un protagonismo fundamental y transformador dentro del proceso general de cambio político del país. En una de sus afirmaciones más destacadas,
Sordo puntualizó: “Franco murió en la cama, pero la democracia en gran parte nació de las calles, de la lucha de trabajadores y trabajadoras en las peores circunstancias”. Esta declaración enfatiza que el empuje social, canalizado a través de la organización colectiva y la capacidad de resistencia, fue decisivo pese a la extrema dureza del periodo. Como prueba objetiva de la magnitud de la protesta, subrayó que, solo durante el primer trimestre del año 1976, el impacto de la movilización laboral resultó en la pérdida agregada de más de un millón y medio de jornadas de trabajo, debido al desarrollo de más de 17.000 huelgas repartidas por todos los rincones del Estado español, dejando constancia manifiesta del amplio alcance y profundidad del conflicto social.
La perspectiva defendida por CCOO subraya que reivindicar y ensalzar el sacrificio de los cinco trabajadores que perdieron la vida en Gasteiz se considera un deber de justicia histórica no solo hacia el pueblo vasco, sino hacia el conjunto de la sociedad española. La central sindical afirma que las organizaciones sindicales, en su lucha y resistencia, desempeñaron la función de auténtico motor de transformación política y social, logrando frenar los intentos de perpetuar el “franquismo sin Franco”, expresión que hacía referencia al deseo de conservar estructuras dictatoriales sin la figura del viejo dictador. En este sentido, se sostiene que el testimonio y la memoria de quienes entregaron sus vidas en defensa de los derechos colectivos deben ocupar, sin dilación y de manera prioritaria, un lugar en el centro de la memoria democrática, otorgándoles el reconocimiento y la centralidad que legítimamente les corresponde conforme a la justicia histórica, contribuyendo al fortalecimiento del relato democrático en todo el país.




